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Llamado de atención


En diferentes ocasiones me he referido al bipartidismo y sus inconveniencias, así como los perjuicios para el país.
Acabamos de tener una prueba contundente del mismo con la negociación del Fondo Fiduciario y los arreglos entre el oficialismo y el PRD. La falta de votos para aprobar el proyecto presentado por la Bancada Popular y Solidaridad, junto al apremio del gobierno para aprobar algo que comenzará a regir el año entrante cuando recibirán la primera partida, permitió al PRD pasar sin dificultad su proyecto aun con algunos errores que afectarán al país y que el gobierno no tuvo más remedio que aceptar.
¿Qué sucedió? La Bancada Popular se abstuvo sin pena ni gloria; Solidaridad votó a favor, sin pena ni gloria, igual que los partidos que acompañan a los arnulfistas. Sencillamente, estos últimos sienten que no necesitan de los partidos colaterales y que se les facilitó la tarea para entenderse con el PRD. ¿Qué es esto? La reafirmación del bipartidismo. Los grandes se entienden entre ellos, sean gobierno u oposición: hoy tú, mañana yo y viceversa. ¿Para qué necesita la Sra. Presidenta respetar el pacto de La Pintada si tienen suficientes votos en la Asamblea sin nosotros? El oficialismo cede ante el PRD y éste negocia lo que le sea conveniente sin perder su posición de "oposición" leal.
Visto desde este punto de vista, cada vez que hay una actuación como ésta, se debilita el poder de los partidos, se desgastan las figuras y se pone más de manifiesto la falta de liderazgo que tenemos los políticos actuales. Llegará el momento en que no podremos gobernar al país por falta de capacidad y de visión de Estado.
Pero, la llamada sociedad civil tampoco está preparada para gobernar porque cada uno es lo que es en la vida, menos estadista y gobernante. ¿Saben a dónde iremos? A la anarquía; seremos un barco sin timón, mejor dicho, sin timonel. Un barco a la deriva puede correr varios rumbos: o se pierde en la inmensidad del mar, o choca y se destruye o, en la mejor de las suertes, se topa con otro barco que los encuentra y los rescata salvándolo, que es lo mejor que puede suceder.
Si los políticos no dejamos de jugar a la politiquería, al desenfreno interesado, al poco me importa el país y más me importo yo, veo mal a Panamá. Lo que está sucediendo es serio. De nada servirá tener el dinero del Fondo Fiduciario o que venga de otro planeta, si no hay un liderazgo definido que oriente su uso y no su abuso. Se perderá la oportunidad de sacar al país de donde hemos caído y la factura clara que nos pase la historia será grande. El presente también nos lo reclamará, pero con la esperanza de un futuro promisorio que, de no llegar, que Dios nos coja confesados con la historia que se escriba.
La responsabilidad nos caerá, sobre todo a los políticos; la responsabilidad nos caerá a quienes no hemos sabido sobreponernos al deseo desmedido de poder; a quienes no hemos tenido visión ni voluntad política para ser gobierno u oposición ocupando cada cual su puesto de tal. Los errores son castigados, sobre todo si se cometen a sabiendas de que estamos haciendo mal las cosas.
¿Qué hacer para que este llamado desesperado llegue a quienes tienen poder, para ser escuchada por muchos? De no ser así, sólo me quedará decir: yo lo escribí, lo canté a los cuatro vientos y nadie me escuchó. Pero, esto no salvará a Panamá. Sólo me interesa que el rumbo del barco se enderece para que encuentre su ruta por la que salgamos a flote pronto.

101 años de Panamá América

 
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