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¿Libertad económica en decadencia?


¿Es usted más libre económicamente hoy que hace 20 años? No es una pregunta trivial porque existe una relación directa entre la libertad económica y el ingreso per cápita, además de ser un componente fundamental de la libertad. Esa pregunta fue uno de los temas analizados por los más sobresalientes economistas del mundo que en septiembre se reunieron en la Sociedad Mont Pelerin.
Los impuestos, las regulaciones y los gastos gubernamentales erosionan la libertad económica. Algunos argumentan que, al menos en EEUU, los impuestos y gastos totales no han crecido en función del PIB durante los últimos 40 años (fluctuando entre 28% y 33%), por lo que no debemos preocuparnos.
En casi todo el resto del mundo los impuestos y los gastos gubernamentales han aumentado como porcentaje del PIB, pero en países como Irlanda se han reducido drásticamente, convirtiendo a esa nación en la de mayor crecimiento en la Unión Europea. Pero Irlanda es una excepción.
Más preocupante aún es el rápido crecimiento de las regulaciones. Una reciente investigación del Instituto Mercatus de la Universidad George Mason y del Centro Weidenbaum de la Universidad Washington en St. Louis concluye que el gasto gubernamental en regulaciones económicas fue de 30.100 millones de dólares en 2002, pero el costo total de esas regulaciones alcanza 843.000 millones de dólares.
Si retrocedemos un siglo, los impuestos y gastos gubernamentales eran menos de 2,5% del PIB o aproximadamente una décima parte de lo que son hoy y habían muy pocas regulaciones. Tanto el dinero como la gente se podían desplazar fácilmente a través de fronteras.
Durante la última década, dos importantes publicaciones anuales miden la libertad económica alrededor del mundo: el “Indice de Libertad Económica”, publicado por la Fundación Heritage y el Wall Street Journal, “Libertad Económica del Mundo” y por el Instituto Fraser y otras fundaciones. Ambas utilizan medidas similares, aunque no idénticas, y muestran resultados que sin lugar a dudas comprueban que la prosperidad es el resultado de mayor libertad económica.
Además del tamaño de los gobiernos y regulaciones, esos estudios anuales cubren política monetaria, la protección de los derechos de propiedad, libertad de comercio y de inversiones. Ambas publicaciones han reportado que muchos países aumentaron la libertad económica reduciendo los impuestos, eliminando los controles de cambio y de precios, a la vez que liberalizando el comercio exterior.
El fin de la Unión Soviética produjo un gran incremento en libertad comercial, a medida que las ex naciones soviéticas privatizaban sus empresas estatales y se convertían en economías de mercado. Aun en países no comunistas, el socialismo ha perdido credibilidad.
Sin embargo, como Robert Higgs explicó en su ponencia en la reunión de Mont Pelerin, “todo tipo de nuevas regulaciones ambientales, sociales y de salud continúan siendo impuestas por Washington, Bruselas y otros... El gobierno de EEUU exige más y más información y reportes para complacer al insaciable Estado de Vigilancia con respecto a los detalles de la conducta de cada uno... Simultáneamente, los gobiernos estatales y locales, lo mismo que varios organismos internacionales, continúan ahogándonos bajo un chorro interminable de sus propias regulaciones que no sólo nos cuestan dinero sino que violan nuestras libertades civiles”.
Lamentablemente, esa tendencia hacia menos libertad económica continuará a menos que los ciudadanos exijan a los legisladores un análisis de costo/beneficio sobre el gasto gubernamental y en todas las regulaciones, como también en las nuevas bajo consideración. También hay que exigir que los tribunales nuevamente protejan nuestros derechos fundamentales, especialmente a la privacidad y la propiedad.
*Presidente de Novecon Financial y académico asociado del Cato Institute.

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