Lo que falta en el discurso sobre la pobreza
Aunque estoy retirada del escenario político por estar escribiendo otro libro, un artículo reciente por Surse Pierpoint (La Prensa 3 de mayo del 2000) trata un tema demasiado importante para darme el lujo de permanecer callada.
Usando a Chile como ejemplo, Pierpoint une su voz al discurso sobre la pobreza. Citando la opinión de diversas organizaciones internacionales sobre la brecha creciente entre los pobres y los ricos, atribuye la brecha a una falta de capacitación y educación. Pierpoint observa que la multinacional moderna trata de aminorar sus costos mediante el uso intensivo de la tecnología, lo cual requiere trabajadores capacitados. Asegura que en Chile "hay una alta demanda de gente capacitada, pero la oferta es baja debido a un sistema educativo que no puede generar lo que el mercado requiere".
Todos estamos de acuerdo de que hay fallas en los sistemas educativos de nuestros países. Pero lo que las organizaciones internacionales se abstienen -de incluir en su análisis es que las multinacionales han causado esta brecha porque las multinacionales aumentan los salarios y prebendas de sus ejecutivos y los dividendos de los accionistas, a costilla de los empleados.
Es más, aprovecharse de los desposeídos para pagar lo menos posible a los trabajadores es un axioma de la globalización económica. Desde hace mucho tiempo se ha emprendido una guerra frontal contra los sindicatos, precisamente para evitar que los obreros y empleados puedan luchar efectivamente por mejoras salariales y mejores condiciones de trabajo.
En el caso de Chile, según investigaciones hechas en junio de 1997 por Jonathan Brown, profesor de historia de la Universidad de Texas en Austin, mientras más se integra esa nación al sistema económico internacional, más "flexible" se torna la situación de los trabajadores chilenos. Flexibilidad quiere decir que hay poca contratación colectiva en la industria del cobre y actividades temporales y de corta duración como las industrias madereras, viñedos y pesca. Flexibilidad quiere decir que no hay estabilidad en el empleo. Flexibilidad quiere decir que el trabajador chileno de hoy tiene que trabajar más para ganar menos.
Contribuye a la pobreza en Chile, lo que se llama "la prolongacion de la jornada," que es supuestamente voluntaria. Por ejemplo, una mujer que labora en una pizzería, trabaja 72 horas semanalmente, pero es remunerada solamente por 48 horas con el salario mínimo establecido por el gobierno de 48 horas que es $172.00. El resultado es que esa mujer trabaja 24 horas adicionales sin ninguna remuneración. Prevalece además la modalidad de contratos a nivel individual o ningún contrato. No pueden haber huelgas de más de 15 días porque según una ley que favorece a los inversionistas, después de 15 días de huelga, el empleador puede despedir a los trabajadores y contratar nuevos.
Por supuesto, la incidencia de huelgas está bajando.
Además, se estimula el consumismo y el endeudamiento del trabajador chileno. Las financieras promueven el uso de las tarjetas de crédito que prestan hasta 5 veces el salario mensual con un interés de 24 a 29%, variable. Según un dirigente de la CAT, así se esclaviza a los obreros porque un trabajador endeudado no se va a la huelga.
Tan serio como lo anterior es que los sindicatos, desarticulados desde el gobierno dictatorial del general Pinochet, tampoco tienen la capacidad de luchar de luchar contra la discriminación racial que en Chile se manifiesta en preferencias marcadas de los empleadores por lo que llaman "el tipo nórdico".
En Panamá, no es suficiente mejorar la educación. ¿Cuántas personas muy capacitadas en este país no son explotadas por sus empleadores hoy día?
Muchos artículos podría yo escribir sobre la explotación por parte de empresarios trogloditas que no entienden que la persona que se siente explotada no trabaja con buena voluntad. Me atrevo a asegurar que, aunque en Panamá tuviésemos los obreros más capacitados y educados del mundo, los empresarios de mentalidad neoliberal continuarían negándole sus derechos.
Hasta que las multinacionales y los empresarios no comprendan que están obligados a pagar salarios justos y a reconocer la estabilidad en el empleo, la brecha fatal seguirá empeorando. Lo que falta en el discurso sobre la pobreza es reconocer que los pobres son pobres porque no les pagan lo que se debe.
