Lluvias e inundaciones
Pese a que cada año ocurre lo mismo, las intensas lluvias y las inundaciones que provocan en la ciudad y en otros puntos del país, con damnificados y todo, son presentadas siempre como una novedad, más por los estragos que por la recurrencia. Existe en el hecho, sin embargo, un contrasentido que podría destacar una suerte de masoquismo, de irresponsabilidad y hasta de incapacidad. Nadie apela a adivinanzas para detectar lo que va a suceder, pero nada hace imposible un estudio sobre las localidades en las que siempre ocurre lo mismo. Las aguas siempre buscan los mismos caminos, inundan las mismas áreas; puede que en ocasiones amplíen su cobertura pero, por lo que ha ocurrido tantas veces, es posible señalar el curso con suficiente tiempo de antelación.
Históricas son, por ejemplo, las lagunas frente al estadio Juan Demóstenes Arosemena. Se sabe que cerca queda el curso del río Curundú y que el alcantarillado, así como las costumbres de los lugareños, tienen mucho que ver con lo que allí sucede. Igualmente, en la Vía España o la Avenida Transístmica donde no hay suficiente pendientes, y menos alcantarillados con capacidad. ¿Por qué no se pone en marcha una comisión que estudie el problema y proponga alternativas? ¿Es eso difícil?