Ley zanahoria
Por varios meses los panameños escuchamos, leímos y debatimos sobre una llamada "ley zanahoria", sin que nadie supiera a ciencia cierta, qué es eso de zanahoria, aparte de que es una planta herbácea umbelífera. Tampoco nadie se preocupó por explicarle a la comunidad por qué el término, y de quién se lo habían copiado. La llamada Ley Zanahoria fue una invención del actual Alcalde de Santafé de Bogotá, Antanas Mockus, en su período anterior, el que dejó para correr en la nómina de Noemí Sanín, en las pasadas elecciones para Presidente en la República de Colombia. Para los colombianos, ser zanahoria es sinónimo de ser mojigato, reprimido, que no transgrede lo establecido. No fuma, no toma, no baila pegado. También se usa el término remolacha, que significa todo lo contrario.
Santafé de Bogotá tenía un alto índice de accidentes de automóvil, producto del excesivo consumo de alcohol y la mayoría de estos casos se daban después de la una de la mañana. El Dr. Mockus, filosofo y matemático, llegó con una propuesta nueva a la Alcaldía de Bogotá, y analizando la ventaja que tendría para los bogotanos en general controlar, hasta cierto punto, la violencia en las calles y los excesos que se producen en horas de la madrugada, empezó a crear conciencia del apoyo que debía recibir su iniciativa, y de las ventajas que significaba para la mayoría de la población, el que se restringiera el acceso a lugares de diversión y expendio de licor después de ciertas horas de la noche. Por supuesto que hubo oposición, especialmente de parte de los dueños de bares y discotecas -como ocurrió aquí- pero por otro lado, al ser una propuesta buena y que hacía mención a un término que tenía sentido para los habitantes de la ciudad, fue creando conciencia de la urgencia de adoptar este tipo de restricciones para que, sobre todo, los padres de adolescentes parranderos, pudieran dormir tranquilos.
Mockus no se conformó con esbozar la ley y exponer los beneficios de ella: creó un verdadero delirio con la zanahoria, al punto que, en conciertos de Carlos Vives, por nombrar sólo un ejemplo, los empleados municipales, bandeja en mano, ofrecían zanahorias a los asistentes, así como vistió en las calles de la capital colombiana a personas con disfraces de zanahoria. La gente empezó a entender y a querer que se aplicara la ley y los resultados han sido altamente satisfactorios, y se ha querido adoptar en otras ciudades colombianas. Pero Antanas Mockus también es el gestor de otras iniciativas dignas de consideración: Para aminorar la agresividad de los conductores de automóviles, que congestionaban las calles por su falta de modales -y eso es mucho decir, ya que los bogotanos son muy educados- inventó repartir en las aceras unas tarjetas verdes y otras rojas. Si una persona le daba paso a otra, o no le trancaba la intersección por el cambio de la luz, el beneficiado por la cortesía le sacaba una tarjeta verde. Si por el contrario, se hacía lo que vemos a diario en las calles de nuestra ciudad, bloquear una salida por el simple hecho de hacerlo, se le sacaba una tarjeta roja. Poco a poco, horadando en la conciencia ciudadana de los afectados, la mayoría de los habitantes de esa ciudad empezó a ser cortés en el manejo, a no obstaculizar el paso cuando no se puede avanzar, a respetar los pasos para peatones (cebras le dicen ellos) y a manejar con el cinturón de seguridad ajustado. Esto último fue impuesto en Panamá por una disposición, cuya violación acarreaba una multa; en Bogotá fue un proceso de concienciación que logró que los habitantes de esa ciudad entendieran las ventajas de usarlo, y las terribles consecuencias que puede traer el no usarlo.
