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Lo que mal empieza…


Posterior a los lamentables hechos acontecidos en el área de la Cresta el 28 de octubre de 2006, donde 18 familias se embargaron de luto y dolor, dejó en evidencia el colapso de nuestro sistema de trasporte público. En ese preciso momento las instancias gubernamentales tuvieron el “escenario perfecto” para efectuar una revolución en el transporte, la cual hubiese obtenido el respaldo mayoritario de la población.

En los últimos meses lo más comentado en los medios de comunicación era el llamado a licitación -para muchos de forma sorpresiva y apresurada- del Transmóvil, que desde sus inicios generó especulaciones en las empresas licitantes y en gran parte de la población. Adicional, las irregularidades en las que estaba envuelto uno de los representantes de las empresas concursantes, entre otros factores, se encargaron de empañar lo que pudo ser la implementación de un gran paliativo a la crisis que atraviesa el transporte panameño.

Existe un evidente conflicto: El interés del Estado en introducir una fórmula que facilite el transporte masivo; y el de los transportistas en formar parte de la solución. Los usuarios buscan que el sistema propuesto sea eficiente, aunque esto conlleva un aumento en el precio del pasaje.

Si el Estado, por la presión de los transportistas, no toma acciones, se mantiene un statu quo perjudicial para el usuario, pero si adopta una fórmula, ésta afectará en algún sentido los intereses del usuario, que es el eslabón más débil de esta cadena, y a la vez sujeto y objeto.

El fallo dictado por la Corte Suprema de Justicia dejó al descubierto una célebre frase que cae como anillo al dedo a este triste escenario: “Lo que mal empieza, mal termina” Lo irónico es que mientras los involucrados invierten esfuerzos en estériles posiciones, los miles de usuarios continúan llevando el peso de una pésima calidad de vida, por no contar con un sistema que pueda desplazarlos diariamente de un lugar a otro de forma digna y decorosa.

Cualquier sistema conlleva un aumento en el precio del pasaje, pero los usuarios han manifestado que aceptarán este incremento siempre y cuando el nuevo sistema sus expectativas en lo que respecta a movilización, comodidad, y seguridad.

El tiempo pasó, el problema quedó, y los ciudadanos más humildes del área Este continuarán con este calvario que incide en su calidad de vida, manteniendo la ilusión que el gobierno entrante -independientemente del partido- pueda acabar con esta lamentable situación.

La actitud evasiva que las dependencias encargadas mantienen traerá como resultado la desestabilización de las partes involucradas, sin encontrar una alternativa de solución viable en este gran problema que aqueja a los usuarios del transporte público.

101 años de Panamá América

 
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