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Lo que no cambia


La ciudadanía está harta de la deshonestidad y la estupidez que se pasea oronda en los altos puestos públicos y por eso votó por un cambio. El 1 de julio debiera marcar el inicio de esa nueva etapa de esperanza para toda una nación, pero cuando estamos a pocas semanas de esa importante fecha, ya comenzamos a percibir signos de que algunas cosas no cambiarán. Por ejemplo, el anunciado primer presidente de la próxima Asamblea Nacional ya nos ha entregado algunas perlas.

Parece que el hombre tiene una vieja rencilla contra la existencia de la Defensoría del Pueblo y siente -no nos atrevemos a decir piensa- que ha llegado el momento de tomar venganza y hacer realidad sus deseos de hacer desaparecer lo que a su juicio no es más que una bestia inútil caprichosamente instalada en la burocracia.

Si hubiese pensado antes de dar declaraciones a los medios, habría buscado informarse sobre la situación actual de la oficina objeto de la obsesión y habría encontrado que en las reformas constitucionales del 2004, oficialmente apoyadas por su partido, la Defensoría del Pueblo se convirtió en un ente constitucional.

Más allá de las evaluaciones de fondo que cabe hacer sobre el organismo que no goza de simpatías unánimes, hay que tener claro que el próximo presidente de la Asamblea no podrá promover su derogación formal por medio de una ley de la República. ¿O es que el político en cuestión no considera que debe respetar la Constitución?

101 años de Panamá América

 
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