Lolo Silvera: El caricaturista
Bajo el alero acogedor de la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero R., fue celebrada, el 4 de febrero, la presentación del libro Memorias de un Caricaturista, que recoge la mayor parte de la extensa y extraordinaria colección de caricaturas del panameño Lolo Silvera, un dibujante de lo más acertado en el género, que dio muestras abundantes de gran contenido humorístico, satírico y depurado, y que sólo podía lograr Silvera en nuestro suelo, con su maestría incomparable, empeñado en una obra de arte, por luengos años, y que tanto pudimos celebrar los que tuvimos el privilegio de ser testigos de su preclaro desarrollo, a través de las décadas iniciadas en los años 30, llegando a nuestros días.
La buena caricatura es un arte pictórico difícil. No sólo exige dibujar muy bien, sino poseer igualmente especial agudeza de ingenio. Estar muy atento a la vida social y política del momento, es otro de sus pilares básicos. Y todos ellos los posee Silvera en grado superlativo. De ese triple talento innato dio precoces muestras nuestro amigo, pintor y caricaturista, extendiéndose a otros campos artísticos, habiendo nacido en Chiriquí en 1916. Pero el sesgo facial en el dibujo, que debe resaltar una característica llamativa del rostro del personaje o personajes caricaturizados, también es signo de dominio sin par en la obra silveriana.
El caricaturista debe pagarle un alto tributo a la realidad social del tiempo en que la caricatura se ubica, ya que ella eterniza un giro, un instante, una situación que el artista lleva al público y que es la cantera no muy abierta de sus creaciones, que él va exhibiendo de mano maestra. Escribir este artículo no es algo forzado para nosotros, pues somos contemporáneos del artista, conocimos sus caricaturas desde los años 30, así como las de 1951 a 1968, y las más recientes, ya que Silvera, como pintor de poderosa vocación, no ha renunciado al arte en sus días actuales, de avanzada edad, sino que, por el contrario, no deja de expresar con él su selecta personalidad y su gran talento para la pintura.
Además, la caricatura, la buena caricatura, lleva su mensaje crítico, desde la sátira hasta la censura acre y mordaz. Para la persona joven de hoy, o que está en los primeros tiempos de adulto, numerosas muestras de las caricaturas de Lolo (su nombre familiar y de amistades), satisface a plenitud tales exigencias, que en el artista nato, resultan espontáneas y de poca común facilidad. Don del cielo que gozamos en la tierra.
La selección más nutrida de la colección de Silvera se extiende a la época de las dictaduras policíacas que hemos padecido en Panamá, aunque como se trata de "memorias" no faltan las de otros tiempos también "propicios y felices", porque provocan la inspiración que ensalzamos.
Con esta nueva visita a numerosas caricaturas, que en parte ya conocíamos, hemos comprobado que el arte no envejece ni desaparece, pues hemos podido revivir lo que produjeron en nosotros las caricaturas hoy "memorizadas", confirmando la excelencia que le atribuimos ayer y le reiteramos hoy, a la caricatura silveriana, un modelo y un ejemplo para otros, si hay quienes comparten la calidad de sus creaciones, que a veces nos exaltan con grata e incontenible risa o que nos permiten recordar profundos, graves pasajes políticos.
También llaman la atención las unidades que tienen una motivación que cubre el tiempo pasado y la actualidad reiterada de hoy, como es el caso de la representación de la Justicia panameña, vendada (para no ver), con los oídos cubiertos (para no oír) y con los brazos truncos (para no detener a los ricos, porque el milagro lo hacen los peones con los pobres). (pág. 43).
La reproducción de las caricaturas es casi un milagro de nitidez, lo que sugiere buena conservación, ya que Silvera las vendía a periódicos nacionales. Idea de editar esas caricaturas en forma de libro, más su título de "Memorias de un caricaturista" resultan un definitivo acierto. Podríamos extendernos en adicionales consideraciones importantes y justicieras, pero no hay más espacio que el dedicado a terminar este artículo con la referencia que continúa.
