Líder, encuestas y pueblo
E l 14 de febrero pasado, un diario publicó foto y reseña del candidato Martín Torrijos con la junta directiva del medio de comunicación. Fuera de la fotografía, que una vez más refleja una personalidad con poco o escaso carisma, lo que me llamó la atención de la fría reseña es que el periodista calificó al candidato como el líder de las encuestas. Ello me hizo recordar a otro Martín, pero éste, literario y aventurero, quien en medio de las guerras entre carlistas y liberales se hacía cantar una vieja canción gascona que decía: "¡Adelante! Adelante los de delante, y los de atrás que seguirán. Los de atrás adelante, que seguirán al trote de can." (Baroja, Pío. Zalacaín el Aventurero, XV Edición, Espasa-calpe, Madrid 1982, pág. 59.)
De lo anterior deducimos que ya nuestro candidato ganó en las encuestas, ahora le toca ganar en el corazón de las masas que irán a las urnas el 2 de mayo, y eso, entonces, requiere hacerse líder del pueblo, compartir sus intereses y, lo más importante: representar esos intereses. Las encuestas pueden medir y hasta tratar de manipular una elección, pero no son la elección; la elección la determina el candidato y su estructura. En tal sentido aconseja Azorín: "Lo que el político debe procurar ante todo es que los espectadores no vean que él duda de sí. La indecisión, la perplejidad, no se deben ofrecer al público..." Señala: "Si el político duda de sí, ¿cómo no han de dudar los que le miran?" (Azorín. El político, editorial Espasa-Calpe, Madrid, 1968, Págs. 144 y 145.) Casualmente es aquí donde falla el candidato que ya ganó las encuestas, ahora le toca ganar las elecciones; es decir, ganar el liderazgo de las amplias masas populares y dejar de apoyarse en criterios como que las encuestas pueden definir, resultados electorales. En tal sentido, el profesor César Cansino, del Centro de Educación Política de México, ha señalado que: "La incertidumbre electoral es consustancial a la democracia. Hay que aprender a vivir con ella." (Cansino, César. "El Síndrome de Evita", periódico Web, El Universal de México, 15 de febrero de 2004). De eso se trata: que independientemente de que haya empresas que se dedican ha hacer encuestas durante todo el año, se entienda que con la base fundamental del ejercicio democrático, que es la emisión del voto, no se debería jugar, porque en todo caso, pretender adelantar resultados electorales es pretender alterar por anticipado esos resultados.
También vemos que Ruiloba califica entre las propiedades del cartel publicitario, lo que él llama "las predicaciones", así: "Se predica a un destinatario perceptor y se predica lo que uno quiere resaltar. Por medio de las predicaciones damos determinada versión de una persona, de una situación o resaltamos las propiedades de un objeto." (Ruiloba, Rafael. Para una Semiología del Cartel publicitario Ediciones: Instituto Celestine Freinet, Panamá, 1990 Pág. 22.) La predicación a que las llamadas encuestas someten a los electores panameños pretende desnaturalizar el liderazgo del país. Imagínese usted, ya se habla de líder de las encuestas; de seguir esa tendencia mejor no hacemos elecciones. El país no necesita un líder de las encuestas, sino un líder del pueblo, que lo dirija más hoy, cuando la lucha por la democracia ha sido secuestrada por la voracidad oligárquica.
Esta voracidad, incluso, pretende definir quién será el próximo jefe de la policía, imponiendo un militar (R) en un claro irrespeto a la actual oficialidad de clara y estricta formación policial. El país no está aún preparado para un jefe salido de las actuales filas policiales, pero cada vez lo estará más. No obstante, decir que Panamá no tiene civiles preparados en materia de seguridad es desconocer la excelente labor que ha desempeñado, pese a todo, el actual director Bares. El líder de las encuestas vez pueda desconocer la voluntad popular que exige un jefe policial civil, por ahora, salido de la sociedad civil y más temprano que tarde, o sea, pronto, salido de las actuales filas de la oficialidad policial. Pero no un militar retirado, el cual rememore las angustias a los derechos humanos vividas durante la era de la llamada Guardia Nacional. Si el líder de las encuestas no entiende lo anterior, entonces no entiende al pueblo, por tanto no puede ser su líder.
Una ardua, dedicada y permanente labor de más de un millar de organizaciones no gubernamentales alrededor del mundo y agrupadas en una gran coalición, trabajó sin desmayo para lograr los procesos de ratificación necesarios.
En ese marco tan importante, y como parte del apoyo y compromiso del Instituto de Estudios Políticos e Internacionales (IEPI) por la lucha contra la impunidad, y el mejoramiento del sistema de justicia, presenta dicha publicación que contiene los principales instrumentos que establecen y hacen posible la existencia de un órgano jurisdiccional tan importante, como lo es la Corte Penal Internacional. La tarea del fortalecimiento de justicia nacional debe ser considerada como fundamental para la consolidación de un verdadero Estado de Derecho, que permita la vida en armonía y en perfecta convivencia, que finalmente podamos decir "Nunca más" a hechos tan horrendos como los acontecidos en nuestro país, así como en el resto del mundo.
Ya es hora que Panamá, al igual que decenas de otros Estados, construya una amplia red de obligaciones para cooperar eficazmente en el campo judicial, policial, informativo y financiero, con el fin de facilitar la captura y extradición de los delincuentes que cometen crímenes de lesa humanidad o incurren en el delito de corrupción.
