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Liderazgo para conciliar al país


Es hora, en efecto, de que la Presidenta de la República analice la manera de convocar a toda la dirigencia nacional, a un supremo esfuerzo patriótico que entrañe el compromiso de conciliar posiciones y puntos de vista para resolver los grandes problemas estructurales del país.
¿A qué objetivos concretos debe estar dirigido este supremo esfuerzo multisectorial? Por lo pronto, al diseño y la puesta en ejecución de estrategias que, con la mayor celeridad posible, allanen el camino hacia la reactivación de la economía y sienten las bases para la construcción de un país pujante y competitivo, en el que sea posible disminuir la brecha social y rescatar el mayor número posible de marginados. El esfuerzo debe estar dirigido también a la modernización y al fortalecimiento del sistema educativo, con la mira puesta en la enérgica determinación de que la educación pase a ser, de una vez por todas, el gran instrumento de transformación de una sociedad comprometida a fondo con la voluntad de crecer.
La convocatoria que se sugiere deberá apuntar con igual énfasis a otros frentes de combate. Será necesario redoblar energías para avanzar hacia el pleno restablecimiento de la fe en la justicia y en los organismos de seguridad, de modo que el ciudadano panameño se sienta plenamente protegido ante los embates, cada vez más feroces, de la criminalidad y la delincuencia y se vea asistido diariamente por jueces, tribunales, fiscales y policías enteramente confiables, capaces de responder a las urgencias y las angustias de la población con el dinamismo y la eficiencia que hoy, lamentablemente, no siempre están en condiciones de alcanzar. Todo ello en el contexto de una sociedad en el que la corrupción sea combatida con vigor sostenido y sistemático y en la cual vuelvan a constituir un hábito visceral el respeto a la ley y el acatamiento al Estado de Derecho.
Será necesario movilizar, en suma, todas las reservas de la imaginación, el talento y la creatividad, para que el país recupere el lugar que en otro tiempo le fue reconocido en el concierto de las naciones y para que pueda resolver adecuadamente su inserción económica en el mundo. En este mundo globalizado e interdependiente, en el que los crecientes niveles de competitividad les crean a los países en desarrollo dramáticas dificultades pero les proporcionan, a menudo, al mismo tiempo, atractivas y sustanciosas oportunidades, que Panamá debería saber aprovechar.
Se ha hablado mucho en estos días de que el país necesita más que nunca de un genuino liderazgo institucional. Reclamar el ejercicio de un firme liderazgo presidencial no significa, de ningún modo, propiciar uniformidades rígidas ni cerrar el camino a las discrepancias y a los debates, sin los cuales no sería concebible la democracia. Lo que se pide es un gesto de serena convocatoria a la responsabilidad, lanzado desde el sitial más alto de la autoridad institucional y basado en el análisis crítico y eminentemente racional de la situación que se vive. No queremos que ese liderazgo se fundamente en el abuso de los resortes emocionales del poder, sino que movilice mediante el uso de la inteligencia y apelando a la razón.


101 años de Panamá América

 
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