Lo que arriesgamos en Darién
En forma creciente, la comunidad nacional se está dando cuenta de la magnitud de lo que se arriesga en Darién por falta, en parte, de una adecuada vigilancia y control de nuestras fronteras. No sólo está en juego nuestra soberanía territorial, sino la existencia de los moradores de aquellas áreas que la han habitado por muchísimo tiempo. Tal es el caso de las comunidades kunas de Púcuro y Paya, próximas a nuestra frontera con Colombia, con 860 habitantes en conjunto, según el último Censo de Población y Vivienda de 2000. Insistimos en hablar del Darién panameño, que incluye la provincia de Darién, la Comarca Emberá Wounaan y, desde julio de 2000, la Comarca de Wargandí. Esta región viene a representar un 22% de nuestro territorio nacional conforme los datos que suministran la Contraloría General de la República y el Instituto Tommy Guardia. Este porcentaje altamente significativo de nuestro territorio -sin exageración- corre riesgo de ser perdido de distintas maneras.
La toma de conciencia de la comunidad nacional en relación a la situación anómala y lesiva a nuestro país, existente en la frontera colombo-panameña, lo refleja el hecho que desde que se produjeron los asesinatos de los cuatro dirigentes tradicionales kunas de Paya y Púcuro, a finales de la tercera semana del mes de enero, los medios de comunicación social le han dado prominencia. Estos asesinatos perpetrados por irregulares colombianos apuntan a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Este despliegue informativo tira por tierra la infame afirmación, expresada por algunos, de que "en Darién no pasa nada", y pasa droga, arma y se genera violencia asesina.
En esta oportunidad, como en otras relativas a Darién, nuestros medios de comunicación social jugaron un papel determinante a tal punto que arribaron al lugar de los hechos mucho antes que nuestras autoridades competentes. La Prensa, en su columna editorial del 22 de enero, señala categórica que "la crisis más grave que vive el país no es el déficit fiscal, la falta de inversión extranjera, el aumento de la brecha entre ricos y pobres ni la escasez de agua potable en comunidades rurales y poblado: el problema mayor está en Darién". Agregamos, además, que es el problema mayor porque está de por medio nuestra soberanía. Y no cabe aquí las seudo interpretaciones de soberanía que ya hemos comenzado a escuchar.
Como panameño, oriundo en este caso de Darién, durante todos estos años he mantenido constante mi preocupación por el tema darientita en general y, en particular, por la existencia de la guerra civil colombiana y el efecto de la misma en el desarrollo humano sostenible de esta región panameña.
Frente a la guerra civil al otro lado de nuestra frontera oriental, consideramos que Panamá, en un acto de solidaridad internacional, debe participar en todo aquello que contribuya al logro de la paz en la hermana república de Colombia; pero esta actitud solidaria de nuestro país no debe involucrarnos en ningún momento con la guerra civil colombiana. Debemos estar alertas en defensa de nuestra soberanía y seguridad de todos los que en nuestro territorio conviven. No propugnamos por posturas chauvinistas, sino llana y sencillamente defender lo nuestro y, fundamentalmente, la vida de los panameños y de aquellos que no siéndolo, estén en nuestro territorio, lo que lamentablemente no está ocurriendo.
No hay dudas que ha faltado capacidad por parte de las autoridades responsables de enfrentar a tiempo el problema en su conjunto. Y a la cabeza de éstas está, por supuesto, la Excelentísima Señora Presidenta de la República, ya que las autoridades policiales, diplomáticas y de seguridad dependen de ella. No es el caso preguntarle -como reza el conocido proverbio- al más tonto quién es Dios. Por ejemplo, no contribuyó en nada la presencia coyuntural, insulsa y aguada de la Presidenta de la República en el área limítrofe con Colombia, pues la misma no obedeció a una acción planificada. O, de existir un destacamento de la policía fronteriza en Púcuro o Paya, llevarle como mínimo un mensaje como jefa de nuestra Fuerza Pública a sus integrantes. Pero como este destacamento no existe, tal mensaje no se produjo.
