Lo polticamente correcto
Mas allá de las rivalidades políticas entre el gobierno y la oposición para ganar adeptos y simpatizantes, lo correcto para ambos grupos hubiese sido aprovechar el momento histórico para fraguar un gran diálogo nacional en busca de acuerdos y consensos en materias trascendentales para el futuro del país como son la salud, la educación, la seguridad social, en fin, sobre el Panamá que en esencia queremos ser y debemos ayudar a construir.
Pero las elecciones hacen ver estos propósitos como meros espejismos políticos, ya que hasta el mismo presidente de la República, Martín Torrijos, en su informe del 1 de septiembre, dijo que "...la cercanía del período electoral les afecte los sentidos". Claro que estaba refiriéndose únicamente a la oposición, sin embargo, esto mismo es igualmente aplicable a la alianza de gobierno en el poder.
Pero pareciera que nadie está dispuesto a hacer lo políticamente correcto: pensar únicamente en el beneficio nacional y no en sacar provecho coyuntural con fines electorales excluyentes e insolidarios con las grandes necesidades del pueblo. No obstante, así como van las cosas, estos temas parecen que tendrán como destino el "sótano institucional" para ocultar lo relevante: nada harán todos los políticos en los 22 meses que les queda antes de las próximas elecciones. Así las cosas, desde ya los analistas podrían agregar a su lista de "objetivos no alcanzados" en Panamá el mejoramiento de la calidad de la educación, la salud y la seguridad ciudadana.
En este contexto el electorado pensante, aquel que no es el típicamente adicto a las fiestas partidistas, podría sumar sus voluntades para exigirle a los potenciales candidatos un reconocimiento de culpas, válido para la oposición como para los funcionarios en el poder, pues hoy día estamos lo suficientemente conscientes que en democracia estos derechos de "rendición de cuentas" no son sólo una iniciativa gubernamental, sino más bien la fuerza moral de toda una nación libre y democrática. No perdemos entonces las esperanzas, pues tiempo para enmendar siempre hay.