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Los anarquistas


En Panamá tenemos un pequeño grupo, afortunadamente pequeñísimo, pero sumanente escandaloso con una retórica altisonante al cual medios de comunicación y alguno que otro radiocomentarista le da un protagonismo que no debían tener, ni se merecen: los anarquistas. La mayoría de ellos son figuras viejas, muy desgastadas por sus numerosos fracasos, que se escudan en toda clase de comités con nombres llamativos. El negativismo es su norte, van contra todo y contra todos. Ahora que tenemos plena soberanía sobre todo nuestro territorio y solo una bandera ondea sobre él, ya están preparado sus nuevas acciones para afectar las buenas relaciones que debemos mantener con los EEUU, país al que ellos quisieran que desapareciera de la faz de la tierra. Le están dando al Tratado de Neutralidad una interpretación que ni los más radicales norteamericanos han hecho. No les interesa la opinión de quién firmó el Tratado, el Presidente Carter por clara que ella sea y que la misma corresponde a nuestro mejores intereses, ni la de distinguidos internacionalistas panameños, que han explicado hasta la saciedad que EEUU no puede unilateralmente intervenir en la defensa del Canal a menos que Panamá lo solicite si él estuviera en peligro por una conflagración mundial.
El Tratado de Neutralidad ha sido firmado por la inmensa mayoría de los países usuarios de la vía interoceánica y de manera muy especial por Rusia, Vietnam y China.
Estos países jamás avalarían un tratado que le diera a EEUU una posición de privilegio de poder actuar unilateralmente e intervenir en Panamá, tesis que equivocadamente esgrimen unos pocos. Además, siendo realistas, ¿qué potencias de primer orden, pregunto yo, para defender sus intereses que ellos consideren que se encuentran en peligro han necesitado de un tratado para intervenir en algún país? La historia es reciente y nos indica que no lo han hecho. Los EEUU cuando invadieron Panamá el 20 de diciembre de 1989, no invocaron ningún tratado de neutralidad. Fue una acción de hecho y punto. Otras grandes potencias han actuado en igual forma en diversas ocasiones; acciones éstas, por supuesto, muy censurables y condenadas por quienes creemos en la vigencia del derecho y no en la arbitrariedad de cualquier país.
La mayor seguridad de Panamá contra una intervención foránea no nos la dará un tratado, sino el respeto que la sociedad de naciones tenga de nosotros. Hay muchos países pequeños como Suiza o Costa Rica, entre otros, que gozan de gran autoridad moral en el mundo entero y que son inmunes, por ese respeto, a cualquiera invasión territorial.
Si la oposición al Tratado de Neutralidad que esto grupos emprenden le fracasa, por falta de respaldo y de justificación, debemos estar atentos a ver con qué nos vienen después. Ellos tienen que buscar alguna una nueva campaña que les permita seguir dividiendo a nuestra sociedad; no pueden dejar de cerrar calles, hacer tranques y crear desórdenes, pues esa es su manera de ser, es la única forma, como equivocadamente piensan, que deben actuar para mantener cierto protagonismo.
Los anarquistas, con su negativismo permanente, han impedido la unidad del movimiento obrero. La mayoría de estos dirigente son sindicalistas serios con una trayectoria de luchas por el mejoramiento de las condiciones laborales de sus afiliados.
Sus protestas no se compaginan con la violencia con que este pequenísimo grupo siempre acompaña sus acciones. Los primeros buscan la participación y por lo general, negocian sus reclamos, la mayoría de las veces, con éxito. Los otros quieren siempre la confrontación.
Hoy, cuando hemos asumido la plena soberanía en todo nuestro territorio, el mundo nos observa con una gran lupa, por lo que debemos proponernos que ciertas acciones de estos elementos anárquicos no afecten la visión correcta que la comunidad internacional debe tener de nosotros, como un país de orden, de respeto, con plena vigencia democrática y de una capacidad amplia para administrar eficientemente el Canal.
Los grandes beneficios económicos de Panamá no están en la utilidad que pueda producir el Canal en sí. Esos beneficios inmensurables están en el desarrollo comercial de las áreas ribereñas de él. Los EEUU jamás explotó las mismas comercialmente; su criterio, en cuanto a ellas, era estrictamente de carácter militar. Para lograr los beneficios a que tenemos derechos del tránsito de la vía acuática y sus áreas colindantes, que aliviarían en gran medida nuestra gran pobreza, se necesita que inversionistas extranjeros las desarrollen. Nosotros, lamentablemente, no tenemos los recursos para hacerlo. Esos inversionistas sólo vendrán a nuestro país si dejamos de actuar con criterio pequeño y egoísta y pensamos que el futuro y la bonanza de Panamá está en nuestras manos y en nuestro comportamiento. Es en el sistema democrático, donde impera el sentir de las mayorías y no en la anarquía, donde radica nuestra mayor fuerza y cómo logremos el reconocimiento y el respeto de los usuarios del Canal. Allí radica nuestra seguridad.

101 años de Panamá América

 
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