Lo externo de lo interno
Al lector quisiera confesar que las líneas que a continuación siguen, las he consultado con miembros del Consejo Nacional de Soberanía y Paz. Ellos han contribuido a estas reflexiones que intentan orientarnos y desentrañar cómo el complicado panorama nacional está determinado en gran medida desde afuera. Nadie podría negar los profundos cambios en las relaciones internacionales. El equilibrio disuasivo de la guerra fría, que permitió al Tercer Mundo afirmar su identidad nacional -al no pertenecer a ningún bloque-, ha desaparecido en aras del poder, aparentemente universal, de Estados Unidos. Si el horror nuclear no era deseable, lo de ahora tampoco lo es: la dependencia con respecto a EUA ha hecho al mundo más inestable y vulnerable, porque no existen compartimentos que pudieran proteger a cada país de los efectos de una crisis local en esa nación. Los sueños de extensión de la democracia y el bienestar han sido negados desde el mismo centro que lo demandaba.
El mundo es más injusto hoy y esto le hace daño a los propios norteamericanos, exponiéndoles, a una inseguridad autoprovocada. El desempleo, la falta de futuro y la drogadicción son el fenómeno sentido en Estados Unidos por la re-importación del ambiente internacional creado por ellos mismos. Frente a la integración del mercado y del conocimiento, hechos incontestables, surge la necesidad de crear las compensaciones que lleven el ambiente objetivo, hasta niveles aceptables a los valores universales. En consecuencia las identidades nacionales, basadas en valores humanos y familiares, deben protegerse en beneficio de la humanidad.
Panamá no escapa a estas necesidades. La lucha por la integración territorial, para ponerla al servicio del pueblo, no ha impregnado aún la vida material y social de toda la nación. Un caso de falta de integración son las políticas de mantener al patrimonio canalero e interoceánico como islas autárquicas, no vinculadas al desarrollo y la seguridad de la nación panameña. Ejemplo de ello son las políticas de tránsito por el Canal. Es lógico que una empresa de propósitos comerciales deba aceptar la priorización del tránsito. No obstante esta lógica, vinculada a la historia transitista del país y su posición en la división internacional del trabajo, no puede permitirse el desatino de aceptar tránsitos peligrosos sólo por priorizar la atención al cliente. En la actividad comercial se practica el derecho a aceptar, o no, el riesgo o cliente inapropiado, pero esta lógica no es considerada por los administradores del canal. La argumentación, de que no cabe la posibilidad de prohibir carga nuclear civil si se permite la militar, ignora la posibilidad de construir un mundo de paz conquistando parcelas de seguridad. El logro de la total desnuclearización del Canal irá de la mano con la revisión del status de neutralidad condicionada pactado en la actualidad. Negar estas posibilidades es dar la espalda a la trayectoria de perfeccionamiento de la independencia nacional, sobre la base de conquistas eslabonadas y progresivas, concretada en los TTC. Esta actitud contumaz es tremendamente antinacional, e incurre en el delito de extralimitación de funciones, porque no es atribución de la Autoridad del Canal poner en juego la seguridad de las poblaciones aledañas a la vía.
Otro aspecto de esta realidad es la adulteración de los logros internacionales logrados por nuestro país para configurar su perfil de estado independiente. Los complementos, y añadidos que permitan a Estados Unidos tener presencia extraterritorial en nuestro suelo no le conviene a Panamá, tampoco le conviene al pueblo norteamericano, por cuanto cosmetizan la tiranía de las transnacionales bajo la forma de acuerdos contra demonios necesarios para el sistema; no le conviene a la seguridad jurídica del Panamá, ni de sus nacionales. La lengua castellana es rica en recursos para maquillar una actitud, pero una palabra define el resultado: traición.
El deterioro internacional favorece a la mafia armamentista. No se trata sólo de drogas, sino de intereses a los cuales no les importa la sangre con tal de hacer negocios. El panameño debe saber que, esta mafia está a la cabeza de los negocios; también que la guerra en Colombia, el apoyo al golpismo pinochetistas en Venezuela y la reocupación militar de nuestro país postergarán la lucha por el progreso social. Es un momento peligroso, por la presencia en la Subsecretaría Hemisférica de Otto Reich, conocido por sus intrigas contra las corrientes latinoamericanas de proyección social.
La otanización o balcanización es una fuente de calamidades, por ello debemos rechazar toda fuerza internacional para la región, porque terminaría poniendo bajo su protección el Canal de Panamá. La experiencia donde Estados Unidos logró obtener de la ONU la creación de zonas e exclusión de soberanía en Irak, bajo pretexto de la creación de áreas protegidas para grupos cuyos intereses estaban fuera de la soberanía es aleccionadora, porque estas zonas de exclusión nunca revirtieron a sus dueños originales. La soberanía (mal que le pesa a Fox) todavía será un valor vigente en el mundo del futuro. Por ello advertimos que la corrupción y la traición encubren la complacencia hacia el gobierno norteamericano para despojar al pueblo del disfrute de sus conquistas, en un "joint venture" donde ellos retomarán la facultad de usar nuestro territorio, mientras los oligarcas se quedan con las áreas canaleras que no son de interés yanqui. Hay que observar, nada más, las dificultades que encuentran los proyectos de dar a Howard-Kobee un desarrollo productivo: pareciera una conspiración para engavetar proyectos y reservar el área para un regreso esperado. Hay en juego una gigantesca piñata; es decir, más traición.
