Libro-Feria: Las cosas del Dr. Sergio Ramírez
Invitado por los organizadores de la Vª Feria del Libro, el Dr. Sergio Ramírez supo escapar de la telaraña medieval que le tendiera a su presentación, el introductorio mezcla de inquisición, franquismo-Opus Dei, revuelto en acuosos civilismos de la Guerra Fría criolla. Don Sergio vino a cosas más puntuales. Entre idas y venidas de izquierdas, derechas y viceversa, enfatizó que los latinoamericanos nos hemos venido engañando con aquello de la democracia.
La sociedad civil, movimientos indígenas, la gente común, serían a su entender los llamados al rescate. Del drama centroamericano acojo sus palabras: El voto remplazaría las dictaduras militares para contener el comunismo. .Años de barbarie, de “banana republics”; de Somozas (¿Quién los inventaría?) y de Romeros. Voto que comienza a molestar. En otros no, depende. ¿Indígenas? Si un indio gana por votos y gobierna, le balcanizamos el país, justamente donde están la riquezas naturales. O liquidamos a los selváticos. ¿Libertad de expresión? Falacia. Los periodistas, precarios asalariados con sus corazones al colapso, ajenos al negocio.
¿Qué ha enfermado en agonía a la Democracia egoísta e ineficaz ? Don Sergio lo repitió, no lo descubrió: El mercado. El Dios Moloch ordena, para eso es Dios. Aquí los esclavistas apostaron al libre comercio; al mercado, con o sin contables, con o sin aduanas, mano de obra liberta. “En Panamá todo se puede comprar y vender, incluso las honras”. Valores fundamentalizados en la “civilización occidental y cristiana”. Tal vez quería decir, Stablishment, pero… Me hizo recordar, en el tiempo, a nuestro Saladino, con aquel Salah ad-Din Yusuf ibn Ayyub, el Saladino musulmán, diplomático guerrero, fundador de universidades, tolerante con el cruzado vencido y sus 300 prostitutas francesas acompañantes (“fornicadoras desenfrenadas, adolescentes embelesadas, amorosas, desvergonzadas…”-Galeano), mientras sus correligionarios disidentes, cátaros o protestantes, ardían en las hogueras pontificias.
Lo que ayer era bueno o malo, ahora es al revés, como aquello de defenestrar un Presidente electo y mandarlo al diablo. “Hipocresía terminal” (Benedetti). Pero aún nos queda un último recurso: conciliarnos con Moloch, o sea con el Dios- Stablishment. La fórmula es sencilla: una vela a Montaner, un cirio a Vargas Llosa y ante todo, mil mueras a la trilogía suramericana, muy en especial al Satán de Caracas. Entonces, como nos lo indica el buen Don Sergio, les aseguro queridos lectores, que por los siglos seremos benditos, deliciosamente globalizados hasta que las cucarachas o las ratas nos remplacen.
Nota: Correspondió al autor compartir el recibimiento a la Junta Provisional del Gobierno de Reconstrucción de Nicaragua, encabezado por Doña Violeta Vda. de Chamorro y el Dr. Sergio Ramírez.