Los abejorros de cuello blanco
Las excesivas consideraciones y juridicismos en torno de los delitos de cuello blanco lejos de propiciar un sistema de defensa de los derechos de los ciudadanos, como tantas veces se afirma, lo que en verdad crea es una doble balanza de la justicia: de un lado la balanza que penaliza sistemáticamente los delitos de los pobres, y del otro la que se muestra complaciente y condescendiente con los delitos de los ricos.
Los delitos comunes y los delitos de cuello blanco son objeto de un tratamiento procesal distinto, y también de un diferente tratamiento policial y penitenciario. Las redes del control social se tejen en una trama densa para luchar contra los delitos comunes, pero las tramas se agigantan para dejar impunes los delitos de los delincuentes de cuello blanco. Los delincuentes de cuello blanco suscitan miedo y admiración, entre muchos funcionarios, políticos e incluso medios, que aún más, llegan a tener homogeneidad cultural con estos "distinguidos" delincuentes, pues temen perder prebendas presentes y futuras. Así los grupos poderosos obtienen inmunidad e impunidad gracias al status social alto que los libra de la ley.
Existe un sentimiento desorganizado de la población hacia los delitos de cuello blanco. La gente no se siente víctima de un ataque directo en los casos de delito de cuello blanco, a diferencia de los casos de delincuencia común, y muchas veces al público le es difícil entender y digerir los delicados vericuetos de la acción criminal de los delincuentes de alto nivel, e incluso los medios de comunicación tienen dificultad de vender el delito de cuello blanco como noticia.
Las corporaciones transnacionales arguyen que ellas no pueden cometer delitos, pues, al no tener mente ni alma, ni poseer intención criminal. En casos de soborno, las casas matrices multinacionales se limpian de responsabilidad con las subsidiarias, y en ultima instancia muchas son sólo penalizadas -las pocas veces que esto ocurre- con multas. En cambio, el efecto del soborno es devastador, ejemplo, el caso reciente de ex Presidente y ex Secretario General de la OEA, Miguel Angel Rodríguez.
La globalización catapultó el mercado y la economía, en especial financiera, y de servicios, sumado a las nuevas tecnologías, las redes de información e informatización, lo que intensificó y aceleró los intercambios mercantiles, ahora más expuestos a las irregularidades y las actividades al margen de la legalidad.
Pero hoy conocemos mejor la mecánica que facilita la impunidad de los delincuentes de cuello blanco. "Los grandes procesos de estos delincuentes presentan la apariencia de la singularidad que les otorga el prestigio social del acusado pero en realidad no pueden ser más repetitivos y rituales. En un primer momento el presunto delincuente, cuando se produce la orden de detención, se declara inocente y víctima de una maquinación. Como se creen situados en el centro del mundo confunden su caída con la caída del mundo. Unos, los más débiles, formulan en voz alta el chantaje: si me detienen tiraré de la manta. Otros, los que cuentan con más apoyo, guardan un significativo silencio. Saben que sus amigos no cesan de actuar en la sombra" (Fernando Álvarez-Uría)
En Panamá estos conceptos quedan como anillo al dedo. La corrupción y el delito de cuello blanco ha caminado por la sombra, encubiertos por redes de tráfico de influencia y clientelismo, comprando conciencias y cuestionando la existencia de la necesaria igualdad de los ciudadanos ante la ley, base del estado de derecho.
¿Cuándo les caerá la mano dura a los grandes intereses que históricamente han amparado y protegido los grandes negociados públicos y privados? ¿Cómo combatir mejor la corrupción internacional? ¿Cómo prevenir para que no ocurra?
(raulleisr@hotmail.com)