(juancarlosmas@hotmail.com)
El mundo es más injusto hoy y esto le hace daño a los propios norteamericanos, exponiéndoles, a una inseguridad autoprovocada. El desempleo, la falta de futuro y la drogadicción son el fenómeno sentido en Estados Unidos por la re-importación del ambiente internacional creado por ellos mismos. Frente a la integración del mercado y del conocimiento, hechos incontestables, surge la necesidad de crear las compensaciones que lleven el ambiente objetivo, hasta niveles aceptables a los valores universales. En consecuencia las identidades nacionales, basadas en valores humanos y familiares, deben protegerse en beneficio de la humanidad.
Panamá no escapa a estas necesidades. La lucha por la integración territorial, para ponerla al servicio del pueblo, no ha impregnado aún la vida material y social de toda la nación. Un caso de falta de integración son las políticas de mantener al patrimonio canalero e interoceánico como islas autárquicas, no vinculadas al desarrollo y la seguridad de la nación panameña. Ejemplo de ello son las políticas de tránsito por el Canal. Es lógico que una empresa de propósitos comerciales deba aceptar la priorización del tránsito. No obstante esta lógica, vinculada a la historia transitista del país y su posición en la división internacional del trabajo, no puede permitirse el desatino de aceptar tránsitos peligrosos sólo por priorizar la atención al cliente. En la actividad comercial se practica el derecho a aceptar, o no, el riesgo o cliente inapropiado, pero esta lógica no es considerada por los administradores del canal. La argumentación, de que no cabe la posibilidad de prohibir carga nuclear civil si se permite la militar, ignora la posibilidad de construir un mundo de paz conquistando parcelas de seguridad. El logro de la total desnuclearización del Canal irá de la mano con la revisión del status de neutralidad condicionada pactado en la actualidad. Negar estas posibilidades es dar la espalda a la trayectoria de perfeccionamiento de la independencia nacional, sobre la base de conquistas eslabonadas y progresivas, concretada en los TTC. Esta actitud contumaz es tremendamente antinacional, e incurre en el delito de extralimitación de funciones, porque no es atribución de la Autoridad del Canal poner en juego la seguridad de las poblaciones aledañas a la vía.
Otro aspecto de esta realidad es la adulteración de los logros internacionales logrados por nuestro país para configurar su perfil de estado independiente. Los complementos, y añadidos que permitan a Estados Unidos tener presencia extraterritorial en nuestro suelo no le conviene a Panamá, tampoco le conviene al pueblo norteamericano, por cuanto cosmetizan la tiranía de las transnacionales bajo la forma de acuerdos contra demonios necesarios para el sistema; no le conviene a la seguridad jurídica del Panamá, ni de sus nacionales. La lengua castellana es rica en recursos para maquillar una actitud, pero una palabra define el resultado: traición.
El deterioro internacional favorece a la mafia armamentista. No se trata sólo de drogas, sino de intereses a los cuales no les importa la sangre con tal de hacer negocios. El panameño debe saber que, esta mafia está a la cabeza de los negocios; también que la guerra en Colombia, el apoyo al golpismo pinochetistas en Venezuela y la reocupación militar de nuestro país postergarán la lucha por el progreso social. Es un momento peligroso, por la presencia en la Subsecretaría Hemisférica de Otto Reich, conocido por sus intrigas contra las corrientes latinoamericanas de proyección social.
La otanización o balcanización es una fuente de calamidades, por ello debemos rechazar toda fuerza internacional para la región, porque terminaría poniendo bajo su protección el Canal de Panamá. La experiencia donde Estados Unidos logró obtener de la ONU la creación de zonas e exclusión de soberanía en Irak, bajo pretexto de la creación de áreas protegidas para grupos cuyos intereses estaban fuera de la soberanía es aleccionadora, porque estas zonas de exclusión nunca revirtieron a sus dueños originales. La soberanía (mal que le pesa a Fox) todavía será un valor vigente en el mundo del futuro. Por ello advertimos que la corrupción y la traición encubren la complacencia hacia el gobierno norteamericano para despojar al pueblo del disfrute de sus conquistas, en un "joint venture" donde ellos retomarán la facultad de usar nuestro territorio, mientras los oligarcas se quedan con las áreas canaleras que no son de interés yanqui. Hay que observar, nada más, las dificultades que encuentran los proyectos de dar a Howard-Kobee un desarrollo productivo: pareciera una conspiración para engavetar proyectos y reservar el área para un regreso esperado. Hay en juego una gigantesca piñata; es decir, más traición.
(juancarlosmas@hotmail.com)