Los 26 años de la UTP
Criticar la educación nacional a todos los niveles es cosa tan natural, que nos causa satisfacción hacer una excepción notable a propósito de los 26 años de existencia de la que hoy es, de lejos, el mejor centro de enseñanza superior del país, ejemplo cimero y faro indiscutible que ha de guiar al resto de las universidades públicas y particulares de nuestro país.
En tan poco tiempo, a base de seriedad y tesón de todos sus rectores, se ha colocado en el sitial máximo entre sus pares. Nada la ha desviado de su propósito de perseguir la excelencia tanto de la enseñanza que imparte como de su estudiantado. Las pruebas de admisión son estrictas y rigurosas. A la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP) no ingresa quien quiere, sino quien puede. Y no hablamos de recursos, sino de talento, capacidad y vocación de estudio. Allí, hasta ahora, ha prevalecido el principio de autoridad y la sapiencia, no a la politiquería. No hay lugar para los "estudiantes profesionales" ni para el paternalismo que baja los estándares de calidad para hacer espacio inmerecido a los mediocres.
Es la única universidad del país que ha incorporado los sistemas de evaluación de calidad con que se evalúan los mejores centros de estudios superiores del continente. Es la única que lleva estadísticas que registran la calidad del egresado de enseñanza media de los colegios públicos y particulares, aunque no revele sus resultados para no incomodar. Es el único centro acreditado para evaluar grandes proyectos, probar materiales, el estado y la ejecución de obras. Ha llevado adelante proyectos de alta tecnología, como la utilización de energía solar en áreas de difícil acceso; ha creado los cursos de maestría y post-grado más prestigiosos, batiendo todos los estándares de la Agencia Centroamericana de Acreditación de Programas de Ingeniería y Arquitectura. Y en los últimos tiempos, ha ido más lejos, alcanzando alturas impensables para muchos, como es el caso de la evaluación del proyecto de ampliación del Canal y de las obras de modernización del Aeropuerto de Tocumen, entre otras.
Cuenta, asimismo, con uno de los más modernos laboratorios de computadoras del país y con un Centro de Investigaciones Tecnológicas envidiable, que promueve seminarios y la divulgación de conocimientos en su ramo, incluyendo la industria de construcción, desde el empleo de materiales y tecnología de punta, hasta detalles pequeños como la técnica de la correcta colocación de mosaicos sobre losas que se contraen y expanden, a riesgo de levantar pisos, con costosas pérdidas. En fin, trátese de pequeñas obras sociales como las de los PRODEC o más complejas como la utilización de energía térmica, la Universidad Tecnológica de Panamá sigue aportando al crecimiento de Panamá.