¡Llegó la hora de la unidad!
Cuando estábamos en las postrimerías del Siglo XX y se hacían proyecciones para el presente, siempre salía a relucir el tema de la igualdad social como un elemento imprescindible para que la especie sobreviva.
Ya estamos cumpliendo casi el primer trimestre del primer año del Tercer Milenio. Grandes planes se tienen, muchas esperanzas y sueños que pueden convertirse en realidad en la medida en que existan voluntad de cambio, deseos auténticos de para siempre pisar en un terreno sólido en lo que respecta a derechos humanos, respeto a la vida, solidaridad y tolerancia.
Hoy celebramos el Día Internacional de la Mujer. ¡Enhorabuena!. Porque en la fiesta a la que están invitados/as a participar todos/as en nuestra casa común, la Tierra, los ojos y oídos se orientarán hacia el "sexo débil" que ha mostrado por generaciones cuán fuerte es, por el soporte, la paciencia y los logros en condiciones desiguales, con la prevalencia de limitantes de toda índole sobre las que se ha empinado.
Tradicionalmente, como una vez hiciera una analogía una oradora que hablaba sobre enfoque de género, a la mujer le han tocado los huesos. Siempre la pechuga para el hombre. De oro es la ocasión, pues, para unas reflexiones sobre conducta social que deseo compartir con ustedes.
La invitación en el novel siglo es a la búsqueda de la prevalencia de la paz, justicia, libertad, equiparidad, hermandad mundial, por encima de palabras huecas como globalización mal entendida en que igual sigue habiendo quienes dominan y quienes están bajo su dominio, puesto que únicamente lo que ha cambiado es el plano o la forma en que se ejerce la supremacía de quien tiene el control. Perdón, porque hay que admitir que gracias a la globalización, estamos más hoy que otrora en capacidad de "conocer" y ver más de cerca, aunque sea a través de la pantalla de la televisión o vía Internet, a nuestros/as congéneres con quienes compartimos en forma desigual, este planeta. Lo cual, insistimos, debe generar en toda persona el deseo real de que se produzca una metamorfosis social, que revolucione el mundo para bien.
Cambios, significativos, en todos los planos son necesarios para pasar de las palabras a los hechos.
Así mismo, trabajo colectivo. Nada de islas. Nada de endiosamiento, ni prepotencia, ni patentes de corso para patrocinar la barbarie y la opresión, para condonar la violación de derechos humanos al igual que la sumisión y violencia de que es cómplice hoy día la sociedad.
Vaya si es necesario hacer un alto. La espiral de violencia, el apego por lo material, el poco aprecio por la vida, el jugar a ser dioses/as, son campanadas de alerta que dicen que algo no marcha bien y que no podemos asistir a esta degradación humana impávidas/os.
El día para empezar a caminar en esa dirección hacia la anhelada sociedad inclusiva, justa, pacífica, tolerante y fomentadora de la vida y el aprecio por la naturaleza, pudo haber sido ayer. Pero, en unas áreas se avanzó y en otras se retrocedió a etapas previas a la civilización. Mas, no es momento de lamentarse, así que, cuando hablamos del pasado, que sea sólo como referencia y espacio de aprendizajes para que los errores sean superados. Entonces, nos queda sólo el hoy para edificar el mañana a la medida de las necesidades de la especie y no de unos/as cuantos/as de sus miembros/as más privilegiados/as por las circunstancias, de las que somos madres y padres todos/as.
Hoy, pues, a empezar a colocar los cimientos del mañana que queremos. No esperemos que lo hagan los/as demás por nosotros/as, porque el protagonismo social lo ejercemos todos/as, para bien y para mal. Tanto quien hace como quien muestra apatía como quien deshace. Aunque suene redundante, sí, apáticos/as, hombres y mujeres de acción, teóricos, negligentes, críticos/as, idealistas, porque es la suma de personalidades, culturas, gente. Entonces, triunfo y fracaso son etiquetas sociales que colocan a las personas en un punto de la pirámide social, de la escala de valoración por otros, dan a su autoestima alas o se las cortan. En fin, siempre vamos a encajar en unos aspectos en una categoría y en otros en otra, el asunto es lograr que a la hora de la balanza haya más cosas de qué sentirse satisfechos que aquéllas por las cuales sentirse incómodas/os: ésto a nivel personal y colectivo, porque como somos interdependientes al final nos salvamos todos o nos hundimos todos.