Antanas Mockus se retiró de la alcaldía para correr, como dije al principio, para vicepresidente de Noemí Sanín. Ahora que fue reelecto en la posición de alcalde, los habitantes de la ciudad le exigieron la promesa de que no volvería a renunciar para correr en las elecciones presidenciales. Su primera gestión en la alcaldía fue de tal importancia y trascendencia que todo el mundo le reconoce su honestidad, su ingenio y el compromiso que tiene para hacer de Santafé de Bogotá una ciudad modelo, lo que ha estado logrando, no sólo mediante las excelentes iniciativas de su sucesor, a quien le dejó las finanzas saneadas, sino gracias a la conciencia que fueron adoptando los residentes de la urbe, que la quieren preservar con índices de violencia bajos, con espacios verdes y áreas seguras para transitar en bicicleta, peatonales, etc. Al Dr. Mockus siempre se le recuerda, entre otras cosas, porque una vez, creo que fue en la universidad, no le estaban prestando atención, y se dio la vuelta y se bajó los pantalones; también porque se casó en un circo, rodeado de animales, según él, para reflejar el concepto del matrimonio. Los proyectos que emprende los hace con la firme creencia de educar antes de imponer, de crear y elevar la conciencia ciudadana, tan escasa en las ciudades que van perdiendo su personalidad para convertirse en masas incontrolables de personas que tratan desesperadamente de llegar a sus trabajos, cumplir su horario, y regresar a sus casas sin darle valor al entorno capitalino.
Conocí a Antanas Mockus en 1999, cuando me explicó toda su filosofía de pensamiento. En ese momento no había decidido si correría en los próximos comicios para Presidente o si correría otra vez para la alcaldía. Confieso que sus planteamientos me fascinaron, y traté de traerlo a dar capacitaciones para la Dirección de Gobiernos Locales, del Ministerio de Gobierno y Justicia, pero me faltaban apenas 15 días para terminar mi gestión. Hace ya unos meses lo volvieron a elegir en la alcaldía, y ha emprendido su gestión con nuevas ideas y nuevos bríos. Espero constatar en una visita que haré este mes, que la ciudad de Santafé de Bogotá tiene otra cara, tal como ha sido mencionado en diferentes reportajes. El secreto, para él, parece ser la educación y la creación de conciencia. Nosotros adoptamos alegremente su término zanahoria, mas no nos preocupamos ni por vender el concepto, ni por entender a qué se refería. Para Panamá, literalmente, sería algo así como la Ley Moga, o la Ley del Pendejo. Pero estoy segura que, bien aplicada y bien entendida, va a redundar en muchos beneficios para la ciudad, y no simplemente para relevar a la policía de su responsabilidad de preservar la seguridad en las calles, a cualquier hora, sino en aumentar la responsabilidad ciudadana, que debe ser un objetivo fundamental de las autoridades municipales.
Santafé de Bogotá tenía un alto índice de accidentes de automóvil, producto del excesivo consumo de alcohol y la mayoría de estos casos se daban después de la una de la mañana. El Dr. Mockus, filosofo y matemático, llegó con una propuesta nueva a la Alcaldía de Bogotá, y analizando la ventaja que tendría para los bogotanos en general controlar, hasta cierto punto, la violencia en las calles y los excesos que se producen en horas de la madrugada, empezó a crear conciencia del apoyo que debía recibir su iniciativa, y de las ventajas que significaba para la mayoría de la población, el que se restringiera el acceso a lugares de diversión y expendio de licor después de ciertas horas de la noche. Por supuesto que hubo oposición, especialmente de parte de los dueños de bares y discotecas -como ocurrió aquí- pero por otro lado, al ser una propuesta buena y que hacía mención a un término que tenía sentido para los habitantes de la ciudad, fue creando conciencia de la urgencia de adoptar este tipo de restricciones para que, sobre todo, los padres de adolescentes parranderos, pudieran dormir tranquilos.
