Lo erótico del poder
La democracia sólo alcanza su plena realización cuando cada persona y cada pueblo es capaz de acceder a los bienes primarios (vida, comida, agua, salud, educación, trabajo, certeza de los derechos) a través de un ordenamiento de las relaciones internas e internacionales que asegure a cada quien la posibilidad de participar. Y sólo puede haber auténtica justicia social en una perspectiva de genuina solidaridad, que comprometa a vivir y a trabajar siempre los unos por los otros, y nunca los unos contra o en perjuicio de los otros. Estamos viviendo un mundo materialista, en el que vemos un predominio del tener sobre el ser.
Los hombres y mujeres deben tener presente que la defensa de las normas morales universales e inmutables constituye un servicio que no sólo prestan a las personas, sino también a la sociedad en su conjunto; esas normas constituyen el fundamento inquebrantable y la sólida garantía de una justa y pacífica convivencia humana y, por tanto, de una verdadera democracia. Estos valores no pueden basarse en una opinión cambiante.
Sobre la democracia, yo haría un diagnóstico de los problemas que me preocupan. En primer lugar, lo erótico del poder: Cuando alguien llega al poder, le coge gusto, porque manda; y, siente una atracción y excitación muy intensas ante ciertas cosas como el despotismo, el dinero, la seducción por la fama, la obstinación y el protagonismo. Estas características pueden hacer que la persona fácilmente se convierta en un tirano. El peligro está en los serviles: Aquellos pegajosos y gorrones que permanentemente están a su alrededor y que le aplauden todos sus delirios.
En segundo lugar, la soberbia, es aquel o aquella que se cree más que los demás, posee un sentimiento de superioridad ocultando más bien un sentimiento de inferioridad y los políticos necesitan una dosis de humildad para restaurar la idea clásica de servicio público; y, por último, los cambios generacionales, estamos instalados en una cultura retardada que pareciera no darle oportunidad a los nuevos y virtuosos hombres y mujeres con capacidad de compromiso con la dimensión social, política y cívica del país.
Opino que, para hacer un diagnóstico de los problemas de la democracia, se deben tener en cuenta tres ideas: a) Restaurar la afectividad que debe tener la política y ser capaz de aproximarse al ser humano concretamente; b) aumentar la tolerancia del respeto a la diversidad como valor positivo; c) tener presente el equilibrio entre la persona y la comunidad. El individuo no es estrictamente material, sino que es una persona dotada de dignidad con voluntad de trascender en este mundo para los otros formando comunidad.
En conclusión, reafirmando los lazos comunitarios en nuestros hogares y en cualquier lugar de nuestro país se podrá mejorar sustancialmente la democracia, porque también mejorarán las personas.
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