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Liderazgo y visión educativa


¿Cómo reconocer si un presidente está realmente involucrado con la educación de su país? Para que un presidente se involucre con la educación, debe asegurar un presupuesto inamovible para este sector, que no sólo sirva para pagar planillas y aumentar la burocracia, sino para proyectos de innovación y creatividad educativa, capacitación de maestros, y materiales didácticos. Segundo, debe tener una fuerte voluntad política para luchar contra sectores que se oponen a una reforma integral del sistema educativo.

Una reforma integral educativa requiere romper con aquellos sectores, internos o externos al gobierno, que obstaculizan el cumplimiento de dichos objetivos.

Un mandatario tiene el desafío ético de cortar la corrupción no sólo en las entidades educativas –privadas o públicas-, sino dentro de su propio partido, pues niños, adolescentes y jóvenes aprenden mucho del ejemplo de los políticos.

Mucha de la responsabilidad sobre la mejora educativa recae en el ministro que el presidente nombra, razón suficiente para que este personaje público protagonice un liderazgo firme que influya a todos para coincidir en una misma visión educativa. Si no demuestra un punto de quiebre positivo en la calidad educativa, conviene suplantarlo por otro más idóneo. No basta que la persona designada para ser ministro de educación tenga capacidades, talentos y aptitudes; es menester que también sea un líder con una moral intachable. Sin embargo, a veces ocurre que el ministro sí demuestra voluntad de una reforma cualitativa, pero no cuenta con el apoyo político de los parlamentarios para aprobar una ley que garantice y reglamente dichos cambios.

La sociedad civil y los medios de comunicación deben tomar un rol fiscalizador para que la reforma educativa no sea un punto eternamente postergable en la agenda pública, académica, política y social.

Una condición imprescindible es que se plantee un proyecto nacional que involucre a todos a lo largo de varios años, pueden ser 5 ó 10, con objetivos cuantificables, y cuyo cumplimiento no se vea afectado por los cambios de gobierno, que cometen el error de volver a empezar de cero, convirtiendo la mejora educativa en un círculo vicioso insalvable.

101 años de Panamá América

 
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