En otras palabras, nuestra presidenta fue portadora de desencanto y no de esperanza, porque los moradores del área, con toda justificación, desconfían de la continuidad de la asistencia prometida. Y que no se utilice la muletilla gastada de que la culpa es del gobierno anterior. Este gobierno ha utilizado, del período para el cual fue electo, 41 meses lo que representa más del 68% del mismo.
Otro aspecto es el manejo de la ayuda humanitaria. Esta debe darse, oportunamente, pero el transporte de ella debe realizarse sin utilizar helicópteros de las fuerzas armadas estadounidenses. ¿No estaremos haciéndole el juego a los que sacarían provecho involucrando activamente a Panamá en la guerra civil colombiana? Que se adquieran helicópteros por parte del Gobierno Nacional. Se han tenido 41 meses para realizar esta adquisición. Recomendamos que de los ingresos que obtiene el Estado del Canal de Panamá, se obtengan los recursos para adquirir todos los helicópteros que sean necesarios e, igualmente, se utilice la misma fuente de recurso para capacitar y equipar cada vez más a nuestra policía de frontera. Cualquier gasto está plenamente justificado ya que lo que se arriesga en Darién es la integridad del estado panameño.
Ya se tiene conocimiento de algunos casos en que algunos de los cubanos que aparecen en la extensa lista desean ingresar al país mientras el tirano se encuentra allí y se le ha dado a escoger entre regresar a Miami en el siguiente vuelo disponible, o quedarse detenido hasta que el tirano abandone ese territorio.
Para salvar este inconveniente, Gaspar y Luis, quienes saben muy bien que su nombre encabeza la famosa "lista negra" anticastrista, decidieron entrar a Panamá en forma encubierta, con nombres supuestos, para evitar ser detectados y quizás perseguidos por los matones del tristemente célebre Departamento América de la inteligencia cubana, a los que ellos mismos identifican como killers.
De igual manera, considerando las medidas de seguridad que habría en los aeropuertos del país con motivo de la Cumbre, toman la decisión de ingresar a Panamá por Paso Canoas, el puesto fronterizo que comunica al país con Costa Rica por vía terrestre. Estaban seguros de que las autoridades de los aeropuertos tendrían fotografías suyas, al igual que conocían las amenazas de muerte que pendían sobre ellos por parte de los castrocomunistas. Por algo en el cuerpo de Posada Carriles están marcados los impactos de ocho balas calibre 45, como mejor testimonio de sus aprensiones.
Había otro motivo que favorecía la decisión de ingresar por Paso Canoa, y es el de que ellos contaban con un amigo común en la provincia de Chiriquí, de quien habían sabido que se encontraba mal de salud, por lo que la ocasión se presentaba oportuna para hacerle una visita.
Gaspar Jiménez y Luis Posada acordaron traer con ellos a Panamá a Guillermo Novo Sampol y a Pedro Remón, quienes entrarían al país con su documentación estadounidense, pues si se presentaba la ocasión de viajar con el desertor en un vuelo comercial, ellos serían los encargados de cumplir esa parte de la misión: de no ser así, se adoptaría el plan original, que era el de ser recogidos por un avión particular, después de mantenerse escondidos durante un tiempo prudencial. Otra de las opciones era llegar a la embajada norteamericana, algo que veían muy arriesgado, pues sería el primer lugar que bloquearían los secuaces de Castro.
Por esas fechas, me encontraba en Atlanta, Georgia, asistiendo a un seminario que nos ofrecía capacitación, tanto a mí como a mi empresa, para desarrollar los enlaces técnicos necesarios con el fin de establecer enlaces comerciales y técnicos con clientes de Estados Unidos, Puerto Rico, México, Argentina y Brasil. Desde esa ciudad realicé un apresurado viaje para reunirme con Gaspar Jiménez, en San José de Costa Rica, con el propósito de volar juntos hasta Panamá y poder brindar el apoyo esencial que se requería para la recepción de uno o más desertores de la escolta de Fidel Castro que habían planeado desertar durante su corta estancia en la tierra de Omar Torrijos.
Gaspar Jiménez me esperó en el Hotel Best Western, de San José, en donde pernoctamos antes de seguir viaje hacia la frontera con Panamá. A las seis y media del día siguiente salimos del aeropuerto Juan Santamaría con rumbo a Coto 47.
