Los aportes del canal
El Panamá América ha publicado unos llamativos reportajes sobre cómo debe el Estado panameño disponer de los fondos que recibe de la administración de la Autoridad del Canal de Panamá. Prominentes personalidades de la administración canalera, del gobierno, y ex miembros de gabinete del gobierno anterior han respondido a entrevistas sobre el tema.
La manera como el gobierno actual debería distribuir dichos fondos, que para el año 2002 se anuncian en unos 220 millones de dólares (US$220,000,000), debería merecer serio análisis y atención. Si el gobierno quiere manejar los asuntos del canal como política de Estado, no parece lógico que los fondos provenientes de su operación se asignaran cada año de manera improvisada. Corresponde a una sensata política de Estado institucionalizar progresivamente el país.
Si no jerarquizamos las grandes tareas nacionales, si no establecemos prioridades en cuanto a nuestro desarrollo socioeconómico, no seremos una verdadera nación. Seríamos un conglomerado humano sujeto a los vaivenes de los políticos y de los grupos de intereses, cuyas visiones son distorsionadas y aberrantes. Además sus acciones y decisiones son deshilvanadas y mezquinas. Me parece lógico que el Estado empiece cuanto antes a asignar un porcentaje adecuado a los rubros de la educación y de la salud.
Educación. Un país con más de dos mil kilómetros de costas, que bañan los dos más grandes océanos del globo y una vía interoceánica por la que circulan cerca de quince mil barcos anualmente debe ser líder mundial en el aspecto marítimo.
He promovido desde hace años la creación de un Centro de Observaciones y Experimentaciones Hidráulicas, Oceanográficas y Ecológicas. Este centro empezaría por resolver las discrepancias sobre la bondad o fallas de los componentes básicos de las principales alternativas del canal de manera incontroversible, crecería, diversificando sus tareas para hacerlo mayormente rentable turísticamente. La iniciativa del Museo de Dos Océanos, que se proyecta en Amador, podría formar parte sofisticada de sus alcances.
La Escuela Náutica debe convertirse en un gran centro de investigación no sólo de las tecnologías de navegación, sino del estudio de los fenómenos oceánicos. Estas investigaciones deben incluir corrientes, mareas, olas, flora y fauna marinas, cartografía, prospección de los suelos oceánicos y sondeos marinos y fluviales.
Hay que ir dotando dicha Escuela Náutica de los diversos tipos de embarcaciones para la realización de los estudios anteriores. Los pilotos y oficiales panameños deben alcanzar un progresivo porcentaje en la conformación de las tripulaciones de las naves que ostentan nuestra bandera, no sólo los marinos. Salud. Los porcentajes de los fondos canaleros deben garantizar los ingentes trabajos de provisión de agua de alta calidad para el consumo urbano y la disposición y descontaminación de las aguas servidas.
El diario clamor por las innúmeras que solicitan el vital líquido habla por sí sólo que esta misión corresponde primordialmente al Estado. No puede pensarse en una entidad explotadora del elemento que da vida y salud a nuestros hermanos, negándose este servicio a los que no pueden pagarlo. Las aguas que revierten a los lagos no pueden ir contaminadas con químicos y substancias tóxicas. ¿Permitiríamos que una industria minera vaciase los compuestos mercuriales, los ácidos para tratamiento de metales que podrían destruir la vida lacustre y mermar nuestra salud?
Nuestra bahía se ha convertido poco menos que en un foso séptico de alta contaminación, igual que nuestro aire urbano se encuentra cargado con dosis excesivas de plomo no tolerables por países del primer mundo. Esto dañan los cerebros de nuestros niños manteniéndolos como entes de un submundo colonial, incapaces para las grandes creaciones intelectuales y tecnológicos de las potencias mundiales.
¿Por qué tenemos que recurrir a Holanda, un país con la mitad de nuestro territorio, su mayor parte reclamado al mar mediante diques y canales, para que nos demuestre que existen corrientes marinas en nuestras cosas?
