Libros de texto
Existe un proyecto de ley dando vueltas por allí relacionado con el uso de libros de texto extranjeros. Al principio no le dí mayor importancia al asunto, porque desde hace muchos años viene circulando el problema de los libros de texto y nadie le ha dado solución. Estoy cansada de ver cómo en los colegios se exprime a los padres de familia, sobre todo a los pobres y aun a los que tienen con qué pagar. No me explico cómo es que de un año para el otro, el hermanito menor no puede utilizar el libro del año anterior sin estar deteriorado, tan sólo para que los padres tengan que compra otro.
Existiendo poquísimas materias cuyos cambios de un año para otro sean llamativos, ¿cuál es la razón para ello? Me parece que ésta es una razón de peso para que los mismos educadores protesten, para que el Ministerio de Educación ponga atención a las quejas de los padres y los autores de los textos sean más honestos.
La ley a la cual me refiero prohíbe la entrada de libros escritos fuera de Panamá y en esa forma ayudar totalmente a los autores panameños, porque a los estudiantes no los beneficia en nada. Realmente, no he visto nada más retrógrado que esta actitud de "los padres de la patria". ¿Es que, acaso, vamos a educarnos con lo que decimos solamente en el país? ¿Es que, en una época de globalización, de comunicaciones modernas, de tecnología avanzada, se les impide a nuestros estudiantes enterarse de lo que sucede en otras latitudes? No es que dude de la capacidad de los autores panameños, pero no podemos encerrarnos a escucharnos entre nosotros mismos.
Cuando yo estudiaba medicina en Buenos Aires, recuerdo que pocas personas hablaban inglés en Argentina, Chile y Uruguay. Recuerdo también que nuestros libros de textos eran todos argentinos, escritos allí y las revistas médicas que circulaban eran de los tres países. Los seminarios eran dados por profesores de los tres países. Continúo considerando la medicina argentina y sus profesores, así como sus textos, eran muy buenas, de primera. Sin embargo, cuando regresé graduada a Panamá y comencé a leer revistas norteamericanas y de otras latitudes, comprendí que había otro horizonte desconocido para mí y se me abrió un mundo diferente y muy amplio.
Igualmente pasará con los estudiantes panameños cuando tengan acceso al internet y se enteren que existe otro mundo que no sólo es el texto escrito en Panamá. Siento como si se me prohibieran leer literatura de otros países y sólo tuviera acceso a los autores panameños. Tienen libros muy buenos, pero mi educación me manda a ampliar mi educación y conocer lo que piensan los demás.
Sinceramente pienso que los señores legisladores deben pensar bien lo que harán con esa ley y la señora Presidenta no debe sancionarla. La Sra. Ministra debe pensar bien lo que están haciendo y luchar para que esa ley no se haga efectiva. Pensemos todos en el perjuicio que puede traer circunscribirnos a nuestros libros de texto. Desde luego que la historia y la geografía de Panamá tienen que ser de autores panameños; pero sin exagerar con el resto de las materias. No podemos limitar a nuestra juventud sólo por intereses creados y, sobre todo, por intereses pecuniarios.
Los educadores que piensan ampliamente, con mentalidad de avanzada, tienen que luchar contra esta medida, porque estoy segura que comprenden que son medidas retrógradas y que dejan a la juventud fuera de competitividad con relación a otros países.
Sinceramente no sé quién fue el genio que ideó esta ley; sólo sé que vamos hacia atrás en una época de integración, de globalización, de comunicación y de tecnología moderna. ¿Cómo quedará nuestro país ante los foros internacionales de educación cuando se conozca que los panameños somos tan autosuficientes como para no necesitar de los conocimientos de los demás? No nos llamemos a engaño; no seamos más realistas que el rey. Espero que esta locura no prospere y piensen lo que harán.
Existiendo poquísimas materias cuyos cambios de un año para otro sean llamativos, ¿cuál es la razón para ello? Me parece que ésta es una razón de peso para que los mismos educadores protesten, para que el Ministerio de Educación ponga atención a las quejas de los padres y los autores de los textos sean más honestos.
La ley a la cual me refiero prohíbe la entrada de libros escritos fuera de Panamá y en esa forma ayudar totalmente a los autores panameños, porque a los estudiantes no los beneficia en nada. Realmente, no he visto nada más retrógrado que esta actitud de "los padres de la patria". ¿Es que, acaso, vamos a educarnos con lo que decimos solamente en el país? ¿Es que, en una época de globalización, de comunicaciones modernas, de tecnología avanzada, se les impide a nuestros estudiantes enterarse de lo que sucede en otras latitudes? No es que dude de la capacidad de los autores panameños, pero no podemos encerrarnos a escucharnos entre nosotros mismos.
Cuando yo estudiaba medicina en Buenos Aires, recuerdo que pocas personas hablaban inglés en Argentina, Chile y Uruguay. Recuerdo también que nuestros libros de textos eran todos argentinos, escritos allí y las revistas médicas que circulaban eran de los tres países. Los seminarios eran dados por profesores de los tres países. Continúo considerando la medicina argentina y sus profesores, así como sus textos, eran muy buenas, de primera. Sin embargo, cuando regresé graduada a Panamá y comencé a leer revistas norteamericanas y de otras latitudes, comprendí que había otro horizonte desconocido para mí y se me abrió un mundo diferente y muy amplio.
Igualmente pasará con los estudiantes panameños cuando tengan acceso al internet y se enteren que existe otro mundo que no sólo es el texto escrito en Panamá. Siento como si se me prohibieran leer literatura de otros países y sólo tuviera acceso a los autores panameños. Tienen libros muy buenos, pero mi educación me manda a ampliar mi educación y conocer lo que piensan los demás.
Sinceramente pienso que los señores legisladores deben pensar bien lo que harán con esa ley y la señora Presidenta no debe sancionarla. La Sra. Ministra debe pensar bien lo que están haciendo y luchar para que esa ley no se haga efectiva. Pensemos todos en el perjuicio que puede traer circunscribirnos a nuestros libros de texto. Desde luego que la historia y la geografía de Panamá tienen que ser de autores panameños; pero sin exagerar con el resto de las materias. No podemos limitar a nuestra juventud sólo por intereses creados y, sobre todo, por intereses pecuniarios.
Los educadores que piensan ampliamente, con mentalidad de avanzada, tienen que luchar contra esta medida, porque estoy segura que comprenden que son medidas retrógradas y que dejan a la juventud fuera de competitividad con relación a otros países.
Sinceramente no sé quién fue el genio que ideó esta ley; sólo sé que vamos hacia atrás en una época de integración, de globalización, de comunicación y de tecnología moderna. ¿Cómo quedará nuestro país ante los foros internacionales de educación cuando se conozca que los panameños somos tan autosuficientes como para no necesitar de los conocimientos de los demás? No nos llamemos a engaño; no seamos más realistas que el rey. Espero que esta locura no prospere y piensen lo que harán.