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Licitaciones privadas


En los últimos tiempos se ha estado festinando y cuestionando que los actos de licitaciones públicas se perciben como arreglados o acomodados a la medida de un proponente y, por lo tanto, generalmente son impugnados, complicándose y demorándose los procesos de adjudicación; y al final, no quedan suficientemente claros los criterios para adjudicar las obras. De este ominoso asunto no escapa la empresa privada, que también realiza algunas licitaciones que no son precisamente muestras de transparencia y justicia.
En estas licitaciones privadas se están dando varios casos, uno es que se tiene previamente seleccionado el contratista a quien se le va adjudicar el proyecto, pero se invita a otros a proponer sólo con el propósito de regular el precio del favorito sin la más remota posibilidad de que les fuere adjudicado, propósito irrespetuoso, desconsiderado y deshonesto que atenta contra las personas que de buena voluntad hacen sus cálculos presupuestarios a su costo que, dependiendo del tamaño de las obras, podría costar una cifra importante de dinero, la cual no es reembolsada por el dueño del proyecto, pero que por lo menos debería apreciar el esfuerzo y tratar las propuestas con la seriedad que merecen.
Otra modalidad es que, una vez licitado el proyecto y conocidos los precios de todos, se hace otra ronda en la que se invita a ajustar precios a los que marcaron en los primeros lugares. Esta artimaña hace que los segundos lugares disminuyan los precios sin control, con la vana esperanza de asegurar un contrato que les permitirá mantenerse andando hasta conseguir algo mejor, que nunca llega. Es en este ajuste donde quedan las cuotas obrero-patronales, los salarios cónsonos, las medidas de seguridad, muchos pagos a proveedores y las ganancias del contratista.
Lo peor es que las empresas que han tomado esta modalidad explotadora, en la cual se aprovechan de la necesidad de otras personas no tienen problemas económicos, por lo que no necesitan valerse de estos golpes bajos para mantener una adecuada rentabilidad.
Otro modo muy común es que los proponentes perdedores, desesperados, se acercan al cliente a posteriori con nuevas y más bajas propuestas, que algunas veces son aceptadas por dueños también inescrupulosos y faltos de seriedad.
Toda esta situación está llevando a la industria de la construcción a un caos, pues los montos de los contratos no permiten a los contratistas realizar los trabajos a conciencia y cumplir con todo lo que ordena la ley. Entonces es que podemos ver los casos como los de las barriadas residenciales de bajo y mediano costos, donde resulta imposible realizar el trabajo y cumplir con la ley con los precios por los cuales los promotores pretenden contratar dichos trabajos. Cada cierto tiempo entra un nuevo contratista al proyecto urgido por una necesidad inmediata y cuando éste sufre el descalabro pronosticado, se va y se sustituye por otro. Y así se repite la historia una y otra vez. De esta manera los dueños logran aumentar sus ganancias en estos proyectos abusando de los contratistas ingenuos o necesitados.
No es de extrañar, entonces, que la única forma de hacer viable la realización del trabajo es pactando con los obreros el no pago de las obligaciones obrero-patronales.
Los márgenes tan estrechos son los que hacen quebrar a las empresas constructoras porque, en este negocio con muchas variables, basta la falla en uno de los pronósticos del presupuesto para dar al traste con la ilusión de una ganancia.
222 ...esta situación está llevando a la industria de la construcción a un caos, pues los montos de los contratos no permiten a los contratistas realizar los trabajos a conciencia...
La manera de controlar esto es permitir que el contratista obtenga una adecuada rentabilidad por su trabajo, y las compañías de seguros, que últimamente están siendo severamente afectadas al ser responsabilizadas por la terminación de obras inconclusas, deben tomar un papel más beligerante e inquisidor al otorgar las fianzas de cumplimiento, como son la investigación y verificación de los parámetros bajo las cuales se adjudicaron estos contratos. También estas aseguradoras deben asesorarse con ingenieros duchos en el oficio y no pretender realizar este importante trabajo con profesionales recién graduados de ingeniería por su bajo costo quienes, aunque tengan las mejores intenciones, no basta; es cuestión de experiencia en construcción y presupuestos, lo que capacita para verificar expeditamente la documentación antes de la expedición de estas fianzas.
Igualmente, se podría estudiar el establecer como requisito para inscribir la venta de proyectos residenciales, la verificación de una certificación de la Caja de Seguro Social de que la empresa y los subcontratistas que intervinieron en la construcción, efectivamente, han cumplido con incorporar a su personal al régimen del Seguro Social.
Esto evitaría los abusos de comerciantes promotores inescrupulosos que otorgan contratos a precios sumamente bajos, sabiendo de antemano que es imposible realizarlos, que no son más que la "crónica de una muerte anunciada" de un contratista de construcción y, a la vez, impiden cumplir con los requisitos legales y también que el propio director de la Caja de Seguro Social tuviera que volver hacer el triste espectáculo de estar correteando por todo un proyecto, camiones en fuga cargados con obreros para evadir la inscripción éstos en el Seguro Social, como ocurrió recientemente.
Aquí también cobra vigencia el señalamiento formulado por Monseñor José Dimas Cedeño, que insta a los empresarios a trabajar y promover " una economía más humana".

101 años de Panamá América

 
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