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Lo cotidiano en nuestro país


“Panamá” es un término que ha tenido varios significados a lo largo de su historia. Para algunos ha significado abundancia de mariposas, de árboles o de caseríos de pescadores. Pareciera que la última actualización que le ha hecho la “real academia de la lengua”, es que se trata de un país donde casi todo está al revés.

Si tiene alguna duda, dispénsele algunas reflexiones:
En qué país de este planeta azul, los diputados aprueban aportaciones de los ciudadanos de la clase media, para sufragar los gastos de la electricidad de los pobres o financiar proyectos fantasmas  como el 911, sin empezar con disminuirse sus salarios, prebendas y canonjías.

En qué comunidad, dos sectores que van a negociar, se ligan a piedras y palos por un lado, y balas y patadas por el otro, antes de sentarse a fumar la pipa de la paz.

En qué lugar del mundo se comienzan a arreglar, remodelar y pintar las escuelas y colegios, con los estudiantes adentro, una vez que ha empezado el período escolar; y se inicia el arreglo de las calles y se pavimentan senderos tan pronto han empezado las lluvias de invierno.

En cuál sociedad, una vez que se han adjudicado los concursos y licitaciones, y han empezado a dispensarse los bienes y servicios, todo se somete de pronto a un “borrón y cuenta nueva”, como ni nada hubiese pasado, en razón de denuncias reiteradas por aparente falta de transparencia en dichos actos públicos.

En qué república de este planeta los magistrados de la Corte Suprema de Justicia son los que fallan sobre los mismos casos que representaban antes de ser nombrados o los altos dignatarios de las empresas públicas o autónomas, son los principales proveedores de bienes y servicios de ellos mismos, claro está, llenando las formalidades cosméticas .

En qué otra nación, los dirigentes máximos de los partidos políticos deciden cada cinco años (después de haberse contado los votos), a cuál bancada legislativa van a pertenecer o qué puesto público van a ocupar durante el siguiente quinquenio, claro que con la mirada siempre puesta en los mejores intereses del país.

En fin querido lector, no se trata de volcar sentimientos de decepción por las promesas electorales incumplidas por parte de la mayoría de los gobiernos democráticos de la post-invasión. De lo que se trata es que tengamos todos bien claro, ya que en nuestro Panamá casi todo lo que parece ser a primera vista no lo es.

Aquí, en este bello istmo, los títulos, la capacidad, la experiencia, el compromiso y la honestidad son solamente variables recurrentes para juzgar y decidir cuándo por conveniencia, desde la acera de la oposición, hemos de evaluar las decisiones y nombramientos del gobierno de turno.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América