Los aportes del canal no pueden emplearse indiscriminadamente, con la improvisación que ha caracterizado muchas de las inversiones nacionales.
La manera como el gobierno actual debería distribuir dichos fondos, que para el año 2002 se anuncian en unos 220 millones de dólares (US$220,000,000), debería merecer serio análisis y atención. Si el gobierno quiere manejar los asuntos del canal como política de Estado, no parece lógico que los fondos provenientes de su operación se asignaran cada año de manera improvisada. Corresponde a una sensata política de Estado institucionalizar progresivamente el país.
Si no jerarquizamos las grandes tareas nacionales, si no establecemos prioridades en cuanto a nuestro desarrollo socioeconómico, no seremos una verdadera nación. Seríamos un conglomerado humano sujeto a los vaivenes de los políticos y de los grupos de intereses, cuyas visiones son distorsionadas y aberrantes. Además sus acciones y decisiones son deshilvanadas y mezquinas. Me parece lógico que el Estado empiece cuanto antes a asignar un porcentaje adecuado a los rubros de la educación y de la salud.
Educación. Un país con más de dos mil kilómetros de costas, que bañan los dos más grandes océanos del globo y una vía interoceánica por la que circulan cerca de quince mil barcos anualmente debe ser líder mundial en el aspecto marítimo.
He promovido desde hace años la creación de un Centro de Observaciones y Experimentaciones Hidráulicas, Oceanográficas y Ecológicas. Este centro empezaría por resolver las discrepancias sobre la bondad o fallas de los componentes básicos de las principales alternativas del canal de manera incontroversible, crecería, diversificando sus tareas para hacerlo mayormente rentable turísticamente. La iniciativa del Museo de Dos Océanos, que se proyecta en Amador, podría formar parte sofisticada de sus alcances.
La Escuela Náutica debe convertirse en un gran centro de investigación no sólo de las tecnologías de navegación, sino del estudio de los fenómenos oceánicos. Estas investigaciones deben incluir corrientes, mareas, olas, flora y fauna marinas, cartografía, prospección de los suelos oceánicos y sondeos marinos y fluviales.
Hay que ir dotando dicha Escuela Náutica de los diversos tipos de embarcaciones para la realización de los estudios anteriores. Los pilotos y oficiales panameños deben alcanzar un progresivo porcentaje en la conformación de las tripulaciones de las naves que ostentan nuestra bandera, no sólo los marinos. Salud. Los porcentajes de los fondos canaleros deben garantizar los ingentes trabajos de provisión de agua de alta calidad para el consumo urbano y la disposición y descontaminación de las aguas servidas.
El diario clamor por las innúmeras que solicitan el vital líquido habla por sí sólo que esta misión corresponde primordialmente al Estado. No puede pensarse en una entidad explotadora del elemento que da vida y salud a nuestros hermanos, negándose este servicio a los que no pueden pagarlo. Las aguas que revierten a los lagos no pueden ir contaminadas con químicos y substancias tóxicas. ¿Permitiríamos que una industria minera vaciase los compuestos mercuriales, los ácidos para tratamiento de metales que podrían destruir la vida lacustre y mermar nuestra salud?
Nuestra bahía se ha convertido poco menos que en un foso séptico de alta contaminación, igual que nuestro aire urbano se encuentra cargado con dosis excesivas de plomo no tolerables por países del primer mundo. Esto dañan los cerebros de nuestros niños manteniéndolos como entes de un submundo colonial, incapaces para las grandes creaciones intelectuales y tecnológicos de las potencias mundiales.
¿Por qué tenemos que recurrir a Holanda, un país con la mitad de nuestro territorio, su mayor parte reclamado al mar mediante diques y canales, para que nos demuestre que existen corrientes marinas en nuestras cosas?
Los aportes del canal no pueden emplearse indiscriminadamente, con la improvisación que ha caracterizado muchas de las inversiones nacionales.