Limpieza de polígonos
La administradora de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), Ligia Castro de Doens, ha anunciado que la entidad a su cargo se apresta para hacer un llamado a una licitación internacional para limpiar los polígonos de tiro entregados por Estados Unidos a Panamá en cumplimiento de los tratados Torrijos - Carter. Como quiera que la potencia norteña ha mantenido invariable su posición de no retirar los explosivos que contaminan dichos lugares, Panamá se apresta a hacerlo, con sus magros recursos.
En sí, la idea no es mala, con tal que reservemos de cuando en cuando nuestros reclamos frente a Estados Unidos quien opina, a través de sus distintos voceros, que no tenía - al tenor de los tratados citados - más obligación que entregarlos y limpiarlos, hasta donde fuera posible. Panamá, en cambio, de vez en cuando, plantea - aunque hace tiempo no lo hace - que si la tecnología lo permitiera en el futuro, Estados Unidos debería realizar la descontaminación.
Para nosotros, es más que evidente que ni para el gobierno actual, ni para el anterior de Mireya Moscoso durante sus últimos dos años, fue de mayor prioridad el reclamo por la limpieza de los polígonos, siendo un tema irritante, que distancia a dos naciones amigas, en contraste con el resto de los temas de mutuo interés. La actual negociación de un tratado de libre comercio tiene, por ejemplo, prelación, por su beneficioso impacto. De allí que la postura de la ANAM sea, más que todo, realista; aunque no por ella contradictoria con los justos reclamos panameños.
Simplificando un tema de por sí complejo, es cuestión de guardar las facturas, y pasar oportunamente la cuenta a los norteamericanos. Somos un país pobre para quien, en un mundo imbuido de creciente conciencia ecológica, es fácil hallar simpatías para una causa que, por lo demás, es obviamente justa. No fuimos los panameños quienes sembramos de bombas nuestra tierra, ni hicimos en ella ensayos con neurotóxicos.
En sí, la idea no es mala, con tal que reservemos de cuando en cuando nuestros reclamos frente a Estados Unidos quien opina, a través de sus distintos voceros, que no tenía - al tenor de los tratados citados - más obligación que entregarlos y limpiarlos, hasta donde fuera posible. Panamá, en cambio, de vez en cuando, plantea - aunque hace tiempo no lo hace - que si la tecnología lo permitiera en el futuro, Estados Unidos debería realizar la descontaminación.
Para nosotros, es más que evidente que ni para el gobierno actual, ni para el anterior de Mireya Moscoso durante sus últimos dos años, fue de mayor prioridad el reclamo por la limpieza de los polígonos, siendo un tema irritante, que distancia a dos naciones amigas, en contraste con el resto de los temas de mutuo interés. La actual negociación de un tratado de libre comercio tiene, por ejemplo, prelación, por su beneficioso impacto. De allí que la postura de la ANAM sea, más que todo, realista; aunque no por ella contradictoria con los justos reclamos panameños.
Simplificando un tema de por sí complejo, es cuestión de guardar las facturas, y pasar oportunamente la cuenta a los norteamericanos. Somos un país pobre para quien, en un mundo imbuido de creciente conciencia ecológica, es fácil hallar simpatías para una causa que, por lo demás, es obviamente justa. No fuimos los panameños quienes sembramos de bombas nuestra tierra, ni hicimos en ella ensayos con neurotóxicos.