El pequeño bimotor de Sansa cruzó los cielos costarricenses sobrevolando lo que aparentaba ser una alfombra de selva inhóspita, mientras que en el estrecho espacio de la cabina nos disputábamos el escaso oxígeno disponible, lo que provocó que Jiménez padeciera una severa disfonía, secuela de una dolencia cardíaca que lo afecta desde hace tiempo. Luego de una hora y cuarto, divisamos en la distancia un claro en el que muy pronto distinguimos un pequeño y desolado aeropuerto, a poca distancia de la frontera panameña. Continúa mañana
La toma de conciencia de la comunidad nacional en relación a la situación anómala y lesiva a nuestro país, existente en la frontera colombo-panameña, lo refleja el hecho que desde que se produjeron los asesinatos de los cuatro dirigentes tradicionales kunas de Paya y Púcuro, a finales de la tercera semana del mes de enero, los medios de comunicación social le han dado prominencia. Estos asesinatos perpetrados por irregulares colombianos apuntan a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Este despliegue informativo tira por tierra la infame afirmación, expresada por algunos, de que "en Darién no pasa nada", y pasa droga, arma y se genera violencia asesina.
En esta oportunidad, como en otras relativas a Darién, nuestros medios de comunicación social jugaron un papel determinante a tal punto que arribaron al lugar de los hechos mucho antes que nuestras autoridades competentes. La Prensa, en su columna editorial del 22 de enero, señala categórica que "la crisis más grave que vive el país no es el déficit fiscal, la falta de inversión extranjera, el aumento de la brecha entre ricos y pobres ni la escasez de agua potable en comunidades rurales y poblado: el problema mayor está en Darién". Agregamos, además, que es el problema mayor porque está de por medio nuestra soberanía. Y no cabe aquí las seudo interpretaciones de soberanía que ya hemos comenzado a escuchar.
Como panameño, oriundo en este caso de Darién, durante todos estos años he mantenido constante mi preocupación por el tema darientita en general y, en particular, por la existencia de la guerra civil colombiana y el efecto de la misma en el desarrollo humano sostenible de esta región panameña.
Frente a la guerra civil al otro lado de nuestra frontera oriental, consideramos que Panamá, en un acto de solidaridad internacional, debe participar en todo aquello que contribuya al logro de la paz en la hermana república de Colombia; pero esta actitud solidaria de nuestro país no debe involucrarnos en ningún momento con la guerra civil colombiana. Debemos estar alertas en defensa de nuestra soberanía y seguridad de todos los que en nuestro territorio conviven. No propugnamos por posturas chauvinistas, sino llana y sencillamente defender lo nuestro y, fundamentalmente, la vida de los panameños y de aquellos que no siéndolo, estén en nuestro territorio, lo que lamentablemente no está ocurriendo.
No hay dudas que ha faltado capacidad por parte de las autoridades responsables de enfrentar a tiempo el problema en su conjunto. Y a la cabeza de éstas está, por supuesto, la Excelentísima Señora Presidenta de la República, ya que las autoridades policiales, diplomáticas y de seguridad dependen de ella. No es el caso preguntarle -como reza el conocido proverbio- al más tonto quién es Dios. Por ejemplo, no contribuyó en nada la presencia coyuntural, insulsa y aguada de la Presidenta de la República en el área limítrofe con Colombia, pues la misma no obedeció a una acción planificada. O, de existir un destacamento de la policía fronteriza en Púcuro o Paya, llevarle como mínimo un mensaje como jefa de nuestra Fuerza Pública a sus integrantes. Pero como este destacamento no existe, tal mensaje no se produjo.
En otras palabras, nuestra presidenta fue portadora de desencanto y no de esperanza, porque los moradores del área, con toda justificación, desconfían de la continuidad de la asistencia prometida. Y que no se utilice la muletilla gastada de que la culpa es del gobierno anterior. Este gobierno ha utilizado, del período para el cual fue electo, 41 meses lo que representa más del 68% del mismo.
