Llegó la hora de poner al país por delante
Con el inicio del proceso de divulgación del proyecto de ampliación del Canal, Panamá se sumerge en un debate nacional que significa un punto de inflexión en la historia de la Patria. Por la trascendencia de lo que está en juego para la actual y las futuras generaciones, ha llegado el momento de dejar a un lado mezquindades, intereses políticos, ideológicos y todo género de sectarismos para poner al país por delante. Es la ocasión de sumar voluntades y restar pesimismos. El sistema democrático panameño es tan noble y generoso que permite incluso que aquellos sectores que utilizan sus reglas, pero niegan su eficacia, pretendan aprovecharse de las actuales circunstancias con fines inconfesados.
Desde hace casi un siglo el tema del canal ha despertado los más excelsos sentimientos entre los panameños y unificado a la Nación bajo el peso de los compromisos históricos de su plena recuperación, su administración eficiente y su adecuación con la demanda del comercio mundial. Cuando toca a la puerta la hora de la ampliación de la vía acuática, la administración del presidente Martín Torrijos ha demostrado un gran liderazgo al tratar el asunto como un tema de Estado. Ha convocado a todos los sectores y personalidades que tienen algo que aportar para que en un debate sin exclusiones se analice la forma cómo el canal puede continuar siendo un instrumento insustituible de la navegación mundial.
En la antesala del más trascendental debate nacional, luego de la recuperación de la vía acuática, los encuentros informativos entre Torrijos y la más multicolor dirigencia nacional han permitido poner las bases para lo que debe ser un debate tan pausado como profundo, al igual que transparente y nacionalista. En ese ejercicio no debe haber cabida para posiciones incongruentes con el interés nacional o ajenas a la participación ciudadana. La información técnica, financiera, ambiental, socio comunitaria y de contraste entre costos y beneficios entregada al país, debe confrontarse con el análisis riguroso y la evaluación objetiva de fuentes independientes capaces de contribuir a preservar el activo más preciado de todos los panameños.
El debate no solo debe aportar ideas para que la ciudadanía esté bien informada de lo que está en juego, también debe ser garante de la transparencia en el proceso de respaldo del proyecto. Es un debate en que los elementos técnicos no son el centro de la discusión, sino la viabilidad de un proyecto que pone a prueba a la clase política y las organizaciones de la sociedad en general. Los alcances solo pueden medirse en base a la construcción de la fe pública en el país, sus instituciones y el futuro de Panamá como una Nación con esperanzas y perspectivas para todos.
El debate sobre el proyecto de ampliación del Canal también debe revitalizar el nacionalismo, el amor por la Patria común. Esto resulta fundamental para comprender los fenómenos globales y regionales y para la reivindicación del lugar que Panamá y su canal están llamados a mantener y potenciar en el creciente comercio mundial. En las relaciones internacionales la variable nacional es decisiva. El giro de América Latina hacia la centroizquierda y el papel de gobiernos con agendas de construcción de un Estado de bienestar social, representa el capítulo regional de la revitalización de los nacionalismo a nivel mundial.
El reto como país es cómo situarse en la cada vez más amplia red de configuración mundial y aprovechar sus enormes oportunidades minimizando los riesgos que trae aparejado todo cambio de la civilización. Esa es la variable estratégica que permitirá a Panamá dejar atrás el carácter emergente como Nación y desarrollarse para competir en igualdad de condiciones en el mundo globalizado. Panamá está llamado a ocupar su espacio en la nueva civilización. Y el proyecto de ampliación del Canal es la amalgama que puede unir al país con sentido de futuro por encima de las diferencias de ideas, de identidades y de intereses particulares.