Sabido es que las violaciones a los Derechos Humanos y la corrupción son dos caras de una misma moneda: la impunidad.
Apoyemos decididamente la ejecución del Estatuto de Roma, si es que de verdad queremos formar parte de una comunidad internacional que busca la paz.
De lo anterior deducimos que ya nuestro candidato ganó en las encuestas, ahora le toca ganar en el corazón de las masas que irán a las urnas el 2 de mayo, y eso, entonces, requiere hacerse líder del pueblo, compartir sus intereses y, lo más importante: representar esos intereses. Las encuestas pueden medir y hasta tratar de manipular una elección, pero no son la elección; la elección la determina el candidato y su estructura. En tal sentido aconseja Azorín: "Lo que el político debe procurar ante todo es que los espectadores no vean que él duda de sí. La indecisión, la perplejidad, no se deben ofrecer al público..." Señala: "Si el político duda de sí, ¿cómo no han de dudar los que le miran?" (Azorín. El político, editorial Espasa-Calpe, Madrid, 1968, Págs. 144 y 145.) Casualmente es aquí donde falla el candidato que ya ganó las encuestas, ahora le toca ganar las elecciones; es decir, ganar el liderazgo de las amplias masas populares y dejar de apoyarse en criterios como que las encuestas pueden definir, resultados electorales. En tal sentido, el profesor César Cansino, del Centro de Educación Política de México, ha señalado que: "La incertidumbre electoral es consustancial a la democracia. Hay que aprender a vivir con ella." (Cansino, César. "El Síndrome de Evita", periódico Web, El Universal de México, 15 de febrero de 2004). De eso se trata: que independientemente de que haya empresas que se dedican ha hacer encuestas durante todo el año, se entienda que con la base fundamental del ejercicio democrático, que es la emisión del voto, no se debería jugar, porque en todo caso, pretender adelantar resultados electorales es pretender alterar por anticipado esos resultados.
También vemos que Ruiloba califica entre las propiedades del cartel publicitario, lo que él llama "las predicaciones", así: "Se predica a un destinatario perceptor y se predica lo que uno quiere resaltar. Por medio de las predicaciones damos determinada versión de una persona, de una situación o resaltamos las propiedades de un objeto." (Ruiloba, Rafael. Para una Semiología del Cartel publicitario Ediciones: Instituto Celestine Freinet, Panamá, 1990 Pág. 22.) La predicación a que las llamadas encuestas someten a los electores panameños pretende desnaturalizar el liderazgo del país. Imagínese usted, ya se habla de líder de las encuestas; de seguir esa tendencia mejor no hacemos elecciones. El país no necesita un líder de las encuestas, sino un líder del pueblo, que lo dirija más hoy, cuando la lucha por la democracia ha sido secuestrada por la voracidad oligárquica.
Esta voracidad, incluso, pretende definir quién será el próximo jefe de la policía, imponiendo un militar (R) en un claro irrespeto a la actual oficialidad de clara y estricta formación policial. El país no está aún preparado para un jefe salido de las actuales filas policiales, pero cada vez lo estará más. No obstante, decir que Panamá no tiene civiles preparados en materia de seguridad es desconocer la excelente labor que ha desempeñado, pese a todo, el actual director Bares. El líder de las encuestas vez pueda desconocer la voluntad popular que exige un jefe policial civil, por ahora, salido de la sociedad civil y más temprano que tarde, o sea, pronto, salido de las actuales filas de la oficialidad policial. Pero no un militar retirado, el cual rememore las angustias a los derechos humanos vividas durante la era de la llamada Guardia Nacional. Si el líder de las encuestas no entiende lo anterior, entonces no entiende al pueblo, por tanto no puede ser su líder.
Una ardua, dedicada y permanente labor de más de un millar de organizaciones no gubernamentales alrededor del mundo y agrupadas en una gran coalición, trabajó sin desmayo para lograr los procesos de ratificación necesarios.
En ese marco tan importante, y como parte del apoyo y compromiso del Instituto de Estudios Políticos e Internacionales (IEPI) por la lucha contra la impunidad, y el mejoramiento del sistema de justicia, presenta dicha publicación que contiene los principales instrumentos que establecen y hacen posible la existencia de un órgano jurisdiccional tan importante, como lo es la Corte Penal Internacional. La tarea del fortalecimiento de justicia nacional debe ser considerada como fundamental para la consolidación de un verdadero Estado de Derecho, que permita la vida en armonía y en perfecta convivencia, que finalmente podamos decir "Nunca más" a hechos tan horrendos como los acontecidos en nuestro país, así como en el resto del mundo.
Ya es hora que Panamá, al igual que decenas de otros Estados, construya una amplia red de obligaciones para cooperar eficazmente en el campo judicial, policial, informativo y financiero, con el fin de facilitar la captura y extradición de los delincuentes que cometen crímenes de lesa humanidad o incurren en el delito de corrupción.
Sabido es que las violaciones a los Derechos Humanos y la corrupción son dos caras de una misma moneda: la impunidad.
Apoyemos decididamente la ejecución del Estatuto de Roma, si es que de verdad queremos formar parte de una comunidad internacional que busca la paz.