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Lo hacemos por amor


"Lo hacemos por amor profesor", me dijo la jovencita de trece años. Los compañeros hicieron un estrépito en el salón. Ella se sintió abochornada ante mí. Le dije no te preocupes, tal vez hay varios que dirían lo mismo que tú. Después que los ánimos se calmaron le pregunté: ¿Tú sabes qué es el amor?

Un joven, del mismo grupo, me preguntó: "Profesor, ¿existe el amor verdadero?". Estaba pasando por una decepción amorosa. Yo lo sabía. Pero no le hablé de ella. Conocía la sinceridad de su búsqueda. Es un joven de una familia que le ha inculcado elevados valores. Su novia y uno de sus "mejores amigos" lo habían traicionado. ¿Qué le digo? "¿Cuántas veces has visto que tus padres se han tenido que perdonar?", le pregunté. "Muchas profesor", me dijo. Estoy seguro que el de tus padres es amor verdadero. No hay amor sin perdón; el perdón es el nivel más elevado de amor.

Los jóvenes y los no tan jóvenes esgrimimos que tenemos sexo por amor. Creo que fue el año pasado que se presentaba una película titulada "Sexo con amor". No la vi, pero leyendo la sinopsis se entiende que se da lo contrario. Mis alumnos dicen que ellos lo hacen por amor. ¿Qué es el amor?, les volví a preguntar.

En otro salón de séptimo grado (once años de edad) discutíamos sobre la familia, y salió el tema de matrimonios de personas del mismo sexo. Varios niños decían: "Profesor eso es un tipo de amor". Yo salí un poco contrariado del salón. Pero ese no es el tema de hoy. La pregunta que me hago: ¿Es una relación homosexual también amor? Creo haber respetado a todos los hermanos y hermanas que he conocido y que viven su condición homosexual, pero me pregunto: ¿es amor?

El amor es algo tan fuerte, pero a la vez tan delicado, frágil. El padre Cantalamessa dice que hay dos maneras de demostrar amor: Dando cosas, dándose a la persona amada y sufrir ella. Cuando escribo esto pienso en mi capacidad de amar, de ser fiel. Y claro que veo mi propia debilidad. ¿Seré capaz de ser fiel a mis compromisos de amor? Hace unos años me preguntaba si de verdad tenía fe: "¿No será que busco a Dios por interés para que me dé cosas?". Lo mismo podría decir del amor: ¿No seré un gran egoísta que sólo me busco a mí mismo?

San Agustín decía que la medida del amor es "amar sin medida"; "dar hasta que duela", decía Madre Teresa. Es hora de dejar que hable el Apóstol de los Gentiles y contrastemos nuestro amor: "El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta".

101 años de Panamá América

 
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