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Libertad de expresión


EXISTE UNA interrelación entre el proceso educativo y los medios de comunicación social, ya que éstos proporcionan multitud de informes y noticias, pero todo ese inmenso caudal de datos hay que asimilarlo, interpretarlo, relacionarlo dialécticamente y emplearlo para la perfección integral de uno mismo, y para el servicio incondicional a la sociedad. Es decir, no se trata sólo de instruir, sino sobre todo, de educar, de forjar mejores ciudadanos.
El estudio de la importante labor de los medios de comunicación social como nutrientes de la opinión pública, ha sido abordado desde muy variadas perspectivas teóricas para las cuales, a pesar de las evidentes diferencias en sus conclusiones, la capacidad de los mass media para introducir temas y opiniones en el espacio de debate público ha sido un punto de partida común, reconociéndolos como el "cuarto poder"..
Muchos autores defienden la valía de los medios de comunicación social, para desarrollar las funciones democráticas clásicas. En este sentido, varios autores atribuyen a la prensa una serie de funciones políticas, que derivan de la concepción de los medios como espacio ideal para el debate. Por una parte, las funciones de los medios se encaminan a seleccionar y elaborar objetivamente la información, para contribuir a la formación de la opinión pública; por la otra, los medios fijan la agenda política y desarrollan la función de control o supervisión del gobierno y otras instituciones.
Para Christopher Lasch, el principal cometido de la prensa debe ser estimular el debate público y crear una opinión pública bien articulada, pero varios elementos imposibilitan esta tarea. Los medios deben dar cabida a las diferentes opiniones para que a través de la exposición y discusión, se puedan alcanzar consensos. Este autor entiende que la democracia está directamente vinculada con la discusión, con el debate continuo y profundo de la ciudadanía movida por el deseo de participar en los temas que la afectan. En este ámbito, en el de ofrecer a la ciudadanía opiniones estimulantes desde la prensa, Lasch afirma: "La democracia requiere un debate público vigoroso. Por supuesto, también requiere información, pero la clase de información que necesita sólo puede generarse mediante la discusión. (...) Cuando participamos en discusiones que enfocan y atraen completamente nuestra atención, nos convertimos en ávidos buscadores de la información pertinente. De lo contrario recibimos la información pasivamente, si es que la recibimos".
Toda persona tiene el derecho a buscar, recibir y difundir información y opiniones libremente en los términos que estipula el artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Todas las personas deben contar con igualdad de oportunidades para recibir, buscar e impartir información por cualquier medio de comunicación sin discriminación, por ningún motivo, inclusive los de raza, color, religión, sexo, idioma, opiniones políticas o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición social.
Por su parte, la encíclica Fides et Ratio nos dice: "Todos los hombres desean saber" (Aristóteles, Metafísica, I, 1) y la verdad es el objeto propio de este deseo. Incluso, la vida diaria muestra cuán interesado está cada uno en descubrir, más allá de lo conocido de oídas, cómo están verdaderamente las cosas. El hombre es el único ser en toda la creación visible que no sólo es capaz de saber, sino que sabe también que sabe, y por eso se interesa por la verdad real de lo que se le presenta. Nadie puede permanecer sinceramente indiferente a la verdad de su saber. Si descubre que es falso, lo rechaza; en cambio, si puede confirmar su verdad, se siente satisfecho. Es la lección de san Agustín cuando escribe: "He encontrado muchos que querían engañar, pero ninguno que quisiera dejarse engañar" (Confesiones, X, 23, 33). Con razón se considera que una persona ha alcanzado la edad adulta cuando puede discernir, con sus propios medios, entre lo que es verdadero y lo que es falso, formándose un juicio propio sobre la realidad objetiva de las cosas. Este es el motivo de tantas investigaciones, particularmente en el campo de las ciencias, que han llevado en los últimos siglos a resultados tan significativos, favoreciendo un auténtico progreso de toda la humanidad.
Durante el siglo XX, los comunicadores sociales desempeñaron un destacado papel como defensores de los derechos de los ciudadanos. Por ejemplo, en la década de 1960, la televisión estadounidense difundió imágenes de las grandes manifestaciones por los derechos civiles que se realizaron por todo el país y de los medios, a veces brutales, que la policía utilizó para reprimirlas. Asimismo, entre 1972 y 1973, dos reporteros del periódico "Washington Post" sacaron a la luz el "Watergate", que demostraba que el presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, estaba al tanto de los registros de la sede central del Partido Demócrata que miembros de su partido habían ordenado realizar.
Los editoriales de los periódicos y revistas, así como la secciones de opinión ejercen gran influencia sobre la opinión pública, permitiendo canalizar la atención del público hacia los problemas sociales o la corrupción, por lo que los gobiernos totalitarios o en vías de serlo, le aplican la censura a los medios de comunicación social, la cual es la revisión realizada por un funcionario del Gobierno sobre todo tipo de publicaciones, películas o mensajes publicitarios y que conlleva la proposición, en determinados casos, de que se modifiquen o prohíban.
La censura es una institución jurídica que condiciona y regula la emisión y difusión del pensamiento. Normalmente se reglamenta a través de las denominadas "leyes de prensa" o de comunicación social, y rara vez se le denomina por su verdadero nombre. Todo parece indicar que algunas reformas que se están discutiendo en la Asamblea Nacional van en esta dirección, por lo que todos los que amamos la libertad debemos expresar nuestro repudio a tal ley, y nuestra solidaridad con los comunicadores sociales. Con censura no se puede educar, es por ello, que en vez de escribir el artículo sobre la Responsabilidad Social de la Universidad que había prometido, decidí hacer éste.
Las personas con gran amor a sí mismas viven con integridad, honestidad, responsabilidad, amor y compasión, tienen una alta autovaloración y sienten que son importantes, que el mundo es un lugar mejor porque ellos están allí; tienen fe en su propia competencia y decisiones, irradian confianza, esperanza y se aceptan totalmente como seres humanos.
(*) Presidente de la Fundación Panameña PRÓVIDA.

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