Llamado a padres y madres
Los constantes asesinatos, algunos con demostraciones de rencor y perversidad brutal, corresponden generalmente a rivalidades entre pandillas o castigo por falta de rendición de cuentas, o por los “tumbes”. Probablemente tal fue el caso de un joven de 20 años que hace unos días perdió la vida cuando varios sujetos irrumpieron en su residencia y lo acribillaron e hirieron a su propia madre. Eso debe bastar para que en todo hogar los padres y las madres mantengan una vigilancia permanente sobre las llamadas por celular o telefónicas de sus hijos, sus horas de salidas y regresos a la casa, y tratar de saber en compañía de quiénes andan. Merece la pena también que observen si sus vestimentas o joyas representan gastos que ellos no podrían costearles. Y ante las explicaciones de que trabajan para una organización de investigaciones, sean ellas privadas u oficiales, que procuren averiguarles quiénes son sus jefes y dónde operan.
Por otra parte, los narcotraficantes y traficantes en armas no perdonan jamás la retención de dineros producto de ventas, ni las traiciones. Ellos bien saben que, en muchas ocasiones, los tumbes ocurren por información suministrada por algunos de sus propios miembros o mulas, quienes venden a organizaciones que están en el mismo negocio el dato de sus fechas y horas de salida con determinada carga, o dónde hay droga o armas almacenadas para que se las lleven por hurto o por asalto. Y eso se paga... con la vida.