Lo que no dijo el "ranking" de las universidades
Durante dos años consecutivos, La Prensa ha publicado un informe sobre el "Ranking de universidades", que muestra un panorama de la calidad de estas instituciones en Panamá, de acuerdo con algunos criterios y variables predeterminadas en el estudio. Reconociendo el valor que tiene este informe, como una mirada "desde afuera", acerca de la estructura y funcionamiento de las universidades, parece necesario también acercarse a ciertos aspectos de la vida de éstas que no están visibles en el documento y que son igualmente definitorias de la pertinencia y calidad de sus procesos y resultados.
El Ranking ofrece resultados sobre 13 universidades, cuando en Panamá existen 27 instituciones denominadas universidades. De ese total, cuatro son oficiales del Estado y 23 son particulares. ¿Dónde se ubican las 14 universidades excluidas de la evaluación? Además, el informe soslaya el tamaño de las instituciones.
En Panamá coexisten una mega universidad, universidades grandes, medianas y pequeñas. En este sentido, hay diferencias entre organizaciones universitarias que cuentan con centros y extensiones universitarias regionales, que apuntan a satisfacer una demanda territorial nacional, mientras que otras funcionan sólo desde sus particulares sedes centrales en la capital.
Otra clasificación podría realizarse a partir de la diferenciación en términos de las funciones que realizan estas instituciones. Se reconoce que una universidad moderna debe cumplir al menos tres funciones básicas: docencia, investigación y extensión.
De este modo, existen en el país una universidad compleja, que realiza funciones múltiples más allá de los paradigma los convencionales; completas, que realizan las funciones básicas y además ofrecen carreras en las áreas principales del conocimiento; especializadas, que realizan sus funciones básicas en una o pocas áreas del saber; y unifuncionales, cuyo quehacer institucional gira esencialmente en la formación de profesionales y técnicos.
Estas características definen condiciones que influyen tanto en la calidad de los egresados como también en las proyecciones que tiene la universidad en su entorno social, mediante estudios, publicaciones, proyectos comunitarios, debates, reflexiones, giras, congresos, asesorías, entre otras. Por ello conviene preguntarse, ¿tendrá el mismo valor para la sociedad, una institución centrada en la formación, que aquella universidad donde se cumplen equilibradamente sus tres funciones básicas? ¿Puede ser considerada universidad la institución de educación superior que no genere, transfiera, difunda y aplique conocimientos, que no cuente con una revista especializada o que sus docentes no publiquen artículos de ciencias sociales o naturales en revistas reconocidas internacional mente, o que no organice debates sobre problemas nacionales y globales, o participe en congresos nacionales e internacionales?
El enfoque utilizado en la formulación de la oferta académica, puede igualmente constituir un ángulo de análisis diferente de la calidad de las universidades. Una institución que organice sus carreras y programas académicos siguiendo la lógica de la oferta y los patrones académico, tiende a representar un modelo distinto al de una universidad que se preocupa por estudiar la demanda y necesidades de las instituciones, organizaciones y la sociedad, así como las tendencias en el conocimiento, con el interés de satisfacerla con programas pertinentes y de calidad.
Así, las aproximaciones a las empresas, gobierno, instituciones especializadas y organismos de la comunidad, para derivar requerimientos de investigación, extensión y perfiles de formación de los futuros profesionales, debe representar un valor agregado importante de una universidad.
¿Qué implicaciones puede tener para el país, producir profesionales con títulos inadecuados a las competencias y capacidades que demanda la sociedad y el Estado en el momento histórico actual? ¿El balance adecuado entre la formación teórica y la práctica en razón de un perfil profesional derivado de un estudio de la demanda, puede aportar algún criterio objetivo de valoración de calidad universitaria? ¿Refleja acaso el ideal de universidad reproducir la oferta académica de otras instituciones, compitiendo por un mismo segmento del mercado académico sin aportar un diferencial de calidad e innovación?
En momentos en que las tecnologías de la información y la educación a distancia ofrecen oportunidades ilimitadas de transferir el conocimiento más allá del claustro universitario y de las fronteras nacionales, conviene interrogarse, si un criterio para medir la calidad universitaria debería ser el número de programas fuera del campus, no presenciales, on-line o campus virtual que posee la universidad, con prescindencia del sector al que pertenece, sea éste particular o estatal.
Al referirnos a la evaluación debemos siempre tener en cuenta que las universidades fueron creadas para hacer florecer el conocimiento, incrementar y difundir el saber científico, desarrollar el pensamiento autónomo, potenciar la reflexión crítica en todas sus dimensiones; fomentar la innovación y el talento, formar profesionales de alto nivel y calidad dotados de sólidos conocimientos, capacidad reflexiva y emprendedora; competencias para trabajar, pero también para aprender a lo largo de sus vidas. Universidades para forjar una nueva ciudadanía para una sociedad y un mundo mejor.
