Llora, llora, corazón
Soy de fácil reír y sonreír y ahora lo hago con más gusto cuando escucho a Leandro Ávila llorar sin secarse las lágrimas y es que se le acaba su reino que viene de muchos años cuando se valió de la Secretaría General de FENASEP para escalar la posición de Legislador y que ahora casi pierde porque, a la larga o a la corta, se tiene el resultado que se merece. Lo peor de todo es que sus seguidores en posiciones lo han dejado solo porque no veo gran entusiasmo de las actuales autoridades en la lucha que él ha emprendido.
Sr. Ávila, ustedes se sentaron a pensar la manera de amarrar al nuevo gobierno con la Carrera Administrativa y gozaron inmensamente cuando metieron los miles de empleados para que Martinelli los encontrara ocupados. Pero creyeron que los nuevos eran tontos y no encontrarían forma de contrarrestar esa sinvergüencería. ¿Ve, Sr. Ávila cómo hay respuesta a las preguntas? No esperaban que cambiaran la ley y que esa pobre gente a la que ustedes engañaron quedarían fuera de las posiciones. Nuestras acciones deben hacerse como hombres para no tener que llorarlas como niños, porque la honestidad es de hombres y mujeres correctos. Cuando se actúa con doble intención, sale la abuela respondona y usted queda mal ante quienes quiere pasar como héroe.
No tienen derecho a llorar porque su comportamiento no fue de personas con valores suficientes para encontrar resultados positivos. Pero la gente de su partido casi siempre han actuado así y he allí lo que sucede. El comportamiento en la Asamblea deja mucho que desear y desdice de un verdadero caballero. En fin, quien mal anda, mal acaba y usted cojea de una pierna: la honestidad. Ya sé que su problema principal es el miedo a perder su hegemonía que no supo conservar; todo se ve y todo se sabe para reaccionar de acuerdo a las actuaciones de cada uno. Recuerde, a cada cosa que haga, recibirá respuesta, muchas veces no deseadas y allí es donde la falla nos hace caer. Ustedes dañaron el concepto de Carrera Administrativa perjudicando a miles de empleados. Algo que parecía tan bonito, se corrompió con el deseo de perjudicar al gobierno entrante y le salió mal.
No llore como niño y reconozca sus errores que le rebotarán en su cara. Ojo al Cristo que es de palo y aprenda la lección.