A todo lo excelente y acertado de la obra, que ya hemos señalado, se agrega el Prólogo que elabora, con su proverbial versación cultural e intelectual el distinguido poeta y académico de la lengua don Demetrio Fábrega, que escribe con toda propiedad sobre la trascendencia de la caricatura, sobre su contenido crítico y sobre "el anillo al dedo" que representan estas memorias caricaturizadas, como retrato fiel y agrio a la vez de un pasado, y como testigo en desconcierto de un presente, los cuales se empeñan en no rectificar sus anteriores y actuales culpas.
La buena caricatura es un arte pictórico difícil. No sólo exige dibujar muy bien, sino poseer igualmente especial agudeza de ingenio. Estar muy atento a la vida social y política del momento, es otro de sus pilares básicos. Y todos ellos los posee Silvera en grado superlativo. De ese triple talento innato dio precoces muestras nuestro amigo, pintor y caricaturista, extendiéndose a otros campos artísticos, habiendo nacido en Chiriquí en 1916. Pero el sesgo facial en el dibujo, que debe resaltar una característica llamativa del rostro del personaje o personajes caricaturizados, también es signo de dominio sin par en la obra silveriana.
El caricaturista debe pagarle un alto tributo a la realidad social del tiempo en que la caricatura se ubica, ya que ella eterniza un giro, un instante, una situación que el artista lleva al público y que es la cantera no muy abierta de sus creaciones, que él va exhibiendo de mano maestra. Escribir este artículo no es algo forzado para nosotros, pues somos contemporáneos del artista, conocimos sus caricaturas desde los años 30, así como las de 1951 a 1968, y las más recientes, ya que Silvera, como pintor de poderosa vocación, no ha renunciado al arte en sus días actuales, de avanzada edad, sino que, por el contrario, no deja de expresar con él su selecta personalidad y su gran talento para la pintura.
Además, la caricatura, la buena caricatura, lleva su mensaje crítico, desde la sátira hasta la censura acre y mordaz. Para la persona joven de hoy, o que está en los primeros tiempos de adulto, numerosas muestras de las caricaturas de Lolo (su nombre familiar y de amistades), satisface a plenitud tales exigencias, que en el artista nato, resultan espontáneas y de poca común facilidad. Don del cielo que gozamos en la tierra.
La selección más nutrida de la colección de Silvera se extiende a la época de las dictaduras policíacas que hemos padecido en Panamá, aunque como se trata de "memorias" no faltan las de otros tiempos también "propicios y felices", porque provocan la inspiración que ensalzamos.
Con esta nueva visita a numerosas caricaturas, que en parte ya conocíamos, hemos comprobado que el arte no envejece ni desaparece, pues hemos podido revivir lo que produjeron en nosotros las caricaturas hoy "memorizadas", confirmando la excelencia que le atribuimos ayer y le reiteramos hoy, a la caricatura silveriana, un modelo y un ejemplo para otros, si hay quienes comparten la calidad de sus creaciones, que a veces nos exaltan con grata e incontenible risa o que nos permiten recordar profundos, graves pasajes políticos.
También llaman la atención las unidades que tienen una motivación que cubre el tiempo pasado y la actualidad reiterada de hoy, como es el caso de la representación de la Justicia panameña, vendada (para no ver), con los oídos cubiertos (para no oír) y con los brazos truncos (para no detener a los ricos, porque el milagro lo hacen los peones con los pobres). (pág. 43).
La reproducción de las caricaturas es casi un milagro de nitidez, lo que sugiere buena conservación, ya que Silvera las vendía a periódicos nacionales. Idea de editar esas caricaturas en forma de libro, más su título de "Memorias de un caricaturista" resultan un definitivo acierto. Podríamos extendernos en adicionales consideraciones importantes y justicieras, pero no hay más espacio que el dedicado a terminar este artículo con la referencia que continúa.
A todo lo excelente y acertado de la obra, que ya hemos señalado, se agrega el Prólogo que elabora, con su proverbial versación cultural e intelectual el distinguido poeta y académico de la lengua don Demetrio Fábrega, que escribe con toda propiedad sobre la trascendencia de la caricatura, sobre su contenido crítico y sobre "el anillo al dedo" que representan estas memorias caricaturizadas, como retrato fiel y agrio a la vez de un pasado, y como testigo en desconcierto de un presente, los cuales se empeñan en no rectificar sus anteriores y actuales culpas.