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Llegó Matea


"La Historia de Panamá está impregnada de ambigüedades, contradicciones, confusiones, omisiones, asunciones y mitos", afirmaba atinadamente en reciente conferencia en la Universidad de Panamá, el historiador Alfredo Castillero Calvo. Lo que motiva esta reflexión por parte del connotado académico es, entre otras cosas, el hecho que "se percibe el pasado lejano como un cúmulo de eventos que no tienen que ver con el presente. Y se machaca persistentemente en lo que ha ocurrido desde 1903 para acá como el único pasado que debiera interesarnos. Como si surgiese de la nada y hubiese sido posible sin las varias centurias de experiencias colectivas que lo prepararon".
Traigo a colación la anterior referencia en vista de lo que ha comenzado a darse en nuestra sociedad y, especialmente en algunos medios de comunicación escritos y televisados, con relación a la necesidad de una Asamblea Nacional Constituyente. La lista de ambigüedades, contradicciones, confusiones, omisiones, asunciones y mitos que han puesto en circulación algunos "comunicadores" y, muy especialmente, los fugitivos de la Constituyente, es impresionante e inquietante. Impresionante porque poco les importa torcer la teoría y la propia historia de las asambleas constituyentes que en Panamá y el mundo se hayan dado, pero menos les importa enarbolar las banderas del miedo, con tal de espantar la necesidad de una Constituyente. Inquietante porque son los mismos con las mismas que se han negado a la necesaria recuperación del pasado de nuestra historia dado que -como bien enseña Castillero Calvo: sólo rescatan una mínima parte de lo que encierran los hechos del pasado, porque no siempre están en situación de comprenderlos y, añadiría yo, no les interesa que se conozcan.
Al igual "que la identidad de los pueblos se sustenta sobre la conciencia de su pasado, y que mientras más fuerte es su identidad más sólido es el sentido de historicidad, de pertenencia a un pasado común", la conveniencia y urgencia de una Constituyente se sustenta por los hechos concretos de un presente institucional absolutamente desfasado, de un Estado agotado que requiere ser modernizado con participación de toda la población, sin exclusiones y sin pretensiones de unos pocos privilegiados.
La oportunidad que nos brinda el centenario de la gesta separatista para sentar las bases y los procedimientos necesarios a un verdadero cambio constitucional es única y no podemos desaprovecharla por satisfacer el capricho y la voracidad de unos cuantos de continuar monopolizando el poder. Es por ello que debemos instruirnos y educarnos en el constitucionalismo y los temas constitucionales y evitar así que ciertos medios de comunicación nos inunden con falsedades y alusiones incorrectas sobre la Constituyente, como lo vienen haciendo con la historia patria para favorecer "la proliferación de historiadores y de aficionados a la historia", como bien nos llama la atención Castillero Calvo.
Los fugitivos de la Constituyente se cuidan mucho de plantear argumentos con fundamento para rechazar la Constituyente, rehuyen el debate público y las reflexiones y consideraciones propias de un proceso constituyente, porque prefieren refugiarse en su influencia o control sobre los medios de comunicación, escritos y televisados para poder también aparecer ellos y sus aliados oportunistas, ser los "abanderados" de este particular desfile de superficialidad, como lo hacen con la historia patria de su inventiva en la que, con Castillero Calvo afirmo que: "lo que abunda es la trivia, la historia superficial y anecdótica. La acumulación de cronologías ha suplantado al análisis, el debate rabioso sobre la conducta moral de nuestros antepasados ocupa el lugar que corresponde a la interpretación del contexto, en lugar de biografías se hacen reseñas banales y unidimensionales de personajes conspicuos, se ha reinstaurado la antigua moda de reconstituir historias de familias y linajes, y nuevos mitos y personajes se han sumado al santoral".
Pero se equivocan -nuevamente- quienes creen que nuestra realidad política no admite cambios. Un creciente clamor popular y joven irrumpe en nuestro presente para caminar hacia la Constituyente, pero como actores y no como espectadores dispuestos, sí, a rescatar el pasado pero, sobre todo, decididos a cambiar el presente. Es bueno que se sepa: Con la Constituyente, Llegó Matea!!!

101 años de Panamá América

 
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