Lo que necesitamos son oraciones por el Padre Alberto
Era de esperar. ¡Los ataques contra la Iglesia siguen encontrando lugar! Alguien dijo: “¡Era un farsante!”. Otro por allá escribe: “Es culpa de la Iglesia por mantener ese celibato impracticable, hay que dejarlos que se casen”. Y entonces viene el ataque mordaz: “La Iglesia perdona a los pedófilos, pero no a los homosexuales y al Padre Alberto, a quien acaban de suspender”.
Todas esas críticas son negativas y hasta corrosivas, como si lo positivo y lo constructivo no existieran. La mayor enseñanza que podemos tener del caso del Padre Alberto es que la popularidad (o la fama) pueden pervertir más fácilmente. “Es el mundo”, como dice Su Santidad El Papa, “que contamina a la Iglesia”. Pero, la Iglesia somos todos. Y no sólo los religiosos. Y estamos hechos de carne y hueso.
El Padre pudo prescindir de sus votos de castidad, obediencia y humildad; y no lo hizo. Grave error. Pero sigue siendo un mal momento de esos que obnubilan hasta el más pintado. ¿O es que hay alguien perfecto?
Ante Dios, lleno de amor y de misericordia, pidió perdón. Y sólo pide oraciones de compasión y apoyo. ¿Podríamos negárselas? No, por el contrario, hay que redoblar nuestras oraciones por todos nuestros religiosos y religiosas, y no dejar de sentirnos orgullos por todos ellos y ellas.