Lo que ignoró la cumbre
Aparte de la pobreza y la desnutrición cuya solución depende de transformaciones económicas y políticas difíciles de contemplar a corto plazo, existe un problema que afecta la formación integral del niño, y proyecta sobre el futuro de las diferentes sociedades hispanoamericanas grandes nubarrones amenazantes.
En la gran mayoría de las escuelas de nuestra América, y por cierto en Panamá en el más alto grado, durante décadas ha ido deteriorándose el nivel de la educación en todo lo que se relaciona con el desarrollo de la facultad del lenguaje y la adquisición de un dominio aceptable del idioma.
En nuestro país, por ejemplo, al igual que en muchos otros, la mayoría de los niños salen de la escuela primaria sin haber aprendido a leer y sin tener la más remota capacidad para escribir en forma que se pueda entender lo que se escribió. Esto, desde luego, asegura que después, en la escuela secundaria, el aprendizaje se vea reducido a una calidad muy inferior, y que además se den deserciones masivas que arrojan sobre la sociedad núcleos numerosos de individuos sin ninguna capacidad para trabajar y mucho menos para hacerse ciudadanos útiles.
Hace más de cien años, Justo Arosemena escribió que el gobierno que quiere educar al pueblo tiene que comenzar por la escuela primaria. Hoy día, las investigaciones de lingüistas y sociólogos nos enseñan que lo principal en esa edad formativa es el lenguaje, pero los programas curriculares nos alejan más y más de lo que sería ideal en la educación en nuestro país.
Es preciso que nuestros gobernantes, y también los responsables de la educación en planteles privados, tomen conciencia de este problema. No hay entendimiento sin lenguaje ni hay posibilidad de razonar como verdaderos seres humanos. La situación es tal que las soluciones drásticas no deben hacerse esperar.
En la gran mayoría de las escuelas de nuestra América, y por cierto en Panamá en el más alto grado, durante décadas ha ido deteriorándose el nivel de la educación en todo lo que se relaciona con el desarrollo de la facultad del lenguaje y la adquisición de un dominio aceptable del idioma.
En nuestro país, por ejemplo, al igual que en muchos otros, la mayoría de los niños salen de la escuela primaria sin haber aprendido a leer y sin tener la más remota capacidad para escribir en forma que se pueda entender lo que se escribió. Esto, desde luego, asegura que después, en la escuela secundaria, el aprendizaje se vea reducido a una calidad muy inferior, y que además se den deserciones masivas que arrojan sobre la sociedad núcleos numerosos de individuos sin ninguna capacidad para trabajar y mucho menos para hacerse ciudadanos útiles.
Hace más de cien años, Justo Arosemena escribió que el gobierno que quiere educar al pueblo tiene que comenzar por la escuela primaria. Hoy día, las investigaciones de lingüistas y sociólogos nos enseñan que lo principal en esa edad formativa es el lenguaje, pero los programas curriculares nos alejan más y más de lo que sería ideal en la educación en nuestro país.
Es preciso que nuestros gobernantes, y también los responsables de la educación en planteles privados, tomen conciencia de este problema. No hay entendimiento sin lenguaje ni hay posibilidad de razonar como verdaderos seres humanos. La situación es tal que las soluciones drásticas no deben hacerse esperar.