Lo que desconocemos de la mujer (III)
La mujer también necesita desarrollar una espiritualidad profunda con un encuentro con Cristo para aprender que es digna por sí misma y no es menos que el hombre. Ella debe comprender que los dos sexos son complementarios y que debe darse a respetar para ser respetada. El hombre y la mujer deben mantenerse en el plano de un respeto total, aceptando que, aunque son diferentes, son iguales en dignidad.
La mujer debe entender que ella vale por si misma y sus atributos físicos deben quedar muy en segundo lugar. Su actitud no debe ser nunca la de utilizar la belleza corporal para cazar a un varón que la sostenga y la apoye económicamente en la casa; sino en la de prepararse bien, intelectual y académicamente para sostenerse ella misma. Si llega la oportunidad de realizar un buen matrimonio, bien, y si no se da esto, ella puede continuar su camino desarrollándose sola plenamente.
La mujer que comprende lo que vale tiene que exigir respeto y no dejarse utilizar en los medios de publicidad de esa manera tan indigna y absurda, en la que jovencitas se prestan a las cosas más descabelladas para "realizarse" o ganar un poco de dinero. Tienen que ser las mismas mujeres las que se rebelen y no permitan que les hagan más daño.
La mujer tiene que saber que vale por sus cualidades y resistirse totalmente a ser un objeto sexual. Repito, resistirse totalmente a ser un objeto sexual. Mientras no lo haga, causará retrocesos en la evolución positiva de la humanidad en donde la mujer al fin empieza a destacar como tiene que ser. Es voluntad del Señor que la mujer ocupe un papel central en la marcha del mundo hacia una mayor perfección y eso se logrará en la medida en que todos nos unamos al Dios de la Vida con quien somos ¡invencibles!