Aproximarse al proyecto de ampliación del Canal representa la ocasión de aunar esfuerzos, con energía y sin derrotismos, con la responsabilidad compartida para demostrarle al mundo que los panameños juntos pueden encontrar soluciones a los grandes desafíos como Nación. La historia de Panamá se ha construido con retazos de gloria, ahora ha llegado el momento de cubrir la Nación con el fulgor blanco de una Patria Nueva en que cada uno de sus hijos está llamado a desempeñar su papel, en democracia, en el debate de ideas, con propuestas, porque el país es de todos y todos deben aportar para su construcción.
Desde hace casi un siglo el tema del canal ha despertado los más excelsos sentimientos entre los panameños y unificado a la Nación bajo el peso de los compromisos históricos de su plena recuperación, su administración eficiente y su adecuación con la demanda del comercio mundial. Cuando toca a la puerta la hora de la ampliación de la vía acuática, la administración del presidente Martín Torrijos ha demostrado un gran liderazgo al tratar el asunto como un tema de Estado. Ha convocado a todos los sectores y personalidades que tienen algo que aportar para que en un debate sin exclusiones se analice la forma cómo el canal puede continuar siendo un instrumento insustituible de la navegación mundial.
En la antesala del más trascendental debate nacional, luego de la recuperación de la vía acuática, los encuentros informativos entre Torrijos y la más multicolor dirigencia nacional han permitido poner las bases para lo que debe ser un debate tan pausado como profundo, al igual que transparente y nacionalista. En ese ejercicio no debe haber cabida para posiciones incongruentes con el interés nacional o ajenas a la participación ciudadana. La información técnica, financiera, ambiental, socio comunitaria y de contraste entre costos y beneficios entregada al país, debe confrontarse con el análisis riguroso y la evaluación objetiva de fuentes independientes capaces de contribuir a preservar el activo más preciado de todos los panameños.
El debate no solo debe aportar ideas para que la ciudadanía esté bien informada de lo que está en juego, también debe ser garante de la transparencia en el proceso de respaldo del proyecto. Es un debate en que los elementos técnicos no son el centro de la discusión, sino la viabilidad de un proyecto que pone a prueba a la clase política y las organizaciones de la sociedad en general. Los alcances solo pueden medirse en base a la construcción de la fe pública en el país, sus instituciones y el futuro de Panamá como una Nación con esperanzas y perspectivas para todos.
El debate sobre el proyecto de ampliación del Canal también debe revitalizar el nacionalismo, el amor por la Patria común. Esto resulta fundamental para comprender los fenómenos globales y regionales y para la reivindicación del lugar que Panamá y su canal están llamados a mantener y potenciar en el creciente comercio mundial. En las relaciones internacionales la variable nacional es decisiva. El giro de América Latina hacia la centroizquierda y el papel de gobiernos con agendas de construcción de un Estado de bienestar social, representa el capítulo regional de la revitalización de los nacionalismo a nivel mundial.
El reto como país es cómo situarse en la cada vez más amplia red de configuración mundial y aprovechar sus enormes oportunidades minimizando los riesgos que trae aparejado todo cambio de la civilización. Esa es la variable estratégica que permitirá a Panamá dejar atrás el carácter emergente como Nación y desarrollarse para competir en igualdad de condiciones en el mundo globalizado. Panamá está llamado a ocupar su espacio en la nueva civilización. Y el proyecto de ampliación del Canal es la amalgama que puede unir al país con sentido de futuro por encima de las diferencias de ideas, de identidades y de intereses particulares.
Aproximarse al proyecto de ampliación del Canal representa la ocasión de aunar esfuerzos, con energía y sin derrotismos, con la responsabilidad compartida para demostrarle al mundo que los panameños juntos pueden encontrar soluciones a los grandes desafíos como Nación. La historia de Panamá se ha construido con retazos de gloria, ahora ha llegado el momento de cubrir la Nación con el fulgor blanco de una Patria Nueva en que cada uno de sus hijos está llamado a desempeñar su papel, en democracia, en el debate de ideas, con propuestas, porque el país es de todos y todos deben aportar para su construcción.