Libertad de expresión: ¿mito o realidad?
Una de las más preciadas y sagradas garantías fundamentales que debe ser protegida y desarrollada plenamente, lo constituye la libertad de expresión, sea ésta transmitida a través de cualquier medio escrito, televisado o por radio. Sin ella, ningún estado de derecho puede alcanzar su plenitud, ya que es a través de la misma por la cual los ciudadanos pueden expresar sus inquietudes y lo más importante, el libre juego de ideas.
Sin embargo, consideramos que la mejor ley de prensa es la que no existe, ya que toda aquella persona que se considere agraviada, ultrajada o injuriada por cualquier medio de comunicación podrá acudir a los tribunales a fin de que, por medio de una recta interpretación de la ley, sea adecuadamente indemnizada.
Es por ello que propugnamos por una real despenalización de los delitos de calumnia e injuria contemplados en nuestro ordenamiento jurídico actual, ya que el carácter punitivo de dichas normas atentan contra el derecho a la información y a la libertad de expresión, que debe caracterizar toda democracia.
Todo ello dependerá de la buena fe entre gobernantes y gobernados en cuanto a un compromiso formal de acatar las normas jurídicas y, ante todo, de asumir un grado aceptable de tolerancia por toda idea u opinión que sea contraria a la nuestra. Sin ello, conceptuamos que la libertad de expresión jamás será una realidad.
“ Cuando los hombres decentes no participan en política, los indecentes se aprovechan de ella y entonces los decentes tendrán que callar”. Gandhi
Sin embargo, consideramos que la mejor ley de prensa es la que no existe, ya que toda aquella persona que se considere agraviada, ultrajada o injuriada por cualquier medio de comunicación podrá acudir a los tribunales a fin de que, por medio de una recta interpretación de la ley, sea adecuadamente indemnizada.
Es por ello que propugnamos por una real despenalización de los delitos de calumnia e injuria contemplados en nuestro ordenamiento jurídico actual, ya que el carácter punitivo de dichas normas atentan contra el derecho a la información y a la libertad de expresión, que debe caracterizar toda democracia.
Todo ello dependerá de la buena fe entre gobernantes y gobernados en cuanto a un compromiso formal de acatar las normas jurídicas y, ante todo, de asumir un grado aceptable de tolerancia por toda idea u opinión que sea contraria a la nuestra. Sin ello, conceptuamos que la libertad de expresión jamás será una realidad.
“ Cuando los hombres decentes no participan en política, los indecentes se aprovechan de ella y entonces los decentes tendrán que callar”. Gandhi