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Limitaciones


Hablando de las virtudes y cualidades de los panameños de la época del Padre Mario Cicala, jesuita italiano que trabajó en aquellos entonces en el Colegio de los 1600 y 1700, según conjeturas mías, la primera impresión es que nos miraba con unos anteojos de mucha benevolencia. Y en afán de ser objetivos, citemos hoy cuáles eran los defectos o vicios que yo denomino, limitaciones.
"Los vicios dominantes en aquella ciudad son pocos". Comento: si hoy lo que abundan son los defectos y vicios que incluso nos gloriamos de ellos, pues son como el componente filosófico que nos distingue de otros seres semejantes, ¿cuándo y cómo comenzó esto que hemos heredado para vergüenza nuestra....? Pregunto. Y continúo en compañía con el colega Cicala: "En la gente plebeya y especialmente en los negros -¿Racismo?- reina y domina la embriaguez del aguardiente de caña de azúcar y del -guarapo- que se hace con el jugo de la caña de azúcar; antes de darle el punto y la consistencia de la miel se pone en ciertas vasijas grandes hechas de cuero de toro o vaca, en las que se deja fermentar durante dos, tres y cuatro días; y cuanto más se fermenta más adquiere la acidez y fuerza y pierde dulzura; aunque sea una bebida sabrosa y refrescante, así como también saludable, sin embargo, usada en exceso embriaga, pues aquel fermento es muy fuerte para tal efecto. En la gente noble -¿Cuál ?- no se da este abominable vicio sino en rarísimos hombres, en los cuales reina tambien otro -defecto, se entiende- es el juego de las cartas, en el que se pierden grandes sumas de dinero pues conozco a muchos comerciantes arruinados a causa de este vicio". -Como vemos no existían ni la lotería, ni el hipódromo, ni el chance clandestino que con el progreso hemos adquirido-.
"Otro vicio es el del juego de gallos, un feo juego, nacido en aquella ciudad al mismo tiempo que permanecí en aquel Colegio, y que domina y señorea en todas las clases sociales, juego verdaderamente insulso pero que tiene arruinadas no solamente a innumerables famillias sino a ciudades enteras" -No estoy informado de esta situación hoy. La impresión que tengo es que se mira como un deporte indiferente aún cuando la Asociación en Defensa de los Animales no lo mirara de esa manera como tampoco mira la tauromaquia, ni la pelea de perros, y el boxeo-.
Cicala atribuye a un clérigo la "gallomaquia". "Tal juego lo inventó un sacerdote quiteño, por lo que le llamaban el padre de los gallos, de alcances nada felices y de cabeza sin sesos, engolfado en el vicio del juego, concibió este de los gallos" -Lo menos que podemos decir es que no se llevaba bien con serrano sacerdote- "Concurren dos personas, cada una con su propio gallo, los ponen en un llano, instigándolos a combatir entre sí. En las patas les adaptan dos pequeños cuchillitos o cortaplumas de hoja finísima en forma de navaja de afeitar. El gallo que vence y domina al otro poniéndolo debajo o hiriendo o matando o haciendolo huir, ese gana y su dueño gana la apuesta, pero, ¿quién lo creería? En este juego tan sin gracia se juegan por millares los escudos y los doblones. Además cuantos están presentes todos apuestan por este o por el otro gallo gruesas sumas de dinero. Por ello quedé aturdido al ver que un pobre gallo, no valiendo antes nada, luego era comprado por 10,12 y más escudos. El Obispo hizo poner en estrecha prisión a aquel sacerdote tunante y malvado -Cicala no era tan amigo del equinoccial- El Obispo fulminó excomunión contra semejante juego y luego lo mandó al exilio. Entonces el sacerdote pasó a Méjico donde también introdujo el tal juego". Luego fue a Lima donde abrió casa pública autorizada por el Virrey. "Lo cierto fue que los panameños sin ningún temor de la excomunión y mucho menos de la ruina completa de sus fortunas, prosiguieron obcecados y engolfados en el juego de gallos hasta llegar a jugarse las hebillas, los zapatos y los vestidos y cuanto tenían encima sin ningún cuidado de quedarse desnudos en presencia de todos". Interesante lo que nos relata el autor, pues, hoy con el progreso hemos llegado mucho más lejos, según los múltiples testimonios que a diario nos ofrecen sin buscarlos. Seguiremos.....

101 años de Panamá América

 
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