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Lo típico nacional-extranjero


El Centenario nos está aportando de todo, como Dios manda: lo bueno y lo malo; lo aceptable y lo rechazable; lo superficial y lo profundo; lo derecho y lo zurdo. Breve reflexión, para volver al título. Mantenemos la tradición familiar de la guitarra española, comenzada en la niñez y continuada permanentemente, por largos años, pero en familia, sin pentagrama y sin técnica, más en lo suficiente para los festejos de casa y uno que otro rato, con amigos. Claro que también en grupo con amigas, sin mencionarlo mucho, porque no transamos con las/as, /os, etc. Esa moda, como toda moda poco agradable y nada lógica, pasará sin salvación.
Los años de infancia nos acercan al carnaval, al Corpus Christi, a la procesión del Viernes Santo. Siempre con la guitarra, lo que explica la presente nota musical.
Con una excelente publicación periodística de estos días centenarios, pudimos ahondar lo que sabíamos "artísticamente": el baile popular que llaman típico, mezcla lo nacional con lo extranjero. Melodía de saloma y mejorana, con ritmo de son cubano y acordeón venido de la costa norte colombiana. Parece que esa música popular conjuga lo mejor de lo nuestro y de los aportes de fuera. El típico significa baile panameño-cubano, que son sus aspectos melódicos, más el instrumental acordeón. Si cometemos algún error en esta tipificación, es culpa de nuestra ignorancia musical, la que confesamos. Y adelante.
El típico tiene un desarrollo de unas cuatro décadas. A mediados de los "40 residimos con una tía donde hoy, desde hace años, está El Cosita Buena. Aquélla vendió su casa, y las dos vecinas fueron adquiridas también, para instalar tal centro interiorano de bailes. Conforme aumentaba la población nacional y se incrementaba la afluencia de los interioranos hacia la zona canalera, el acordeón y sus artistas montunos también vinieron al negocio en aumento. Surgieron artistas que acumularon fama y dólares. Mientras, las noches de los viernes y principalmente los sábados extraordinario número de parejas colmaban los centros en donde se bailaba típico, con orquestas dotadas de músicos e instrumentos acompañantes que ponían notas modernas en la música vernácula, con su infaltable cantadora, de voz aguda y de alegría campestre.
Del montón, como quien dice de la nada, vinieron los Dorindo Cárdenas, Yin Carrizo, Teresín Jaén, Ceferino Nieto, Papi Brandao, Ulpiano Vergara y los estilistas máximos Osvaldo Ayala, Victorio Vergara, Alfredo Escudero, Nenito Vargas, y sobre todo Samy y Sandra Sandoval, los hermanos que son alegres monarcas de la cumbia un poco estilizada.
El conjunto se fue perfeccionando con nuevos músicos y añadiendo instrumentos, para mejorar las tonalidades y espantar la monotonía. Recordamos que por los años "60, escuchamos en Bocas del Toro (Almirante), conjuntos de colombianos, con sus bárbaros vallenatos y alegres cumbias, que no hicieron competencia, por aquello de cada cual a lo suyo. La letra y la melodía fueron tomando el tono sentimental, lo que podemos denominar romántico popular, con letra de juglares normalmente enternecidos.
Económicamente, el típico ha hecho fortunas, ha expandido el negocio musical, con grabaciones y demás adelantos, lo que ha significado una fuerte inyección monetaria que se derrama por todo el país. Porque nuestro pueblo alegre siempre está dispuesto a "ahogar las penas", sobre todo con pareja bailable. Se ha mantenido la hegemonía del acordeón, como base del coro musical, a veces ejecutado maravillosamente.
Lo favorable radica en que este auge del típico ha estimulado en el país la música folclórica, la cumbia, el tamborito, la décima y la mejorana, lo mismo que el baile encutarrado del duro campesino panameño. Y nos parece que este desarrollo nacional, tan espontáneo y explicable, debería tener otra pareja como la de Manuel Zárate y Eda Nela, que cultivaron y estudiaron científicamente las expresiones musicales de nuestro pueblo, dejando un vacío difícil de llenar. A propósito, también cabe una mención muy especial para el chiricano Chalo Brenes, enraizado en nuestra música popular, afinada con su genio melódico, siempre fiel a los aires panameños. Unido al talento literario de Rogelio Sinán, Brenes y éste nos legaron esa joya extraordinaria de la Cucarachita Mandinga, que es digna de ser oída y gustada en cualquier parte del mundo.
Estas líneas, que pudieran ser más ordenadas, tienen la espontaneidad de los recuerdos añejos, frente a una actualidad más completa musicalmente y más extendida en nuestro país, enriquecida con el baile del típico, al compás del acento nacional y del aporte festivo del son cubano y del acordeón popular de Colombia.

101 años de Panamá América

 
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