Ya estamos cumpliendo casi el primer trimestre del primer año del Tercer Milenio. Grandes planes se tienen, muchas esperanzas y sueños que pueden convertirse en realidad en la medida en que existan voluntad de cambio, deseos auténticos de para siempre pisar en un terreno sólido en lo que respecta a derechos humanos, respeto a la vida, solidaridad y tolerancia.
Hoy celebramos el Día Internacional de la Mujer. ¡Enhorabuena!. Porque en la fiesta a la que están invitados/as a participar todos/as en nuestra casa común, la Tierra, los ojos y oídos se orientarán hacia el "sexo débil" que ha mostrado por generaciones cuán fuerte es, por el soporte, la paciencia y los logros en condiciones desiguales, con la prevalencia de limitantes de toda índole sobre las que se ha empinado.
Tradicionalmente, como una vez hiciera una analogía una oradora que hablaba sobre enfoque de género, a la mujer le han tocado los huesos. Siempre la pechuga para el hombre. De oro es la ocasión, pues, para unas reflexiones sobre conducta social que deseo compartir con ustedes.
La invitación en el novel siglo es a la búsqueda de la prevalencia de la paz, justicia, libertad, equiparidad, hermandad mundial, por encima de palabras huecas como globalización mal entendida en que igual sigue habiendo quienes dominan y quienes están bajo su dominio, puesto que únicamente lo que ha cambiado es el plano o la forma en que se ejerce la supremacía de quien tiene el control. Perdón, porque hay que admitir que gracias a la globalización, estamos más hoy que otrora en capacidad de "conocer" y ver más de cerca, aunque sea a través de la pantalla de la televisión o vía Internet, a nuestros/as congéneres con quienes compartimos en forma desigual, este planeta. Lo cual, insistimos, debe generar en toda persona el deseo real de que se produzca una metamorfosis social, que revolucione el mundo para bien.
Cambios, significativos, en todos los planos son necesarios para pasar de las palabras a los hechos.
Así mismo, trabajo colectivo. Nada de islas. Nada de endiosamiento, ni prepotencia, ni patentes de corso para patrocinar la barbarie y la opresión, para condonar la violación de derechos humanos al igual que la sumisión y violencia de que es cómplice hoy día la sociedad.
Vaya si es necesario hacer un alto. La espiral de violencia, el apego por lo material, el poco aprecio por la vida, el jugar a ser dioses/as, son campanadas de alerta que dicen que algo no marcha bien y que no podemos asistir a esta degradación humana impávidas/os.
El día para empezar a caminar en esa dirección hacia la anhelada sociedad inclusiva, justa, pacífica, tolerante y fomentadora de la vida y el aprecio por la naturaleza, pudo haber sido ayer. Pero, en unas áreas se avanzó y en otras se retrocedió a etapas previas a la civilización. Mas, no es momento de lamentarse, así que, cuando hablamos del pasado, que sea sólo como referencia y espacio de aprendizajes para que los errores sean superados. Entonces, nos queda sólo el hoy para edificar el mañana a la medida de las necesidades de la especie y no de unos/as cuantos/as de sus miembros/as más privilegiados/as por las circunstancias, de las que somos madres y padres todos/as.
Hoy, pues, a empezar a colocar los cimientos del mañana que queremos. No esperemos que lo hagan los/as demás por nosotros/as, porque el protagonismo social lo ejercemos todos/as, para bien y para mal. Tanto quien hace como quien muestra apatía como quien deshace. Aunque suene redundante, sí, apáticos/as, hombres y mujeres de acción, teóricos, negligentes, críticos/as, idealistas, porque es la suma de personalidades, culturas, gente. Entonces, triunfo y fracaso son etiquetas sociales que colocan a las personas en un punto de la pirámide social, de la escala de valoración por otros, dan a su autoestima alas o se las cortan. En fin, siempre vamos a encajar en unos aspectos en una categoría y en otros en otra, el asunto es lograr que a la hora de la balanza haya más cosas de qué sentirse satisfechos que aquéllas por las cuales sentirse incómodas/os: ésto a nivel personal y colectivo, porque como somos interdependientes al final nos salvamos todos o nos hundimos todos.