Las anotaciones precedentes, lejos de agotar el amplio campo de la investigación sobre la calidad de las universidades, apuntan a encontrar un momento para reflexionar sobre el valor de la educación superior en el país, objetivo con el que parece estar comprometido el Ranking.
* Vicerrector de UDELAS
El Ranking ofrece resultados sobre 13 universidades, cuando en Panamá existen 27 instituciones denominadas universidades. De ese total, cuatro son oficiales del Estado y 23 son particulares. ¿Dónde se ubican las 14 universidades excluidas de la evaluación? Además, el informe soslaya el tamaño de las instituciones.
En Panamá coexisten una mega universidad, universidades grandes, medianas y pequeñas. En este sentido, hay diferencias entre organizaciones universitarias que cuentan con centros y extensiones universitarias regionales, que apuntan a satisfacer una demanda territorial nacional, mientras que otras funcionan sólo desde sus particulares sedes centrales en la capital.
Otra clasificación podría realizarse a partir de la diferenciación en términos de las funciones que realizan estas instituciones. Se reconoce que una universidad moderna debe cumplir al menos tres funciones básicas: docencia, investigación y extensión.
De este modo, existen en el país una universidad compleja, que realiza funciones múltiples más allá de los paradigma los convencionales; completas, que realizan las funciones básicas y además ofrecen carreras en las áreas principales del conocimiento; especializadas, que realizan sus funciones básicas en una o pocas áreas del saber; y unifuncionales, cuyo quehacer institucional gira esencialmente en la formación de profesionales y técnicos.
Estas características definen condiciones que influyen tanto en la calidad de los egresados como también en las proyecciones que tiene la universidad en su entorno social, mediante estudios, publicaciones, proyectos comunitarios, debates, reflexiones, giras, congresos, asesorías, entre otras. Por ello conviene preguntarse, ¿tendrá el mismo valor para la sociedad, una institución centrada en la formación, que aquella universidad donde se cumplen equilibradamente sus tres funciones básicas? ¿Puede ser considerada universidad la institución de educación superior que no genere, transfiera, difunda y aplique conocimientos, que no cuente con una revista especializada o que sus docentes no publiquen artículos de ciencias sociales o naturales en revistas reconocidas internacional mente, o que no organice debates sobre problemas nacionales y globales, o participe en congresos nacionales e internacionales?
El enfoque utilizado en la formulación de la oferta académica, puede igualmente constituir un ángulo de análisis diferente de la calidad de las universidades. Una institución que organice sus carreras y programas académicos siguiendo la lógica de la oferta y los patrones académico, tiende a representar un modelo distinto al de una universidad que se preocupa por estudiar la demanda y necesidades de las instituciones, organizaciones y la sociedad, así como las tendencias en el conocimiento, con el interés de satisfacerla con programas pertinentes y de calidad.
Así, las aproximaciones a las empresas, gobierno, instituciones especializadas y organismos de la comunidad, para derivar requerimientos de investigación, extensión y perfiles de formación de los futuros profesionales, debe representar un valor agregado importante de una universidad.
¿Qué implicaciones puede tener para el país, producir profesionales con títulos inadecuados a las competencias y capacidades que demanda la sociedad y el Estado en el momento histórico actual? ¿El balance adecuado entre la formación teórica y la práctica en razón de un perfil profesional derivado de un estudio de la demanda, puede aportar algún criterio objetivo de valoración de calidad universitaria? ¿Refleja acaso el ideal de universidad reproducir la oferta académica de otras instituciones, compitiendo por un mismo segmento del mercado académico sin aportar un diferencial de calidad e innovación?
En momentos en que las tecnologías de la información y la educación a distancia ofrecen oportunidades ilimitadas de transferir el conocimiento más allá del claustro universitario y de las fronteras nacionales, conviene interrogarse, si un criterio para medir la calidad universitaria debería ser el número de programas fuera del campus, no presenciales, on-line o campus virtual que posee la universidad, con prescindencia del sector al que pertenece, sea éste particular o estatal.
Al referirnos a la evaluación debemos siempre tener en cuenta que las universidades fueron creadas para hacer florecer el conocimiento, incrementar y difundir el saber científico, desarrollar el pensamiento autónomo, potenciar la reflexión crítica en todas sus dimensiones; fomentar la innovación y el talento, formar profesionales de alto nivel y calidad dotados de sólidos conocimientos, capacidad reflexiva y emprendedora; competencias para trabajar, pero también para aprender a lo largo de sus vidas. Universidades para forjar una nueva ciudadanía para una sociedad y un mundo mejor.
Las anotaciones precedentes, lejos de agotar el amplio campo de la investigación sobre la calidad de las universidades, apuntan a encontrar un momento para reflexionar sobre el valor de la educación superior en el país, objetivo con el que parece estar comprometido el Ranking.
* Vicerrector de UDELAS