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Licencia de paternidad o de vagancia


Se dice que el principal problema que existe en el país es el desempleo. Se sabe que tanto en el sector económico como social hay una crisis enorme que está llevando al cierre de empresas o despido de personal. Tomando en cuenta lo complejo de la situación, me parece inoportuno el proyecto de ley que patrocina la licencia de paternidad al dar a luz las mujeres.
Pocos son los hombres que ayudan en esos primeros días, por más buenos esposos que sean. El patrón machista que aún priva en nuestros hombres, los lleva a ese comportamiento. No creo que sea esta ley la que transforme ese muestrario cultural de nuestros hombres. Aquel que es buen padre, lo será sin necesidad de leyes, al igual que lo son las madres; lo harán por instinto, por aprendizaje.
Así pues, lo que necesitan los padres es educación, enseñanza; es crear conciencia de que los hijos son de ambos y no sólo de la madre porque ellos sólo lo engendraron. No son las leyes las que crearán esa conciencia, esa enseñanza y, por lo tanto, no es una obligación la que hará mejores padres. ¿Quién nos dice que esos hombres aprovecharán los 15 días de licencia para cumplir con su deber y no para perderse con sus amigos? ¿Quién certifica que ese padre se levanta a las dos de la madrugada a cambiar pañales y dar mamaderas? Supongo que al reglamentar la ley, el ministerio de algo deberá enviar inspectores a las casas a ver si el hombre cumple con la ley o duerme a pierna suelta.
Recordemos cuando las empresas grandes no aceptaban mujeres jóvenes casadas porque tenían que pagarles la maternidad siendo esto una discriminación. Fue así como se le dio al Seguro Social el pago de esa licencia para que las empresas emplearan a mujeres sin perjudicarse. Ahora protestarán las empresas porque no querrán nombrar a hombres jóvenes y menos a los mujeriegos.
¿Qué harán cuando dé a luz la esposa y la querida (a lo que es muy dado el panameño) el mismo año? Tan hijo de ese hombre es uno como el otro; así es que será un mes de licencia y se mudará a la casa de la querida con la anuencia o no de la esposa. Tras que trabajamos poco y mal y dándoles más días libres a los hombres que paren a menudo, no sacaremos adelante este país. ¡Qué locura! Para las empresas representará grandes pérdidas económicas. Además de la ausencia del personal que trastorna el trabajo de la empresa, estamos propiciando la sinvergüenzura.
En un país que necesita más empuje y mejor forma de trabajar para que la fuerza laboral se responsabilice de sacar adelante la economía, no comprendo por qué presentar esa ley de la licencia de paternidad que en nada solucionará el problema familiar.
El panameño tiene que aprender a ser un buen padre sin que haya la obligación de serlo sino el agrado de sentirlo. Crear parásitos por ley no es lo más conveniente para el desarrollo de la economía. Para mi concepto es restarle la responsabilidad al hombre que debe tener un sentimiento de tener que trabajar más fuerte porque ahora tiene otra boca que mantener.
Ser buen padre tiene que aprenderse desde la escuela: enseñanza, enseñanza y enseñanza. Aprender que la pareja tiene igual obligación con el niño o niña; que esto no le resta virilidad, al contrario, le da mayor respeto de parte de su esposa y se fortalece la familia. Pero, repito, esto se aprende con enseñanza y no con leyes absurdas.
Habiendo situaciones más importantes e inteligentes para legislar, no malgastemos esa inteligencia en llamar la atención, en figurar con leyes superficiales y que no dejan ni dejarán huellas en la vida del país. Utilicemos las leyes para ayudar a la sociedad de verdad, pero no para crear zánganos. Sabemos qué significará esa ley si se aprueba y espero que no tenga apoyo en los demás legisladores. ¡Dios nos salve!

101 años de Panamá América

 
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