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Lo que se debe hacer


En múltiples ocasiones he denunciado las injusticias que cometen los países más poderosos con los países débiles como el nuestro. Obvio que en nuestro caso destaca la prepotencia descarnada del imperio gringo. Harán unos tres meses que escribí mis deseos que la vía diplomática escogida por el actual gobierno para tratar de lograr que EU saneara todas las áreas nacionales que habían contaminado sus milicos fuera la adecuada. He tenido siempre el cuidado de referirme a todas las tierras nacionales, porque la contaminación del caso no se limita a los polígonos de tiro, sino a muchos otros sectores como las Islas Iguana y San José, que están fuera de la antigua Zona del Canal.
El viaje de una comisión para "fiscalizar" si nosotros estamos vigilando correctamente las áreas insaneables (según los gringos) desafortunadamente nos da la razón. Primero, la administración anterior no adelantó dinámicamente nuestra lucha por lograr que se nos haga justicia en materia de descontaminación, entre otras cosas, porque nuestro Fujimori no las tenía todas en el cerebro. Ahora, el presente gobierno comienza con retraso y no quiere colisionar de frente con el coloso.
Por lo anterior, escribí que todos los panameños que estuviéramos dispuestos nos debíamos trepar al techo de Panamá y gritar a todos los vientos que EU está cometiendo una canallada más contra nuestro país, de nuevo, a perpetuidad. Igualmente, que debíamos solicitar la colaboración y el apoyo de las organizaciones ecologistas mundiales, muchas de las cuales son estadounidenses. Es indudable que el gobierno panameño debe y tiene que hacer esto simultáneamente con su anunciada estrategia diplomática.
Los panameños sabemos que con frecuencia el coloso nos ha negado justicia en el trato alegando, por ejemplo, que todo beneficio adicional que nos concedieran sería engullido por nuestros políticos. No deja de tener cierto grado de veracidad esta premisa. Por lo tanto, nuestros políticos deben empezar a corregir sus inveteradas proclividades, principalmente para probarle al pueblo panameño que se está implementando un cambio, pero de verdad. Sin abandonar, por supuesto, la lucha que nos plantea la prepotencia y el egoísmo del imperio norteño.
Si continuamos como hasta ahora, actuando de acuerdo con los fósiles arnulfistas, igual que lo hicieron por 26 de los últimos 31 años los que apoyaron a la narcodictadura, sólo estaremos persistiendo en eternizar un sistema político de despojo de los recursos del país, que son de todos, cuyas mayorías son los desposeídos. No entiendo cómo los primeros no se dan cuenta que están trabajando a favor de una victoria electoral segura de los segundos. De más está decir que éstos han constituido, hasta ahora, el peor de los males. Para mí esto es tan evidente. También, no han aparecido candidatos providenciales de nota y, gracias a Dios, no existe un Chávez panameño. Por lo cual, entre paréntesis, me preocupa la agresiva forma en que se comportan algunos sindicalistas, hasta el grado de pedir que se les entregue el gobierno.
Estoy convencido que las cosas antedichas son perogrulladas que, según mi diccionario manual de la lengua española, se definen como verdades o especies que por notoriamente sabidas es necedad o simpleza decirlas.
Reitero, el presente gobierno debe arremangarse y hacer lo humanamente posible por cumplir las promesas que hizo al electorado que lo eligió abrumadoramente, es decir, hacer lo que le conviene al país, no al partido o a fulanitos. En esto debe recibir la cooperación de todos los sectores.
Es verdad que en los escasos seis meses de la presente administración no se ha hecho mayor cosa -en especial por la mala fe de su predecesora- y también ha incurrido en errores que no parecen enormes, pero que son importantes porque han hecho percibir que son faltas de ética y moral. Este rumbo debe corregirse. Tengo la esperanza de que así se hará.

101 años de Panamá América

 
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