Llegó la hora de aumentar la matrícula (II)
El régimen actual de matrículas de la Universidad de Panamá ha demostrado, aquí y en otros países, que genera una gran cantidad de estudiantes. Personas con recursos y sin ellos permanecen tomando cursos en los centros estatales de estudio superior, en algunos casos para gozar de beneficios (como de salud en Austria), o simplemente como entretenimiento. Es hora de revisarlo. Las justificaciones financieras sobran y son evidentes.
La Universidad de Panamá, por ejemplo, recauda menos de cinco millones de dólares en matrículas, pero cuesta más de 100 millones operar sus centros en todo el país. En general, los que pagan poco o nada por algo tienden a malgastarlo. Similar experiencia tenemos con el agua: no se cobra y se malgasta.
En Panamá, la educación superior para muchos es un pasatiempo en camino hacia lo que viene, sin saber ni importarle lo que sea. Desperdician su tiempo, en ocasiones asistiendo sólo lo necesario para poder pasar. Si se aumenta la matrícula estamos seguros que los estudiantes, que en efecto cubran ese valor, tendrán mayor interés en lo que hacen y el por qué.
Pero el aumento de las matrículas no debe causar que los que no tienen los recursos no tengan oportunidad para seguir una carrera universitaria. Para ello, dicho incremento debe venir acompañado de un programa de becas y préstamos, con parte de los fondos provenientes de las propias matrículas. Sólo aquellos estudiantes de escasos recursos que demuestren el entusiasmo y la capacidad para las carreras que desean perseguir se beneficiarían de ese plan.
Por otro lado, el aumento en las matrículas concedería a su rector y profesorado mayor libertad e independencia en la operación de la Primera Casa de Estudio. Hoy dependen ciento por ciento del Gobierno Central para poder seguir operando. Un Rector, elegido según el proceso interno sui generis de la Universidad de Panamá, que no tenga acceso o no goce de la gracia de los mandatarios de turno, puede causar que empeoren los servicios que presta la institución.
Esos nuevos recursos podrían ser utilizados para mejorar la infraestructura docente, incluyendo las remuneraciones que perciben los profesores. Las matrículas tendrían que variar por facultad. No cuesta lo mismo educar a un economista que a un dentista, a un ingeniero que a un abogado. Los recursos físicos y el entrenamiento docente implican grandes diferencias.
No promovemos absoluta simetría entre el costo y las matrículas. En su lugar, insistimos que debe haber un compromiso entre el estudiante y su carrera, y que el Estado puede y debe subsidiar la educación superior; pero no hasta malgastar recursos, promover estudiantes de carrera, generar graduados que no estén debidamente preparados o que no encuentren plaza alguna. Tiene que haber una relación entre esa matrícula y los beneficios que la profesión obtenida brindará al graduado.
"In God we trust" (En Dios confiamos) se lee en todos los dólares. ¿A qué Dios se refiere? No creo que sea al Dios verdadero, más bien evoca al del dinero: todo en función del billete. Nada se queda por fuera. Los tentáculos del capital alcanzan ahora áreas muy sensibles para la población: seguridad social, agua y educación, entre otros.
Si la juventud del mundo observa que las armas de sus líderes apuntan a la producción de fortuna como fin supremo, no es de extrañar que los ídolos modernos superen en preferencia a Jesús, un humilde y honesto hombre de Dios que decía la verdad pura y simple.
"Afortunadamente, poco a poco, se observa en el mundo cristiano un movimiento de retorno a Jesús. Quieren conocerlo, quieren saber más respecto a él, quieren cuestionarlo, quieren descubrir sus secreto...", señala el sacerdote brasileño, también llamado P. Zezinho. Y es que el "proyecto de Jesús es el único con alguna oportunidad para liberar a la humanidad del hambre, de la miseria, del odio y de la violencia".
Si es por la publicidad y el mercadeo, espero que la película de Mel Gibson, "La Pasión de Cristo" siga provocando un impacto profundo en los seres humanos, tanto así que muchos se han convertido a la fe cristiana.
La Universidad de Panamá, por ejemplo, recauda menos de cinco millones de dólares en matrículas, pero cuesta más de 100 millones operar sus centros en todo el país. En general, los que pagan poco o nada por algo tienden a malgastarlo. Similar experiencia tenemos con el agua: no se cobra y se malgasta.
En Panamá, la educación superior para muchos es un pasatiempo en camino hacia lo que viene, sin saber ni importarle lo que sea. Desperdician su tiempo, en ocasiones asistiendo sólo lo necesario para poder pasar. Si se aumenta la matrícula estamos seguros que los estudiantes, que en efecto cubran ese valor, tendrán mayor interés en lo que hacen y el por qué.
Pero el aumento de las matrículas no debe causar que los que no tienen los recursos no tengan oportunidad para seguir una carrera universitaria. Para ello, dicho incremento debe venir acompañado de un programa de becas y préstamos, con parte de los fondos provenientes de las propias matrículas. Sólo aquellos estudiantes de escasos recursos que demuestren el entusiasmo y la capacidad para las carreras que desean perseguir se beneficiarían de ese plan.
Por otro lado, el aumento en las matrículas concedería a su rector y profesorado mayor libertad e independencia en la operación de la Primera Casa de Estudio. Hoy dependen ciento por ciento del Gobierno Central para poder seguir operando. Un Rector, elegido según el proceso interno sui generis de la Universidad de Panamá, que no tenga acceso o no goce de la gracia de los mandatarios de turno, puede causar que empeoren los servicios que presta la institución.
Esos nuevos recursos podrían ser utilizados para mejorar la infraestructura docente, incluyendo las remuneraciones que perciben los profesores. Las matrículas tendrían que variar por facultad. No cuesta lo mismo educar a un economista que a un dentista, a un ingeniero que a un abogado. Los recursos físicos y el entrenamiento docente implican grandes diferencias.
No promovemos absoluta simetría entre el costo y las matrículas. En su lugar, insistimos que debe haber un compromiso entre el estudiante y su carrera, y que el Estado puede y debe subsidiar la educación superior; pero no hasta malgastar recursos, promover estudiantes de carrera, generar graduados que no estén debidamente preparados o que no encuentren plaza alguna. Tiene que haber una relación entre esa matrícula y los beneficios que la profesión obtenida brindará al graduado.
"In God we trust" (En Dios confiamos) se lee en todos los dólares. ¿A qué Dios se refiere? No creo que sea al Dios verdadero, más bien evoca al del dinero: todo en función del billete. Nada se queda por fuera. Los tentáculos del capital alcanzan ahora áreas muy sensibles para la población: seguridad social, agua y educación, entre otros.
Si la juventud del mundo observa que las armas de sus líderes apuntan a la producción de fortuna como fin supremo, no es de extrañar que los ídolos modernos superen en preferencia a Jesús, un humilde y honesto hombre de Dios que decía la verdad pura y simple.
"Afortunadamente, poco a poco, se observa en el mundo cristiano un movimiento de retorno a Jesús. Quieren conocerlo, quieren saber más respecto a él, quieren cuestionarlo, quieren descubrir sus secreto...", señala el sacerdote brasileño, también llamado P. Zezinho. Y es que el "proyecto de Jesús es el único con alguna oportunidad para liberar a la humanidad del hambre, de la miseria, del odio y de la violencia".
Si es por la publicidad y el mercadeo, espero que la película de Mel Gibson, "La Pasión de Cristo" siga provocando un impacto profundo en los seres humanos, tanto así que muchos se han convertido a la fe cristiana.