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Liberalización económica


El gobierno actual ha abandonado el proceso liberalizador, optando por mantener el status quo y buscando reemplazar con personas allegadas a sí, a los nombrados por el gobierno anterior en, por ejemplo, el Ente Regulador de Servicios Públicos y la Comisión de Libre Competencia y Asuntos del Consumidor (CLICAC). Pretende así tener mayor injerencia sobre el papel regulador de estas entidades, en algunos casos, con indiferencia sobre las leyes y reglamentos vigentes.
En las palabras del primer ministro Lionel Jospin, "la liberalización no es el objetivo en sí, sino una herramienta". Con esas palabras, Jospin parece haber aguantado el momento liberalizador de la Comunidad Europea en la pasada Cumbre de la Comunidad Europea en Estocolmo luego que en el encuentro anterior, en Lisboa, José María Aznar de España y Tony Blair de Inglaterra le quitaran el liderazgo a Francia y Alemania, que siempre han favorecido una progresión más lenta y cautelosa.
En los países ricos, los días del Estado protagonista e interventor quedaron atrás. En los países pobres, se han convertido en una necesidad imperiosa, disminuir el tamaño del Estado por los limitados recursos.
Países como Panamá, que carecemos de recursos naturales y que contamos únicamente con nuestra privilegiada ubicación y gente emprendedora y laboriosa, no podemos permitir que se malgasten fondos.
El gobierno ha comprobado ser sumamente ineficiente en el control de sus gastos. Esto ocurre no sólo en Panamá, sino en todos los países del mundo. En una economía liberalizada, sin embargo, tiene que asumir la responsabilidad de regular a los agentes económicos. Para ello, necesita leyes y reglamentos claros e imparciales que permitan a esos agentes conocer las reglas del juego y predecir resultados.
La herramienta de la liberalización, por lo tanto, no implica un divorcio de la responsabilidad, sino un re-enfoque del papel que el gobierno debe jugar.


101 años de Panamá América

 
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