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Lo que se llevó el 2004 de nuestro folclor


ENTRE TANTA euforia y frustración por los resultados políticos, Panamá perdió a lo largo del año 2004 a varios valores del ambiente folclórico sin que se pronunciara el INAC o el Ministerio de Educación para reconocer la trayectoria de estos paisanos quienes, desde sus humildes orígenes, aportaron su talento y esfuerzo para preservar las costumbres y tradiciones nacionales, haciendo de ello su contribución a lo que es hoy nuestra identidad.
Panamá es el resultado de una mezcla de razas donde, originalmente, se hablaba de blancos, indios y negros; de esa amalgama surgieron artistas que nutrieron el ente folclórico como Ceferino "Fefe" López, artesano guarareño, quien desde la fundación del Festival Nacional de la Mejorana participó por más de 50 años consecutivos como trovador del canto de la mejorana de manera altruista y desinteresada hasta su fallecimiento en febrero del año pasado, dejando un legado de noveles cantores, gritadores, salomadores y ejecutantes del socavón.
Poco después le suceden en trágico accidente, el acordeonista Atilio Gutiérrez y el violinista Casildo "Chichi" Ramos, virtuosos músicos de nuestra campiña, quienes nos dejan gratos recuerdos de sus habilidades artísticas en las grabaciones que en acetatos y discos compactos conservamos de sus ejecuciones. Notable es la ausencia de Atilio entre quienes le apreciamos y le recordamos por sus actividades, principalmente, en el sector de Nueva Esperanza y Felipillo.
Y qué decir del amigo Chichi, cuyo violín se ha silenciado en las ferias y eventos folclóricos, donde ya no se escucha el vibrar de sus cuerdas ni se observa la emotividad que le caracterizaba en su ejecución.
Como si fuera poco, Dios llamó a su lado al máximo taquillero de la música típica, al rey de la esquina caliente de San Miguelito, único músico que ha colocado más de cinco mil parejas en un baile. Falleció en la ciudad de las Tablas, Tereso de Jesús Jaén, como resultado de un atropello en la vía a Santo Domingo. Para quienes disfrutamos de su arte, nos queda el recuerdo de sus grandes llenos, así como una vasta colección discográfica que lo coloca como uno de los pilares en el surgimiento y realce de nuestros aires tradicionales. La trágica muerte del "Zurdito de oro" da fin a una de las carreras más exitosas de un artista típico nacional. Teresín y su conjunto, Alma Interiorana, fue escuchado por última vez para fiestas de Santa Librada, en Las Tablas con un lleno que recordó sus mejores momentos en la Pollera y otros sitios y jardines de bailes del país.
Pareciera que el Todopoderoso necesitaba darle descanso a Victorio, Fanor, Hooper, a Petita y otros que nos antecedieron, pues también llamó al profesor Armando Del Rosario, etnomusicólogo que realizó estudios especializados en Venezuela y dio a conocer, a través de su tesis de grado, la instrumentación de percusión panameña en el Instituto Latinoamericano de Folclore, con sede en Caracas. Fue director de la Escuela Nacional de Folclore y sus investigaciones permitieron rescatar el Festival y la Danza del Toro Guapo en Antón y sus aportaciones en la revista Lotería son suficientes para destacarlo entre los folcloristas de su generación. Las coreografías no eran simétricas y explicaciones que se daban a las huestes celestiales eran insuficientes para enseñarles las danzas y bailes que servirían para honrar al Creador, por ello requerían la presencia de un diestro y hábil bailador de danzas de diablos, pues la docencia que hacía el Prof. Del Rosario no lograba que los ángeles y arcángeles comprendieran cómo lo hacemos acá en Panamá, y así, parte de este mundo terrenal, el joven folclorista Edgardo "Gary" Chacón, hijo de la profesora Mami Chacón, quien desarrolló como ninguno la destreza y dominio de las diferentes danzas que nuestro folclore manifiesta, en cuanto a toros guapos y diablos se refiere. Su fallecimiento, ocurrido en Estados Unidos, enluteció a la comunidad chorrerana y amante de lo vernacular. A pesar de comunicarle a diferentes medios que el sepelio se desarrollaría de manera folclórica, ninguno cubrió su última presentación.
Finalmente, el violín de oro de Tobías Plicett, se silencia y nos deja el ambiente ennegrecido y mudo por la ausencia de tan brillante exponente del arco y las cuerdas. Queda nuestra música típica sin sazón ni aderezo, pues desaparece el autor que condimentó con alegría las noches bailables con "La Pimienta".
Curiosamente, uno tras otro fueron desapareciendo y, a pesar que sus decesos se producen entre dos gobiernos de corrientes distintas, las autoridades de cultura y educación permanecieron, y aún lo hacen, calladas, como si los fallecidos fueran cualquier cosa, a pesar que dichos puestos fueron ocupados por escritores y personas conocedoras de folclor, desconociendo los méritos de cada uno de los fallecidos, quienes han quedado como ejemplo perenne para aquellos que conocemos de nuestra cultura y que no escatimamos esfuerzo alguno para evitar que la influencia foránea altere o modifique la esencia de lo que es ser panameño.
Ante la desidia de nuestras autoridades, es tarea del ente folclórico actual evitar que el legado de estos ilustres conciudadanos se pierda, enseñando e instruyendo a la niñez panameña apegados a lo auténtico y tradicional, evitando la destrucción de nuestros más caros valores nacionales, con invenciones y creaciones ajenas al hombre de campo.

101 años de Panamá América

 
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