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Lo que no acabamos de entender y tenemos que cambiar


En una economía de mercado como la nuestra, muchos productores cuentan, necesariamente con intermediarios; así, cuando sus productos llegan al consumidor final, la evolución de costo a precio final, tiene sus escalonados incrementos. Por lo general, en un mundo ideal, ese efecto multiplicador debe ser razonable; sin embargo, la especulación siempre está presente aún ante situaciones normales.

Los métodos para el control de esto, son conocidos en el mundo entero. Nuestros gobiernos, dado el factor clientelista, han actuado condescendientemente, con gran indiferencia y su resultante casual fiscalización. Ese actuar, en situaciones como las que hoy se viven, producto de la crisis petrolera, se agrava y la referida indiferencia histórica, nos encuentra, como quien dice, con los pantalones abajo, haciéndose más intolerable la vida para los que poco o nada tienen. Este es un alto costo político que los panameños no debemos continuar pagando.

Qué vergüenza: ¿Con bonos lo vamos a resolver?

Veamos la similitud de la intermediación, en lo político y social. Los dueños del capital invierten su dinero y con sus utilidades, pagan sus impuestos. Igual hacen quienes trabajan para ganarse el sustento. ¿Qué intermediario único enfrentamos en casos como éstos? Sólo el Estado. ¿Qué hacen con esta creciente fuente de ingresos? ¿Habrá corrupción? ¿Enriquecimiento ilícito? ¿Privilegios "legalmente justificados"? ¿Nuevos ricos sin orígenes claros? ¿Impunidad? Pues, apreciados lectores, así es la cosa. En este país el verdadero desarrollo social es inexistente. La pobreza creciente es el más claro ejemplo de una democracia partidista cuyo gran sastre es la Constitución "política" Nacional.

Estamos a tiempo de exigir, en las venideras campañas electorales de candidaturas en firme, un gobierno competente cuyos aspirantes expongan, con claridad específica, cómo sus planes de gobierno estarán dirigidos a soluciones concretas y al fortalecimiento de la patria, capaz de brindarle los servicios y oportunidades de progreso individual a los que aspira toda la ciudadanía.

No deseamos desaparecer los partidos políticos, sino amainar su exclusivo poderío. Sus funciones democráticas están desdibujadas constitucionalmente. ¿Cuál candidatura propondrá su revisión y cambio funcional?

Estaremos esperando. ¿Lo hará el oficialismo? ¿Le corresponderá a la oposición unificada? ¿Habrá patriotismo en la necesaria unificación?

Dos candidaturas es lo que necesita Panamá en estas elecciones. Es lo único que le permitirá a los votantes, claros contrastes y capacidad de reclamos reales ante improvisaciones electoreras que ya no podemos soportar.

101 años de Panamá América

 
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