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Leyes y regulaciones que nos empobrecen


Los gobernantes latinoamericanos no suelen copiarse las políticas públicas positivas instrumentadas en Estados Unidos (EU), las que mejoran el nivel y la calidad de vida de la ciudadanía en general, pero a menudo sí imitan otras que empobrecen a la mayoría silenciosa y benefician a unos pocos, a minorías bien organizadas y gritonas.
El problema es que esas malas leyes y excesivas regulaciones surgieron en EU, lo mismo que en países de Europa occidental, después que los niveles de capital invertido y la vocación empresarial de su gente las habían convertido en naciones desarrolladas. El rico puede darse el lujo de equivocarse, pero si el pobre lo hace, su familia pasa hambre.
En 1913, las tasas de impuesto sobre la renta en EU eran de 1% a 7%, pero menos del 1% de la población tenía ingresos suficientemente altos como para tener que declarar y pagar dicho impuesto.
El nivel de vida en este país en 1913 era superior al actual en la mayoría de las naciones latinoamericanas, donde impuestos más altos hacen imposible la acumulación de capital invertido que lograría generar altos niveles de empleo.
Impuestos altos y ausencia de seguridad jurídica promueven la fuga de capitales. A lo largo de casi medio siglo hemos visto a Washington y a agencias multilaterales como el FMI, el Banco Mundial y el BID promover el aumento de los impuestos en la región, sin tomar en cuenta que países como EU, Inglaterra y Alemania jamás se hubieran desarrollado bajo el aplastante peso de impuestos y regulaciones vigentes hoy en América Latina. Esto sí es "imperialismo" de la peor especie y no el falso imperialismo denunciado por Chávez, Lula y Kirchner.
Algunas de las peores leyes tienen que ver con el mercado de trabajo. El salario mínimo es una de tantas leyes bonitas que terminan perjudicando a los más débiles. No hay excusa posible para que se mantengan salarios mínimos donde hay desempleo y creciente economía informal. Donde no los hay, no se necesita. El salario mínimo no ayuda al obrero capacitado, pero sí mantiene desempleado o en la informalidad al principiante sin entrenamiento.
En casi toda Latinoamérica hay salarios mínimos y a cada rato lo aumentan por la inflación. Mucho más beneficioso sería que los gobernantes no le arrebataran el poder de compra a la ciudadanía manteniendo fijo el valor de la moneda, pero esa es la manera más fácil que tienen los gobiernos de aumentar sus gastos. Es decir, es la mejor forma de engañar a ciudadanos cuya cultura económica la han recibido en infames escuelas públicas.
Argentina a principios del siglo XX, Cuba y Venezuela a fines de los 50 estuvieron a punto de saltar al desarrollo, pero gobiernos estatistas y socialistas las destruyeron, como parece estar sucediendo hoy en Chile.
*Director de la agencia AIPE y académico de Cato Institute.
(c) www.aipenet.com

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