Otro aspecto es el manejo de la ayuda humanitaria. Esta debe darse, oportunamente, pero el transporte de ella debe realizarse sin utilizar helicópteros de las fuerzas armadas estadounidenses. ¿No estaremos haciéndole el juego a los que sacarían provecho involucrando activamente a Panamá en la guerra civil colombiana? Que se adquieran helicópteros por parte del Gobierno Nacional. Se han tenido 41 meses para realizar esta adquisición. Recomendamos que de los ingresos que obtiene el Estado del Canal de Panamá, se obtengan los recursos para adquirir todos los helicópteros que sean necesarios e, igualmente, se utilice la misma fuente de recurso para capacitar y equipar cada vez más a nuestra policía de frontera. Cualquier gasto está plenamente justificado ya que lo que se arriesga en Darién es la integridad del estado panameño.
Ya se tiene conocimiento de algunos casos en que algunos de los cubanos que aparecen en la extensa lista desean ingresar al país mientras el tirano se encuentra allí y se le ha dado a escoger entre regresar a Miami en el siguiente vuelo disponible, o quedarse detenido hasta que el tirano abandone ese territorio.
Para salvar este inconveniente, Gaspar y Luis, quienes saben muy bien que su nombre encabeza la famosa "lista negra" anticastrista, decidieron entrar a Panamá en forma encubierta, con nombres supuestos, para evitar ser detectados y quizás perseguidos por los matones del tristemente célebre Departamento América de la inteligencia cubana, a los que ellos mismos identifican como killers.
De igual manera, considerando las medidas de seguridad que habría en los aeropuertos del país con motivo de la Cumbre, toman la decisión de ingresar a Panamá por Paso Canoas, el puesto fronterizo que comunica al país con Costa Rica por vía terrestre. Estaban seguros de que las autoridades de los aeropuertos tendrían fotografías suyas, al igual que conocían las amenazas de muerte que pendían sobre ellos por parte de los castrocomunistas. Por algo en el cuerpo de Posada Carriles están marcados los impactos de ocho balas calibre 45, como mejor testimonio de sus aprensiones.
Había otro motivo que favorecía la decisión de ingresar por Paso Canoa, y es el de que ellos contaban con un amigo común en la provincia de Chiriquí, de quien habían sabido que se encontraba mal de salud, por lo que la ocasión se presentaba oportuna para hacerle una visita.
Gaspar Jiménez y Luis Posada acordaron traer con ellos a Panamá a Guillermo Novo Sampol y a Pedro Remón, quienes entrarían al país con su documentación estadounidense, pues si se presentaba la ocasión de viajar con el desertor en un vuelo comercial, ellos serían los encargados de cumplir esa parte de la misión: de no ser así, se adoptaría el plan original, que era el de ser recogidos por un avión particular, después de mantenerse escondidos durante un tiempo prudencial. Otra de las opciones era llegar a la embajada norteamericana, algo que veían muy arriesgado, pues sería el primer lugar que bloquearían los secuaces de Castro.
Por esas fechas, me encontraba en Atlanta, Georgia, asistiendo a un seminario que nos ofrecía capacitación, tanto a mí como a mi empresa, para desarrollar los enlaces técnicos necesarios con el fin de establecer enlaces comerciales y técnicos con clientes de Estados Unidos, Puerto Rico, México, Argentina y Brasil. Desde esa ciudad realicé un apresurado viaje para reunirme con Gaspar Jiménez, en San José de Costa Rica, con el propósito de volar juntos hasta Panamá y poder brindar el apoyo esencial que se requería para la recepción de uno o más desertores de la escolta de Fidel Castro que habían planeado desertar durante su corta estancia en la tierra de Omar Torrijos.
Gaspar Jiménez me esperó en el Hotel Best Western, de San José, en donde pernoctamos antes de seguir viaje hacia la frontera con Panamá. A las seis y media del día siguiente salimos del aeropuerto Juan Santamaría con rumbo a Coto 47.
El pequeño bimotor de Sansa cruzó los cielos costarricenses sobrevolando lo que aparentaba ser una alfombra de selva inhóspita, mientras que en el estrecho espacio de la cabina nos disputábamos el escaso oxígeno disponible, lo que provocó que Jiménez padeciera una severa disfonía, secuela de una dolencia cardíaca que lo afecta desde hace tiempo. Luego de una hora y cuarto, divisamos en la distancia un claro en el que muy pronto distinguimos un pequeño y desolado aeropuerto, a poca distancia de la frontera panameña. Continúa mañana