default

Liderazgo de EE.UU., en tela de juicio


Con el mayor potencial militar y financiero del mundo y las credenciales de libertadores frente al nazismo y vencedores del comunismo, EE.UU. se sentía con la responsabilidad histórica de ponerse al mando de la globalización para afianzar su liderazgo internacional.

Cuando George Bush padre pronunciaba en 1991 su discurso sobre el Estado de la Nación ante el Congreso anunciando "Un nuevo orden mundial, donde diversas naciones se unen por una causa común para lograr las aspiraciones universales de la humanidad: paz y seguridad, libertad y el estado de derecho", posiblemente no pensaba más allá de la intervención militar en la primera guerra del Golfo y de la resolución de los conflictos a partir de los loables principios mencionados.

En el transcurso de los últimos quince años, hemos visto cómo se desarrollaba una cierta globalización en variedad de campos, incluso en lo delictivo, pero no pudimos conjeturar el anhelado "nuevo orden mundial". Más bien asistimos al debilitamiento de la ONU, a una cierta crispación de las relaciones internacionales como consecuencia de un "unilateralismo" voraz y al crecimiento de la inseguridad internacional. En todo este proceso, la imagen de EE.UU. ha sufrido un serio desgaste y, a día de hoy, su economía está al borde de la recesión. ¿Tendrá pues, la administración americana, los medios para mantener su presencia en el mundo y resolver los conflictos en curso? ¿O habremos de asistir a un nuevo aislacionismo o repliegue dictado por la escasez de recursos financieros y a la consecuente y peligrosa ausencia de liderazgo internacional? Objetivamente, a nadie le convendría tal varapalo.

Resulta paradójico que la elección esté en manos de los propios americanos, sea cual sea el resultado de los comicios presidenciales. Se trata ante todo de fortalecer la credibilidad de una organización de Naciones Unidas renovada, sea a nivel de la resolución del veterano conflicto palestino-israelí y del resto de contenciosos pendientes o en la lucha contra el hambre y las desigualdades en el Mundo. Se trata de unir fuerzas para poner término a la sangría que supone para el "Tercer Mundo" la ola incontrolable de la emigración; y volver a tomar la relación Norte-Sur en el sentido del trato justo. Se trata de fomentar realmente la democracia y libertades en el mundo, respetando creencias y voluntades colectivas más allá de los simples intereses coyunturales. Se trata, en fin, de liderar un proyecto serio a la altura de la inteligencia y de la dignidad humanas.

La formidable movilización de los gobiernos para atajar la crisis financiera ha tenido al menos el mérito de demostrar que cuando algo se quiere con firmeza, se puede.

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, ha tenido el mérito de llamar a cerrar filas y a reaccionar ante lo que se avecinaba. Pero cuando habla de reconstruir "el capitalismo del futuro" o que el presidente George Bush insiste en preservar "los fundamentos del capitalismo democrático", no parecen responder al verdadero reto planteado por la crisis que apunta más bien hacia una cuestión de índole política que reside en la confianza. En cualquier caso, el contexto actual no soportaría más dudas ni vacilaciones ante el futuro próximo.

[ccs@solidarios.org.es]

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América