Mockus no se conformó con esbozar la ley y exponer los beneficios de ella: creó un verdadero delirio con la zanahoria, al punto que, en conciertos de Carlos Vives, por nombrar sólo un ejemplo, los empleados municipales, bandeja en mano, ofrecían zanahorias a los asistentes, así como vistió en las calles de la capital colombiana a personas con disfraces de zanahoria. La gente empezó a entender y a querer que se aplicara la ley y los resultados han sido altamente satisfactorios, y se ha querido adoptar en otras ciudades colombianas. Pero Antanas Mockus también es el gestor de otras iniciativas dignas de consideración: Para aminorar la agresividad de los conductores de automóviles, que congestionaban las calles por su falta de modales -y eso es mucho decir, ya que los bogotanos son muy educados- inventó repartir en las aceras unas tarjetas verdes y otras rojas. Si una persona le daba paso a otra, o no le trancaba la intersección por el cambio de la luz, el beneficiado por la cortesía le sacaba una tarjeta verde. Si por el contrario, se hacía lo que vemos a diario en las calles de nuestra ciudad, bloquear una salida por el simple hecho de hacerlo, se le sacaba una tarjeta roja. Poco a poco, horadando en la conciencia ciudadana de los afectados, la mayoría de los habitantes de esa ciudad empezó a ser cortés en el manejo, a no obstaculizar el paso cuando no se puede avanzar, a respetar los pasos para peatones (cebras le dicen ellos) y a manejar con el cinturón de seguridad ajustado. Esto último fue impuesto en Panamá por una disposición, cuya violación acarreaba una multa; en Bogotá fue un proceso de concienciación que logró que los habitantes de esa ciudad entendieran las ventajas de usarlo, y las terribles consecuencias que puede traer el no usarlo.
Antanas Mockus se retiró de la alcaldía para correr, como dije al principio, para vicepresidente de Noemí Sanín. Ahora que fue reelecto en la posición de alcalde, los habitantes de la ciudad le exigieron la promesa de que no volvería a renunciar para correr en las elecciones presidenciales. Su primera gestión en la alcaldía fue de tal importancia y trascendencia que todo el mundo le reconoce su honestidad, su ingenio y el compromiso que tiene para hacer de Santafé de Bogotá una ciudad modelo, lo que ha estado logrando, no sólo mediante las excelentes iniciativas de su sucesor, a quien le dejó las finanzas saneadas, sino gracias a la conciencia que fueron adoptando los residentes de la urbe, que la quieren preservar con índices de violencia bajos, con espacios verdes y áreas seguras para transitar en bicicleta, peatonales, etc. Al Dr. Mockus siempre se le recuerda, entre otras cosas, porque una vez, creo que fue en la universidad, no le estaban prestando atención, y se dio la vuelta y se bajó los pantalones; también porque se casó en un circo, rodeado de animales, según él, para reflejar el concepto del matrimonio. Los proyectos que emprende los hace con la firme creencia de educar antes de imponer, de crear y elevar la conciencia ciudadana, tan escasa en las ciudades que van perdiendo su personalidad para convertirse en masas incontrolables de personas que tratan desesperadamente de llegar a sus trabajos, cumplir su horario, y regresar a sus casas sin darle valor al entorno capitalino.
Conocí a Antanas Mockus en 1999, cuando me explicó toda su filosofía de pensamiento. En ese momento no había decidido si correría en los próximos comicios para Presidente o si correría otra vez para la alcaldía. Confieso que sus planteamientos me fascinaron, y traté de traerlo a dar capacitaciones para la Dirección de Gobiernos Locales, del Ministerio de Gobierno y Justicia, pero me faltaban apenas 15 días para terminar mi gestión. Hace ya unos meses lo volvieron a elegir en la alcaldía, y ha emprendido su gestión con nuevas ideas y nuevos bríos. Espero constatar en una visita que haré este mes, que la ciudad de Santafé de Bogotá tiene otra cara, tal como ha sido mencionado en diferentes reportajes. El secreto, para él, parece ser la educación y la creación de conciencia. Nosotros adoptamos alegremente su término zanahoria, mas no nos preocupamos ni por vender el concepto, ni por entender a qué se refería. Para Panamá, literalmente, sería algo así como la Ley Moga, o la Ley del Pendejo. Pero estoy segura que, bien aplicada y bien entendida, va a redundar en muchos beneficios para la ciudad, y no simplemente para relevar a la policía de su responsabilidad de preservar la seguridad en las calles, a cualquier hora, sino en aumentar la responsabilidad ciudadana, que debe ser un objetivo fundamental de las autoridades municipales.