Locura galopante
Compartimos ciento por ciento la alarma de la fiscal especializada en Delitos Sexuales, Maruquel Castroverde, ante la noticias de que se está planeando rebajar la pena de prisión de cinco a diez años que, conforme a la ley, está actualmente establecida para sus infractores.
Resulta increíble que haya personas a quienes se les pueda ocurrir semejante barbaridad. Esto no es otra cosa que una prueba más del estado de descomposición a que ha llegado nuestra sociedad.
Si este proyecto se hace realidad, tendrá, sin duda alguna, trágicas consecuencias. En más de una ocasión hemos escuchado a padres de familia decir que si a una hija suya, aún de tierna edad, la violaran, matarían al violador.
Horroriza pensar el cuadro de espanto que tendríamos y que jamás desearíamos presenciar si esto ocurriera,
Pretender que se cambie la pena como está en vigor, solamente se puede concebir como el deseo de alguien para favorecer a algún acusado con poca o ninguna esperanza de sustraerse a una condena inminente conforme al período de encierro de cinco a diez años de reclusión antes señalados.
La alarma se acrecienta si, como también se pretende, el tiempo de reclusión pueda conmutarse con una simple multa.
No podemos creer que haya un solo diputado, por muy amigo o compadre o pariente que sea de quien tenga la osadía de presentar semejante proyecto de ley, que tenga tan poco pudor que se preste a darle apoyo a tan desventurado intento y sobre todo, si tiene esposa e hijas.
Si frente a tanto descaro y desvergonzada pretensión las familias que hay en nuestro país permanecieran impasibles y tolerantes, definitivamente, a más de locos, estamos perdidos.
Resulta increíble que haya personas a quienes se les pueda ocurrir semejante barbaridad. Esto no es otra cosa que una prueba más del estado de descomposición a que ha llegado nuestra sociedad.
Si este proyecto se hace realidad, tendrá, sin duda alguna, trágicas consecuencias. En más de una ocasión hemos escuchado a padres de familia decir que si a una hija suya, aún de tierna edad, la violaran, matarían al violador.
Horroriza pensar el cuadro de espanto que tendríamos y que jamás desearíamos presenciar si esto ocurriera,
Pretender que se cambie la pena como está en vigor, solamente se puede concebir como el deseo de alguien para favorecer a algún acusado con poca o ninguna esperanza de sustraerse a una condena inminente conforme al período de encierro de cinco a diez años de reclusión antes señalados.
La alarma se acrecienta si, como también se pretende, el tiempo de reclusión pueda conmutarse con una simple multa.
No podemos creer que haya un solo diputado, por muy amigo o compadre o pariente que sea de quien tenga la osadía de presentar semejante proyecto de ley, que tenga tan poco pudor que se preste a darle apoyo a tan desventurado intento y sobre todo, si tiene esposa e hijas.
Si frente a tanto descaro y desvergonzada pretensión las familias que hay en nuestro país permanecieran impasibles y tolerantes, definitivamente, a más de locos, estamos perdidos.