Usando a Chile como ejemplo, Pierpoint une su voz al discurso sobre la pobreza. Citando la opinión de diversas organizaciones internacionales sobre la brecha creciente entre los pobres y los ricos, atribuye la brecha a una falta de capacitación y educación. Pierpoint observa que la multinacional moderna trata de aminorar sus costos mediante el uso intensivo de la tecnología, lo cual requiere trabajadores capacitados. Asegura que en Chile "hay una alta demanda de gente capacitada, pero la oferta es baja debido a un sistema educativo que no puede generar lo que el mercado requiere".
Todos estamos de acuerdo de que hay fallas en los sistemas educativos de nuestros países. Pero lo que las organizaciones internacionales se abstienen -de incluir en su análisis es que las multinacionales han causado esta brecha porque las multinacionales aumentan los salarios y prebendas de sus ejecutivos y los dividendos de los accionistas, a costilla de los empleados.
Es más, aprovecharse de los desposeídos para pagar lo menos posible a los trabajadores es un axioma de la globalización económica. Desde hace mucho tiempo se ha emprendido una guerra frontal contra los sindicatos, precisamente para evitar que los obreros y empleados puedan luchar efectivamente por mejoras salariales y mejores condiciones de trabajo.
En el caso de Chile, según investigaciones hechas en junio de 1997 por Jonathan Brown, profesor de historia de la Universidad de Texas en Austin, mientras más se integra esa nación al sistema económico internacional, más "flexible" se torna la situación de los trabajadores chilenos. Flexibilidad quiere decir que hay poca contratación colectiva en la industria del cobre y actividades temporales y de corta duración como las industrias madereras, viñedos y pesca. Flexibilidad quiere decir que no hay estabilidad en el empleo. Flexibilidad quiere decir que el trabajador chileno de hoy tiene que trabajar más para ganar menos.
Contribuye a la pobreza en Chile, lo que se llama "la prolongacion de la jornada," que es supuestamente voluntaria. Por ejemplo, una mujer que labora en una pizzería, trabaja 72 horas semanalmente, pero es remunerada solamente por 48 horas con el salario mínimo establecido por el gobierno de 48 horas que es $172.00. El resultado es que esa mujer trabaja 24 horas adicionales sin ninguna remuneración. Prevalece además la modalidad de contratos a nivel individual o ningún contrato. No pueden haber huelgas de más de 15 días porque según una ley que favorece a los inversionistas, después de 15 días de huelga, el empleador puede despedir a los trabajadores y contratar nuevos.
Por supuesto, la incidencia de huelgas está bajando.
Además, se estimula el consumismo y el endeudamiento del trabajador chileno. Las financieras promueven el uso de las tarjetas de crédito que prestan hasta 5 veces el salario mensual con un interés de 24 a 29%, variable. Según un dirigente de la CAT, así se esclaviza a los obreros porque un trabajador endeudado no se va a la huelga.
Tan serio como lo anterior es que los sindicatos, desarticulados desde el gobierno dictatorial del general Pinochet, tampoco tienen la capacidad de luchar de luchar contra la discriminación racial que en Chile se manifiesta en preferencias marcadas de los empleadores por lo que llaman "el tipo nórdico".
En Panamá, no es suficiente mejorar la educación. ¿Cuántas personas muy capacitadas en este país no son explotadas por sus empleadores hoy día?
Muchos artículos podría yo escribir sobre la explotación por parte de empresarios trogloditas que no entienden que la persona que se siente explotada no trabaja con buena voluntad. Me atrevo a asegurar que, aunque en Panamá tuviésemos los obreros más capacitados y educados del mundo, los empresarios de mentalidad neoliberal continuarían negándole sus derechos.
Hasta que las multinacionales y los empresarios no comprendan que están obligados a pagar salarios justos y a reconocer la estabilidad en el empleo, la brecha fatal seguirá empeorando. Lo que falta en el discurso sobre la pobreza es reconocer que los pobres son pobres porque no les pagan lo que se debe.