Llegó la hora de aumentar la matrícula (I)
Un ejercicio matemático simple confirma que ya es hora de que la Universidad de Panamá cambie su política basada en cantidad y se concentre en calidad, sino continuará siendo foco de confrontaciones entre estudiantes y docentes, docentes y administrativos, administrativos y el Rector, y entre el Rector y el Gobierno Central. Con el status quo seguirá incumpliendo con sus obligaciones, tanto comerciales (recordemos que se le ha llegado hasta cortar la luz) y, peor aún, con la sociedad; esta última espera estudiantes concentrados en adquirir conocimientos y graduados preparados para enfrentar un mundo cambiante.
La Universidad cuenta con 16 facultades, siete centros regionales universitarios, tres universidades populares, cuatro centros de investigación y nueve institutos en todo el país. Emplea a 3,500 docentes y requiere de 6,000 funcionarios y empleados para atender a los poco más de 70 mil estudiantes. Su administración es centralizada. Su presupuesto anual supera los 100 millones de dólares. Sin embargo, los ingresos que obtiene de las matrículas no alcanzan ni el 5% de ese monto. Esa política financiera se sustenta en el populismo, en la cantidad.
Según nuestra Constitución, la educación es un derecho y una obligación ciudadana. "La educación oficial es gratuita en todos los niveles pre-universitarios... La gratuidad de la educación no impide el establecimiento de un derecho de matrícula pagada en los niveles no obligatorios." Pero, en el caso de la Universidad de Panamá, la matrícula es de 55 dólares al año cuando, en promedio, el costo de cada estudiante es de casi 1,500 dólares.
La proliferación de universidades privadas durante la última década y la afluencia de estudiantes para cursar estudios en ellas confirma que los aspirantes a títulos universitarios están dispuestos y tienen capacidad para pagar.
No obstante, cada vez que alguien promueve este tipo de iniciativa los afectados e interesados reaccionan como si les quisieran remover alguna extremidad. Cuando era miembro del Consejo Directivo de la Universidad hace dos años, Fernando Manfredo propuso aumentar la matrícula a 520 dólares al año y crear un mecanismo de financiamiento, y hasta ayuda, para aquellos que demostraran que no pueden pagarlo. Eso equivale a poco más de 40 dólares al mes, que corresponde a lo que muchos de estos estudiantes pagan en celular para igual período. Sin embargo, a Manfredo le costó el puesto. Pero la idea es buena, sensata y dotaría a la Universidad de recursos que necesita desesperadamente para mejorar los servicios que presta.
La Universidad cuenta con 16 facultades, siete centros regionales universitarios, tres universidades populares, cuatro centros de investigación y nueve institutos en todo el país. Emplea a 3,500 docentes y requiere de 6,000 funcionarios y empleados para atender a los poco más de 70 mil estudiantes. Su administración es centralizada. Su presupuesto anual supera los 100 millones de dólares. Sin embargo, los ingresos que obtiene de las matrículas no alcanzan ni el 5% de ese monto. Esa política financiera se sustenta en el populismo, en la cantidad.
Según nuestra Constitución, la educación es un derecho y una obligación ciudadana. "La educación oficial es gratuita en todos los niveles pre-universitarios... La gratuidad de la educación no impide el establecimiento de un derecho de matrícula pagada en los niveles no obligatorios." Pero, en el caso de la Universidad de Panamá, la matrícula es de 55 dólares al año cuando, en promedio, el costo de cada estudiante es de casi 1,500 dólares.
La proliferación de universidades privadas durante la última década y la afluencia de estudiantes para cursar estudios en ellas confirma que los aspirantes a títulos universitarios están dispuestos y tienen capacidad para pagar.
No obstante, cada vez que alguien promueve este tipo de iniciativa los afectados e interesados reaccionan como si les quisieran remover alguna extremidad. Cuando era miembro del Consejo Directivo de la Universidad hace dos años, Fernando Manfredo propuso aumentar la matrícula a 520 dólares al año y crear un mecanismo de financiamiento, y hasta ayuda, para aquellos que demostraran que no pueden pagarlo. Eso equivale a poco más de 40 dólares al mes, que corresponde a lo que muchos de estos estudiantes pagan en celular para igual período. Sin embargo, a Manfredo le costó el puesto. Pero la idea es buena, sensata y dotaría a la Universidad de recursos que necesita desesperadamente para mejorar los servicios que presta.