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Lo que desconocemos de la mujer (III)


Este pecado de marginación y ultraje de la mujer es impresionante y todos tenemos algo de culpabilidad, unos por actuar y otros por callarnos. Tristemente tiene como aliada a la mujer, quien es cómplice de esto a través de su silencio y sumisión; porque ella ha adquirido cómodamente el hábito de ser la que está en el segundo lugar. Sabemos que detrás de todo esto está Satanás. ¿Por qué? Porque la mujer es eje de la familia y la sociedad. La mujer es la que mantiene en la casa el ambiente de ternura, acogiendo en su corazón la vulnerabilidad, el cansancio, el agobio de su esposo, hijos e hijas. Es la que imprime los valores, las costumbres buenas y el ambiente de hogar. Entonces, atacar a la madre es destruir la familia.

Gran parte del problema se solucionará si la mujer despertara y comprendiera, sintiera y creyera que ella es merecedora de todo el respeto, porque es igual al varón en dignidad y que las diferencias biológicas y psicológicas jamás determinan un segundo lugar. La mujer también necesita desarrollar una espiritualidad profunda con un encuentro con Cristo para aprender que es digna por sí misma y no es menos que el hombre. Ella debe comprender que los dos sexos son complementarios y que debe darse a respetar para ser respetada. El hombre y la mujer deben mantenerse en el plano de un respeto total, aceptando que, aunque son diferentes, son iguales en dignidad.

(Este tema continúa el próximo sábado).

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