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Liderazgos perdidos


Hace muchos años se ha perdido en Panamá el liderazgo que debiéramos conservar y alimentar para que las organizaciones progresen y se hagan democráticas. Nunca he estado de acuerdo con la permanencia de los dirigentes en los puestos porque se acumula poder de decisión y mando hasta acabar, poco a poco, con esas instituciones. En la variedad está el gusto, dice el adagio y es saludable el cambio en todo momento.

Pero en Panamá, desde años, no existe trasmisión de mando en los sindicatos y gremios lo que hace que se entronicen sin rendir cuentas a sus asociados, sin capacitación sin modernización y llevan a los mismos al estancamiento en cuanto a acciones de protestas y a llevar por caminos correctos el valor que tienen y que serían respetados si la ciudadanía percibiera el deseo real de salvar esos grupos. No ignoramos cómo se fortalecieron, hasta tener una fuerza increíble, los sindicatos en tiempo de Omar Torrijos quien buscaba el apoyo de los mismos para convertirse en dictador. Es historia y, desde entonces, esos sindicatos imitaron a su jefe convirtiéndose en permanentes dirigentes.

Pareciera que la modernización, el diálogo y el equilibrio no son factores que intervengan en el calendario de loa miamos. No saben que los cierres de calles, las huelgas y las otras medidas, son obsoletas, impopulares e inconvenientes para sus intereses. Ahora que buscan convertirse en un partido político, pocos adherentes conseguirán con esas medidas que causan perjuicios a los transeúntes y a toda la población; hoy sentimos antipatía hacia ellos por el giro izquierdista que han dado al movimiento sindicalista y gremialista. Ya ni se defienden de estas acusaciones porque hasta la vergüenza han perdido para aceptarlas.

Los estudiantes sufren con las mentadas huelgas absurdas. Los dirigentes gremiales también deben modernizarse y amoldarse a los adelantos de la educación y las necesidades del país. Ya no estamos en dictadura que justificaba aquellos movimientos; ahora estamos en democracia con deseos de ir adelante. Por estas razones, entre otras, Panamá no avanza y seguimos siendo un país de quinto nivel. Cambiemos nuestra mentalidad y encontraremos la forma de evolucionar para interés común y no de los dirigentes sindicales y gremiales. Mientras no hagamos el clic en nuestro cerebro, será imposible avanzar, no habrá transformación educativa y los sindicatos perderán sus prerrogativas en cualquier momento para beneplácito de una gran mayoría de la población pensante.

101 años de Panamá América

 
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